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Noticias Mensuales Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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Construir la paz está en el corazón de nuestra misión Del 4 al 11 de septiembre, muchos sectores del país multiplicarán reflexiones y actividades en torno a la paz. Se quiere sensibilizar, educar, disponer, convocar, modificar actitudes y movilizar al país para extirpar todas las formas violentas de interacción entre los colombianos. Los jesuitas, y los hombres y mujeres integrados a la acción de la Provincia, no podemos ser indiferentes ante esta movilización. Imperiosas razones históricas y apostólicas nos impulsan a participar en ella. Históricamente, la Semana por la Paz tiene su origen en el Programa por la Paz de la Compañía de Jesús. La iniciativa surgió allí y se realizó en cooperación con otras organizaciones sociales para aclimatar una cultura de paz, objetivo fundamental del Programa. Posteriormente, la iniciativa se dejó en manos de otras organizaciones, entre las cuales, la Iglesia católica y, en particular, la Conferencia Episcopal, tienen un liderazgo particular. Apostólicamente, la paz hace parte de nuestra fe y misión. En todas sus dimensiones personales y sociales, la paz es una característica de los tiempos mesiánicos; así lo señalan los profetas y así lo indica el Evangelio, al hablar de Jesús. En la liturgia decimos: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Dios ama a todos y por todos Jesucristo ha dado su vida. Si San Ireneo enseñó que la Gloria de Dios es que el hombre viva, la liturgia de la Iglesia enseña que la Gloria de Dios en el cielo es también la paz entre los hombres en la tierra. Buscar la mayor gloria de Dios es trabajar por la mayor y más real paz entre los hombres. Por eso, la búsqueda de la paz debe ser un contenido esencial de nuestros ministerios y obras apostólicas. El proyecto apostólico de la Provincia recoge esta exigencia. La paz es don de Dios y tarea de los seres humanos. Para los creyentes, Dios es la fuente de la paz, pero, así mismo sabemos que son “bienaventurados los que trabajan por la paz porque Dios los llamará hijos suyos” (Mt., 5: 9). No hay y no puede haber, entonces, obra apostólica de la Provincia, ni director de obra, que se desentienda de esta misión de formar, animar y construir vías para alcanzar la paz. En lo personal, la paz es fruto de la reconciliación consigo mismo, con los demás y con Dios; ella se manifiesta en las relaciones humanas construidas respetuosa y amablemente y en una actitud de diálogo para superar los inevitables conflictos de la vida cotidiana. En lo social, político y económico, la paz es fruto de la justicia, el perdón, el diálogo y la solidaridad; en un país como el nuestro, construir la paz supone erradicar todas las múltiples formas de violencia presentes en la sociedad, especialmente la guerra interna que por décadas ha conducido a la muerte, o a la discapacidad de muchos compatriotas, y ha frenado el desarrollo económico, social y cultural de toda la nación. La Semana por la Paz no puede ser apenas una semana. La mística y los sueños que animan este tiempo de reflexión e intercambio sobre la paz tienen que traducirse en sucesivas semanas y años de iniciativas y diálogos para construir, día a día, una convivencia pacífica que irradie la soberanía de Dios en todos los corazones.
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