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Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Mayo, 2007


EDITORIAL

El poder de la palabra

Pocas veces reflexionamos sobre el poder que tiene la palabra humana para crear realidad. Como la Palabra Divina, la palabra humana también es "generadora" de realidades en la medida que ella levanta una lectura de los hechos, interpretándolos y creando imaginarios que influyen en el comportamiento del sujeto y de la colectividad. Toda palabra humana, entonces, contribuye, a su modo, a configurar la realidad.

Tal introducción me sirve para compartir una preocupación nacida de un mejor conocimiento de la Provincia, y en particular, de personas, costumbres e instituciones. Este editorial es una invitación a que todos tengamos mayor delicadeza y responsabilidad en el empleo de la palabra, dadas sus consecuencias. No es un tema de segunda importancia. Es vital para nuestra unión de los ánimos y la configuración de un cuerpo apostólico unido y vigoroso, capaz de testimoniar afecto, aprecio y respeto mutuo, en un país cuyo tejido social está crudamente deteriorado y dividido por no pocas discordias, desavenencias personales, acusaciones y señalamientos.

Es bueno hacer un auto-examen sobre los siguientes interrogantes: ¿Qué es lo que decimos de los demás, de nuestros compañeros de trabajo, de otros jesuitas? ¿Con qué palabras describimos o configuramos su realidad humana, su trabajo, su condición de jesuita o de laico? ¿Sabemos percibir y expresar sus cualidades y valores o más fácilmente percibimos y hacemos públicos sus defectos y limitaciones?

No es raro que nos detengamos en comentarios negativos sobre el carácter, hábitos o manera de ser o trabajar de compañeros jesuitas o laicos. Tales apreciaciones deterioran la unión los ánimos, generando indisposiciones, prejuicios y actitudes de prevención.

He constatado que al darse un cambio de destino nos encontramos con dos tipos de comentarios dañinos. Aquellos que conciernen a personas y aquellos que tocan al por qué de los cambios de misión. Los primeros tienen el propósito de señalarle a quien ha sido destinado a un nuevo lugar de trabajo, o a una nueva comunidad, los límites de los compañeros que encontrará, impidiendo de este modo que el recién llegado construya sus relaciones humanas sin prevenciones. Los segundos pretenden vehicular una interpretación sobre el por qué de los cambios y no pocas veces se imaginan y conjeturan los peores escenarios: que recibió un castigo, que lo hizo mal, que no se entendió con alguno de sus compañeros, que es culpa de alguien, etc., máxime, si el destino no cumple los cánones habituales de duración o de permanencia en la misma área apostólica.

Aquí como en otras circunstancias es bueno recordar la sabia recomendación ignaciana de "salvar la proposición del próximo", proemio de los EE (n.22), y, quizás, más radicalmente, "salvar al próximo mismo". Tal es el imperativo de la caridad que no es otra cosa que tener una mirada y una palabra sobre los acontecimientos y las personas, tal y como sabemos que las ha tenido Dios mismo con la humanidad y, en particular, con cada uno de nosotros: una aproximación de más presteza para comprender que para juzgar, de más disposición para ayudar que para ser indiferentes, de más prontitud para salvar que para condenar, y, finalmente, de más voluntad para unir que para separar.

 

 Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial


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