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Noticias Mensuales Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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La “sostenibilidad” de nuestra Vocación Qué alimento damos a nuestro compromiso de servicio a Dios y a nuestros hermanos para que sea sostenible durante toda la vida? ¿De dónde se nutre la mística que nos anima diariamente a trabajar y a vivir en la Compañía de Jesús? ¿Cuáles son las realidades que “sentimos y gustamos internamente” en nuestro día a día? ¿Quién nos acompaña y guía espiritualmente? ¿Otro jesuita, que desde su seguimiento del Señor nos ilumina con sus apreciaciones? o, ¿personas, con otras opciones de vida? Estas preguntas son pertinentes al celebrar los 450 años de la muerte de San Ignacio. Como él, y bajo su inspiración, estamos comprometidos en el seguimiento de Jesús hasta la muerte. En un momento de la vida experimentamos el llamado del Señor y nos consagramos enteramente a seguir a Jesús pobre, casto y obediente, para ser, en la historia humana, transparencia del amor de Dios. Sentimos el llamado del Señor como un don y un privilegio irrevocables. Por ello pronunciamos nuestro compromiso por toda la vida. Pero… ¿ponemos todos los medios a nuestro alcance para perseverar en este propósito y para que nuestros compañeros también puedan hacerlo? Aunque nos inquiete, la perseverancia no es un tema que abordemos a menudo entre nosotros. En el contexto cultural presente semejante valor es casi insignificante: se cambia de opción de vida como se cambia un objeto por otro; la satisfacción presente se constituye en criterio para determinar opciones, compromisos e, incluso, estado de vida. Tal horizonte cultural no nos ayuda a entender el carácter perdurable de nuestra vocación por parte de Dios y nuestra perseverancia en ella, por parte nuestra. La partida de algunos compañeros, atraídos por otras realidades que desdibujaron su “amor primero”, nos hace vivenciar con más claridad nuestra vocación de hombres crucificados, como el Señor, ante las atrayentes realidades con que nos atrapa el estilo de vida contemporáneo, al alimentar desmedidamente las necesidades del propio yo. Si recibimos la noticia de los que parten, es bueno también conocer la decisión de quienes se afirman en su camino, a pesar de todo: “Noticias como éstas han logrado crear dos cosas en mi interior: Primero, un deseo inmenso de expresar mi Credo. Ante un Crucificado de barro que yace en mi mesita de noche y frente a una pequeña estatua de mármol de la Virgen Maria he renovado mis Votos. A esta Mínima Compañía le debo lo que soy y deseo seguir sirviendo desde mi fragilidad y pecado. En segundo lugar, debo confesarte que también han surgido sentimientos de inseguridad y vacilación. La vocación es frágil y poderosa a la vez. Vasijas de barro llevamos por doquier… A Nuestro Alfarero hemos de aferrarnos… “Solo Dios Basta”, diría Santa Teresa de Ávila. “Nada te turbe… Nada te espante… Quien a Dios tiene… Nada le falta”… (Reciente carta de un Jesuita al Provincial). En esta perspectiva, tener en la Provincia un abundante número de Jesuitas adultos mayores es un motivo de consuelo. Ellos han entregado su existencia para dar vida a muchos, anunciando el Evangelio de Jesús, en la Compañía y en la Iglesia. Cada jesuita que muere en la Compañía es un testigo de que la perseverancia y la fidelidad al Señor de por vida son feliz y alegremente posibles, a pesar de las fragilidades que nos rondan. Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J. | |||
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