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In Memoriam Ignacio León: el Párroco
de la cuarentena
Enrique
Herrera, S.J. Oriundo
de Túquerres, en el departamento de Nariño, Ignacio León vio la luz del
mundo un sábado 8 de mayo de 1922. A los 14 años se viene con otros compañeros
a estudiar en la Escuela Apostólica de Albán y en el mes de noviembre del
38 ingresa al Noviciado de Santa Rosa de Viterbo para comenzar su vida
religiosa en la Compañía de Jesús. Después de emitir los votos del
bienio y culminar sus estudios de retórica, pasa luego al Colegio Máximo
de María Inmaculada en Bogotá e inicia el año de Ciencias, luego los tres
años de filosofía y en enero de 1949 lo destinan
al Colegio de San Ignacio en Medellín como maestrillo o subprefecto
de los alumnos mayores. Al culminar esta etapa de formación jesuítica sus
superiores lo destinan de nuevo para iniciar sus estudios de teología en el
Colegio Máximo. La ordenación sacerdotal tiene lugar el 3 de diciembre de
1954. Terminado el cuarto año de teología pasa a Santa Rosa de Viterbo
para realizar allí el año de Tercera Probación. Al finalizar esta etapa
en “la escuela del afecto”, recibe el destino como MISIONERO EN LA MISIÓN
DEL RIO MAGDALENA en donde pasaría gran parte de su vida religiosa y
sacerdotal. El
primer cargo que desempeña es el de Prefecto de los alumnos del Seminario
Menor en la ciudad de Barrancabermeja. Los fines de semana se desplazaba
Ignacio con un grupo de seminaristas para dar catecismo en una explanada y
allí Doña Dioselina los acoge con cariño en su casa y les prepara una
limonada con un roscón. Con el correr del tiempo aquel lugar sería el
centro de lo que hoy es el Barrio Palmira. La gente se fue entusiasmando
hasta proponerle al padre Ignacio que construyera una especie de galpón
para que los niños se guarecieran de los rayos inclementes del sol. Fue
entonces cuando el padre Antonio Silva, quien también trabajaba en aquel
momento en el Seminario, tuvo la iniciativa de rifar un chivo para recoger
fondos y empezar la construcción de la actual Iglesia de Nuestra Señora
del Carmen. A los dos años de trabajar Ignacio León como Prefecto de los
Seminaristas, es nombrado Párroco de la incipiente Parroquia del Barrio
Palmira en enero de 1959. A
punta de bazares, rifas, donaciones y mingas, fueron levantando paredes,
vigas, techos, puertas, consiguiendo bancas, hasta ver terminado el Templo y
la Casa Cural. A partir de ese momento, la Parroquia de Nuestra Señora del
Carmen, su gran devoción, es la Parroquia de las puertas abiertas. Los jóvenes,
los vecinos, hasta los pícaros y malintencionados entraban y salían a la
Casa Cural como Pedro por su casa. De
todos los vicarios parroquiales que pasaron por esta parroquia el que más
tiempo lo acompañó y con quien se las entendió a las mil maravillas fue
con nuestro inolvidable Lucho de la Espriella. De las muchas anécdotas que
podríamos contar de este gran apóstol, amigo y hermano, nuestro
desaparecido Ignacio, se me viene en este momento a la memoria una de las
veces que sus superiores quisieron quitarlo del cargo de párroco. Corría
el año de 1979 y le estábamos celebrando sus veinte años de labor
parroquial cuando le llega la orden del padre provincial de dejar la
parroquia por insinuación del señor obispo. Había que ver la cara de
Ignacio toda desencajada, sus ojos bañados en lágrimas, parecía que le
hubieran clavado un puñal en el corazón. Para consolarlo, le hicieron toda
clase de ofertas: “Ignacio, a dónde quieres ir a trabajar, a un colegio,
a una parroquia, a una residencia….?
Le parecía que estaba soñando. ¡Qué duras las pruebas que manda
el Señor! Ya le habían puesto reemplazo en la parroquia cuando sus colegas
los sacerdotes diocesanos se solidarizaron con Ignacio y fueron varios de
ellos al señor obispo y le dijeron que a Ignacio no lo reemplazarían ni
con tres jesuitas que mandaran. El Señor escuchó los gemidos de su siervo,
el señor obispo revocó la orden e Ignacio volvió a tomar las riendas de
la parroquia otros veinte años más, cuando el actual obispo, en forma muy
discreta le dice: “Padre Ignacio, ya usted está bastante entrado en años,
hemos pensado relevarlo del cargo para poner a un sacerdote más joven”.
Aquí no había nada que hacer. Ignacio, en la Misa de despedida, con el
templo a reventar y el señor obispo presente, en su improvisada homilía se
dirige a la Virgen del Carmen y le dice: “Virgencita, pues, allí te
entrego las llaves de la Parroquia” y le lanzó el manojo de llaves de la
parroquia y la casa cural. Terminada la Eucaristía y sin despedirse de sus
adorados feligreses que todavía lamentan su ausencia, se vino para el
Colegio de San Pedro Claver en donde pasó sus últimos seis años,
esparciendo el buen olor de Cristo y llevando el consuelo a todas las
personas que lo apreciaron y que hoy lloran también su ausencia. Homilía
en la Misa Exequial del Padre Antonio Calle Restrepo, S.J.
Monseñor
Flavio Calle. Iglesia de San
Ignacio, Bogotá, Febrero 17 de 2006. (Se
recogen los puntos desarrollados pero sin equivalencia estricta con lo
pronunciado porque no se llevaba texto escrito). La
Palabra de Dios es luz que ilumina todos los momentos y acontecimientos de
nuestra vida, aún los más llenos de misterio como el dolor y la muerte. La
sola luz de la razón nos deja ante ellos como frente a un muro o en un
callejón sin salida. Tratemos entonces de leer la muerte de nuestro amado
Padre Antonio Calle Restrepo desde los textos que acaban de ser proclamados,
2Cor 4,16-5,10 y Jn 12, 23-26. Cristo
Resucitado tiene «el poder de resucitar»; en ese poder se fundamenta y
anima nuestra esperanza. Dice San Braulio de Zaragoza que en Cristo «reside
el máximo poder de resucitar a los muertos con más facilidad que nosotros
despertamos a los que duermen» (Carta 19.PL 80 865) Por el mérito de esta
celebración eucarística pedimos a Dios que conceda el don de la resurrección
al Padre Antonio. Así la tristeza de su partida se trocará en alegría
eterna para él y en gran consuelo para nosotros. Es
normal que nos interroguemos sobre la resurrección, qué es y cómo se
realiza. Es inútil pretender explicarlo con nociones nuestras: Se trata de
un hecho del poder de Dios; del orden de una nueva creación y no de una
evolución o mutación. San Pablo es maestro en resurrección y parte del
hecho de la resurrección de Cristo al afirmar que si Cristo no resucitó
vana e inútil es nuestra fe. En
el texto proclamado San Pablo nos explica con abundantes figuras y
expresiones el morir en la tierra para resucitar en el cielo. Dice que «aún
cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va
renovando de día en día» (2Cor 4,16) «Sabemos que si esta tienda, que es
nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios:
una morada eterna no hecha por mano humana, que está en los cielos» (2 Cor
5,1) Nuestra «tienda» es el cuerpo que, lo vemos y sentimos a cada
instante, se va desgastando. El nuevo «edificio» o «morada eterna» se
refiere al cuerpo resucitado que no es de hechura humana sino «hechura de
Dios», una nueva creación. Nada más deseable entonces que «ser
revestidos de nuestra habitación celeste» (v 2) En
plegaria unánime toda esta asamblea pide a Dios para el Padre Antonio que,
dejado en la tierra lo corruptible le conceda una nueva condición
incorruptible, que lo sembrado en vileza resucite en gloria, que su
debilidad sea transformada en fortaleza, que «su cuerpo natural» resucite
«cuerpo espiritual». Esto es lo que pedimos para nuestros hermanos
difuntos al despedirlos de este mundo. Deseamos para ellos que al cerrar el
capítulo de lo transitorio y entrar en lo que es eterno, pasen de «hombres
terrenos» a «hombres celestiales». Esta pascua verdadera y definitiva los
hará semejantes a Cristo resucitado, anhelo supremo que alcanzarán cuando
lo vean tal cual es en el esplendor de su gloria. El
texto de San Juan 12, 23-26 nos enseña que Cristo Jesús es el Trigo
Bendito que cayó desde el cielo en la tierra del dolor, de la Cruz y de la
muerte. Ese Trigo ha criado brotes de redención y ha germinado la espiga
dorada del Señor Resucitado. Todos nosotros estamos llamados a ser trigo
santo de Dios y a morir hundidos en la tierra, negándonos a nosotros
mismos, tomando cada día nuestra cruz, con la esperanza de renacer espigas
para los graneros del Reino de Dios. Nos alienta el recuerdo de San Ignacio
de Antioquia quien pedía llegar a ser trigo molido por los dientes de las
fieras hambrientas del circo romano. El
Padre Toñito no protestó contra su eclipse y anonadamiento, sino que salió
al encuentro de la «hermana muerte» caminando y, como siempre, sonriente.
Se aproximó serenamente a la meta, con el alma llena de paz, con la
esperanza de saciar sus «ganas rabiosas» sentado al banquete del Rostro de
Dios. Toñito
fue trigo, espiga dorada que alegró los surcos de su familia y de la Compañía
de Jesús, grano que en la última etapa de su vida fue molido por la
enfermedad, el dolor y la muerte. Hoy lo ofrecemos junto al pan de esta
Eucaristía con la esperanza de que Dios lo encuentre fruto ya maduro para
el cielo. El
Padre Antonio derramó alegría durante su vida. Mientras más daba y esparcía
más alegría y bondad le brotaba del corazón. No es difícil saber por qué:
bebía paz y amor en la fuente inagotable que es el mismo Dios. Era un
ungido con «óleo de alegría» y de bondad, carismas que distinguen a
quienes llevan a Dios en el corazón. Siempre es grato abordar las personas
buenas y alegres porque son como templos vivos y ambulantes que llevan a
Dios en su interior. En
todo hijo de Dios hay brillo de perfección. Lo hay también en las
criaturas materiales y sin alma que conservan huella divina por el solo
hecho de pasar por las manos artesanas de Dios. Quien vive en gracia de Dios
es una lámpara encendida en este mundo a menudo invadido de tinieblas. El
sacerdote según el corazón de Dios, imitación viviente de Cristo, digamos
mejor «otro Cristo», no es una débil lamparita sino un alto faro en la
Iglesia y en la humanidad. No nos equivocamos al decir que Toñito dejó
escapar en el recorrido de su vida los reflejos de la luz de Dios. Al
despedirlo le pedimos a Dios, como es costumbre en nuestra oración por los
difuntos, que «brille para él la luz perpetua» en la cercanía de Dios. Finalmente
consideremos que no hemos perdido al amigo. Lo hemos ganado como embajador
en el cielo. Suplicamos que, perdonadas las culpas que como humano haya
tenido, Dios lo reciba como intercesor nuestro en su presencia. Sabemos bien
que gracias al admirable misterio de la Comunión de los Santos en los
bienaventurados se perfecciona la capacidad de amar y servir en el Señor a
todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y de manera particular a
su familia natural y espiritual. Desde el cielo, entonces, Toñito podrá
seguir nuestros pasos y sin duda alguna continuará ejerciendo con agilidad
de bienaventurado el refrescante carisma de la amistad verdadera que practicó
en la tierra. El
apóstol San Pedro (1 P 5,1-4) nos ilustra sobre el premio para los
sacerdotes que han apacentado a los fieles «según Dios... no por mezquino
afán de ganancia, sino de corazón... y siendo modelos de la grey». A la
luz de esta enseñanza pedimos al Supremo Pastor que nuestro amado Padre Toñito
sea contado entre los mencionados por el Apóstol, al decir: «Cuando
aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de gloria que no se marchita». Apostolado de la Oración Guatemala Condolencias 6
de marzo de 2006 P.
Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J. Bogotá,
Colombia Muy
estimado en Cristo P. Gabriel Ignacio: Ruego
al Corazón de Cristo que le bendigan y protejan siempre a la querida
Provincia y nación colombiana. Con gran dolor me he enterado de la marcha
del querido amigo Toño Calle a la Casa del Padre; se mitiga la pena con la
certeza de que tan especial compañero ya intercede por nosotros. Tuve
la suerte de tratar a Toño allá en Medellín, nos visitaba en
el barrio marginal de aquella tercera probación con el P. Miguel
Elizondo, recientemente fallecido. Tal vez pueda comunicarle usted a la
familia Calle Restrepo que un SJ centroamericano, nativo, les encomienda. Mucho
deseo visitar esa noble nación generosa tan sufrida en su búsqueda de
justicia y paz; nuestra Madre Santísima lo logrará de su hijo ¡en sus
Corazones confiamos! Cuente
Padre con mis oraciones, muchos recuerdos y afecto en Él de su hermano, Carlos
Valladares, S.J. Universidad
Javeriana – Bogotá
Exitoso Encuentro de Egresados Javerianos
Fue un día excepcional Más
de 7.000 personas llenaron las gigantescas carpas instaladas en el campo de
fútbol de la Universidad y a pesar de la lluvia y el frío, miles de
javerianos se concentraron en una jornada llena de sentimientos y alegría. *El
mensaje del Gran Canciller Peter Hans Kolvenbach, fue leído por el P.
Provincial Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J. Luego el saludo del P. Gerardo
Remolina V., S.J., rector de la Universidad. La presentación del Coro del
Departamento de Música, dirigido por el Maestro Alejandro Zuleta. La
presentación del grupo Tekeyé. El homenaje a Queen por parte del Grupo de
Rock y el coro de Cámara de la Carrera de Estudios Musicales, dirigido por
Alejandro Zuleta. Las rifas que contaron con la presencia de un javeriano:
Jorge Alfredo Vargas. El Stand Up Commedy a cargo de Camilo Cifuentes,
cerrando con la orquesta del Checo Acosta. Y de despedida: un espectáculo
multicolor de juegos pirotécnicos. «Era
impresionante contemplar las filas inacabables de automóviles y de personas
que bajo la lluvia llegaban sin parar y, luego, con un estoicismo
impresionante, seguían bajo sus paraguas el desarrollo del acto académico,
la interpretación vibrante y magistral de «Carmina Burana», o los
diversos programas que siguieron la ceremonia inaugural. Eran javerianos que
por diversos motivos no habían logrado encontrar un refugio bajo las carpas
preparadas para 7000 personas sentadas. 6300 habían sido registradas y habían
recibido su credencial; los demás fueron llegando al acto central en horas
más tardías y siguieron de pie los actos conmemorativos».*Del Editorial
de «Hoy en la Javeriana» El
Encuentro Javeriano revivió una esperanza
Gracias javerianos por esta inolvidable jornada.
Gracias por haber vuelto a casa. Gracias por su presencia y alegría en la
jornada. Gracias por acompañarnos. Oscar Mejía
Llano, S.J. El
25 de Marzo celebramos el Primer Encuentro de Exalumnos Javerianos que tenía
como motivación el conmemorar las Bodas de Diamante de la Restauración de
la Pontificia Universidad Javeriana y también los 500 Años del Nacimiento
de nuestro Patrono San Francisco Javier. En
los sentimientos recogidos de toda la Familia Javeriana y de sus Exalumnos,
fue todo un éxito y podría reafirmarlo al constatar que desde el principio
de su organización sentimos el apoyo incondicional y el trabajo unido de
Rectoría, Vice-Rectorías, Facultades, Empleados y Colaboradores. En
el recorrido durante estos dos
años por todas las Asociaciones Nacionales, Regionales e Internacionales se
percibía en el fondo una mística y un amor por el Alma Mater, y una gratitud perenne por la formación recibida.
Indudablemente Jorge Hoyos los marcaba con su presencia y con el impulso de
la Javerianidad. Reflexionando
sobre estos sentimientos comunes nació la idea de hacer un Encuentro a
fines del año 2004 que tuvo el respaldo incondicional de la Rectoría y sus
Vice-Rectores y desde Noviembre de 2004 comenzamos a trabajarlo como un sueño
que se fue haciendo realidad en un respaldo y en un equipo que inició su
trabajo con oficinas y con proyectos desde Febrero de 2005. María
Claudia Peñaranda, Comu-nicadora Javeriana, experta en la organización de
Encuentros y María Paola Aguirre, también Comunicadora Javeriana, fueron
las dos gestoras para organizar un Encuentro que después de muchos ires y
venires se hizo realidad. El
apoyo del Consejo directivo fue fundamental para la Rectoría. Así mismo
sentimos que el Consejo Académico y del Medio Universitario se sintieron
todos comprometidos en la organización del evento.
Todos pusieron su granito de arena para lograr el éxito y el poder
de convocatoria de la Universidad Javeriana. La
filosofía del evento estaba en atraer a los Javerianos a su Casa y por lo
mismo no se cobraba su inscripción, sino que impulsados por el recuerdo de
la Parábola del Retorno de Porfirio Barba Jacob, quisimos que todos los
Exalumnos volvieran a su casa, dejándolos entrar en ella y rememorar con
ellos el recuerdo del pasado. Queríamos
entonces que los Exalumnos salieran de su hogar el 25 de Marzo con la
despedida de esa Parábola “Señor, muy buenos días, Señora, muchas
gracias”. ¿Qué
impresiones inmediatas hemos tenido del Encuentro?, y la respuesta la
expresamos en los siguientes hechos: 1.
Indudablemente el poder convocatorio de la Universidad que llegó a
todos los rincones de la Patria y que hizo sentir las estrofas de nuestro
himno: “Del valle y la montaña, del mar y el altiplano, llegaste, Javeriano, a la conquista del saber. Mañana cuando luches En tu rincón lejano, A tu lado irá siempre un hermano, la misma sangre de Javier”. 2.
Se celebró con dignidad y altura las Bodas de Diamante de la
Restauración que el 1º. de Octubre del año pasado se iniciaron con una
Eucaristía solemne de acción de gracias en la Iglesia de San Ignacio. 3.
Se revivió el espíritu de Nuestro Patrono San Francisco Javier en
los 500 años de su nacimiento. 4.
Todas las Facultades obtuvieron una base de datos muy útil para el
trabajo futuro, pues fueron inscritos 11.314 Javerianos. 5.
Toda la Familia Javeriana se sintió comprometida en el Encuentro y
lo asumió como un reto propio para estar presente. 6.
El retorno de los Egresados a su Alma Mater se enalteció con los
abrazos de alegría que desde las 9:00 a.m. en adelante se veía en todos
los rincones de la Universidad, abrazos con el Rector y Vice-Rectores, con
sus Decanos, con sus Profesores de Facultad y más emocionante aún con los
Empleados de Servicio, ya que todos ellos estaban invitados como verdaderos
Javerianos. 7.
Indudablemente se revivió la mística por su Alma Mater, ver llegar
a los javerianos y Javerianas con paraguas, con una lluvia casi persistente,
y sin embargo, estaban cumpliendo una cita de gratitud y amor con su
Universidad. La lluvia no los espantó, sino que los invitó más a
solidarizarse con su Universidad. Asistieron
aproximadamente 8.000; la mayoría de ellos de Bogotá, pero hubo
Delegaciones de los rincones del país, de U.S.A y hasta de Europa. 8.
Impresionó a todos la compostura y la rectitud Javeriana. No hubo
ninguna nota desagradable, siempre respetaron la dignidad del Campus y lo
dejaron tan aseado y limpio como lo encontraron; inclusive ninguno quiso
llevar licor por considerarlo una ofensa a la generosidad y hospitalidad que
les proporcionó un refrigerio y excelente almuerzo. Finalmente
no dudamos que haber estado con los Directivos, Decanos,
Profesores, Colaboradores y los compañeros de adolescencia y
juventud, encendió la llama de la Javerianidad y hemos tomado conciencia de
que hay un potencial muy grande para unirnos en la construcción de una
Patria llena de valores evangélicos e ignacianos. 9.
Fue profundamente emotivo el momento en el que la Presentadora
mencionó el nombre de Alfonso Borrero Cabal, de inmediato un caluroso
aplauso se dejó sentir en toda la audiencia, se pusieron de pies y honraron
la figura de este gran gestor de la Universidad Javeriana como Rector.
Mensaje del Padre General y Gran Canciller , P.
Peter-Hans Kolvenbach, S.I.
Bodas de Diamante del restablecimiento de la Pontificia
Universidad Javeriana
Roma, 2 de junio de 2005 1.-
Introducción No
quiero dejar pasar esta importante fecha sin mandarles unas palabras de
felicitación: la Pontificia Universidad Javeriana está de parabienes al
celebrar sus bodas de diamante: el 1 de octubre de 1930 se firmaba el acta
del Restablecimiento de la Universidad de San Francisco Javier o Academia
Javeriana por iniciativa del P. Jesús María Fernández, Provincial de la
Compañía de Jesús en Colombia. La
Universidad de San Francisco Javier tiene una larga historia, pues fue
establecida el 13 de junio de 1623. Ese día la Audiencia y el Arzobispo
reconocieron el Breve Pontificio del Papa Gregorio XV (1621) y la Cédula
del Rey de España Felipe IV (1622)
que autorizaban para conceder grados universitarios al Colegio de la Compañía
de Jesús de Santa Fe de Bogotá. 2.-
Historia e identidad La
Universidad Javeriana del tiempo de la Colonia y la Universidad Javeriana de
hoy están ligadas íntimamente a la Compañía de Jesús, y por ella a la
Iglesia. Por eso reciben de ella su orientación fundamental y su mística
que constituyen factores esenciales de su identidad. En
el año 1938 se expresaba así el P. Félix Restrepo, quinto rector de la
restablecida Universidad Javeriana: “en una cosa están de acuerdo los
criollos estudiantes de la antigua Javeriana y los estudiantes modernos de
la Javeriana renacida. Unos y otros llevan en sus almas un mismo ideal y
buscan una misma meta… piensan en el porvenir de la patria, piensan en el
bienestar del pueblo, piensan en poner toda su personalidad al servicio de
una causa noble, al servicio de los ignorantes, de los oprimidos, de los
pequeños, de los desgraciados”. Desde
el comienzo la Universidad Javeriana no solo quería formar personas que
sobresalieran por la excelencia de su preparación académica de forma que
tuvieran la capacidad de defenderse exitosamente en sus vidas, sino que
sobre todo soñaba que quienes pasaran por las aulas de esta Universidad
y en ella se titularan fueran personas en las que habitara “la
Sabiduría”: Sapientia aedificavit Sibi Domum (Proverbios 9,1),
según reza el lema de la Universidad. Dios
con su Sabiduría es quien ordena todas las cosas de este mundo y quien
lleva adelante la historia según sus designios sabiendo incluso sacar
bienes del mal que realizamos los humanos. Para ello quiso necesitar de la
libre colaboración de hombres y mujeres, que destacando en “virtud y
letras”, vayan descubriendo la sabiduría que confiere armonía y
concierto al cosmos, y vayan realizando la historia de los hombres y de los
pueblos según los designios de Dios con un corazón sensato y fuerte. Este
ideal de la identidad Javeriana forjado en el siglo XVII –formar personas
que no solo almacenen conocimientos e información sino que adquieran
sabiduría- se refleja de nuevo en los últimos estatutos aprobados ya en
los albores del siglo XXI. En ellos se habla del servicio “a la comunidad
humana, en especial a la comunidad colombiana” procurando la instauración
de “una sociedad más civilizada, más justa y más culta, inspirada en
los valores del Evangelio”. 3.-
El magis ignaciano, secreto del dinamismo de estos 75 años La
Sabiduría de la que habla el lema de la Universidad no es solo claridad
sino también fuerza que va llevando el mundo y la historia hacia su
realización. El
secreto último del dinamismo que ha mostrado la Universidad Javeriana estos
últimos 75 años queremos ponerlo en la misma fuerza de Dios que es la que
impulsa uno de los rasgos más típicos del espíritu de la Compañía de
Jesús: el Magis Ignaciano. La fuerza para el bien no es solo una
fantasía que aparece en las películas de ciencia ficción tan de moda hoy,
sino que es una realidad que experimentamos en nuestras vidas. Esa es dinámica
interior que nos impulsa a buscar siempre lo mejor, a no cansarse a pesar de
los años, a no quedarse nunca satisfechos sino buscar siempre una realización
mejor. Esto
se puede ver a lo largo de estos 75 años en los que la Javeriana ha
mostrado un dinamismo extraordinario. En la década de los treinta nace la
Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas gracias al empeño del P. Jesús
María Fernández, artífice del restablecimiento de la Universidad. Le
siguen las Facultades de Filosofía y de Teología, estas últimas
constituidas en Facultades Eclesiásticas. De esta forma, la Santa Sede
erige canónicamente la Universidad y le confiere el título de Pontificia. A
estas Facultades que habían existido en tiempos coloniales, se unieron
otras con el paso de los años hasta llegar a conformar el amplio horizonte
académico que hoy ofrece la Universidad en todos los campos del saber.
Merece destacarse la labor pionera adelantada por la Universidad en los
estudios interdisciplinarios y en las modalidades de educación abierta y a
distancia, y de educación continua. Y esto sin hablar de las
construcciones, del crecimiento y modernización de la Biblioteca, del número
y la calidad de sus publicaciones y revistas, de un sin fin de actividades
culturales, deportivas y pastorales. Se
trata de un dinamismo tan extraordinario que cabe preguntarse si el aumento
en cantidad y en números no daña la calidad del servicio que se quiere
prestar a las personas de los estudiantes y al mismo país. El riesgo es
real. Y en la celebración de este aniversario podemos preguntarnos: ¿Ha
bajado en calidad la Pontificia Universidad Javeriana al distraerse y poner
el dinamismo del Magis más en la cantidad que en la calidad? Por
eso era tan importante entrar en un proceso de planificación estratégica
que convirtiera en hábito de la Universidad la cultura de la planificación
y evaluación continua. Este proceso culminó con la renovación de los
Estatutos en el año 2002. Pero
fue sobre todo un hecho externo el que permite responder si la Universidad
Javeriana, con tan gran desarrollo de Campus, carreras, estudiantes y
profesores, ha dañado o no la calidad de su servicio: El 12 de junio del
2003, precisamente 380 años después de aquel primer reconocimiento de las
autoridades civiles, el Ministerio de Educación de Colombia entregó a la
Pontificia Universidad Javeriana la acreditación institucional, siendo la Javeriana la primera institución que en Colombia
ha alcanzado este reconocimiento público,
después que había recibido ya la acreditación de 12 de sus
programas de pregrado. 4.-
Conspiración para el bien del país Tantas
personas en este mundo, y en este país, se reúnen en conciliábulos
secretos para trazar
estrategias que no se atreven a hacerlas públicas pues en ellas no se
promueve el bien común ni sus determinaciones son fruto de la Sabiduría
que tiene su raíz en Dios. Les
invito a los Javerianos a formar un club abierto para conspirar por el bien
de este país: quisiéramos hacer un llamado a todos quienes sienten en su
corazón el llamado de la Sabiduría. Me
dirijo en primer lugar a los Directivos y profesores de la Javeriana: para
que mejoren cada día la enseñanza,
la investigación y la proyección social de la Universidad. Para que sus
determinaciones y conocimientos contagien sabiduría a los jóvenes que no
solo sueñan en tener más dinero sino que sobre todo quieran crecer en
“virtud y en ciencia”. Que el clima que respire esta Universidad sea el
de esa sociedad nueva que queremos construir en Colombia, conspiración de
hombres y mujeres honestos, competentes, solidarios, en cuyo corazón habita
y crece la Sabiduría. Pero
me quiero dirigir con una urgencia especial a los Antiguos Alumnos
Javerianos. Ellos son, como decía tan acertadamente el benemérito P. Jorge
Hoyos, “la universidad viva y actuante en el país”. La Javeriana no son
tanto sus edificios, su historia, sus publicaciones, sus teorías, sino los
hombres y mujeres que han bebido aquí la Sabiduría y tienen la fuerza para
hacerla fructificar en sus hogares, en sus trabajos y en la sociedad en la
que viven. Ojalá que ser Javeriano signifique ser honesto, luchador por una
sociedad justa que conquista la paz, profesional competente que no solo se
preocupa del propio bienestar sino que sueña y se sacrifica por una patria
mejor. 5.-
Despedida Termino
con un deseo que lo transformo en Oración al presentarlo a nuestro Dios: Señor,
haz de esta Universidad y de cada uno de sus dirigentes, profesores,
trabajadores, alumnos y antiguos alumnos, la morada de tu sabiduría; transfórmalos
en instrumentos de tu acción
por una Colombia mejor y más de acuerdo al designio de tu Reino de
justicia, de amor y de paz.
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