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Noticias Mensuales Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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La elección del General de la Compañía de Jesús, el P. Adolfo Nicolás, S.J., se realizó dentro de un profundo espíritu de discernimiento, en el que el Espíritu Santo movió a los electores de la C.G. 35 para designar a un hombre de Dios, que ha vivido su compromiso con la construcción del reinado de Dios, en varias regiones del Asia, como misionero. Los jesuitas hemos recibido esta elección con gran alegría y esperanza, sintiéndonos consolados en el Señor, porque percibimos que se ha acertado en buscar y hallar la voluntad de Dios en la definición de la persona que va a gobernar a la Compañía de Jesús en los próximos años. Damos gracias a Dios porque nos ha regalado un hombre cualificado en el Señor que, con fidelidad creativa, seguirá llevando adelante nuestra misión en el servicio de la fe y el trabajo por la justicia, que esta fe nos exige, en diálogo con las culturas y las religiones. Es importante que esta experiencia de elección del P. General, llevada a cabo con la fuerza del Espíritu, la asumamos como un verdadero llamado de Dios para que todos vivamos nuestra misión apostólica en una profunda dinámica de discernimiento, dejándonos mover por el Espíritu Santo, de tal manera que en todo podamos desear y elegir lo que más nos conduce a anunciar y a vivir el Evangelio en nuestra sociedad. El P. Adolfo Nicolás manifestó en su primera homilía, el 20 de enero, cómo le habían impactado las palabras de un jesuita que, al saludarlo después de su elección, le dijo: “No te olvides de los pobres”. Por eso nos ha invitado a que seamos verdaderos servidores de los pobres, con la fuerza de Dios, desde la misma perspectiva de Jesucristo, quien se hizo pobre y vivió entre los pobres para anunciarles la buena nueva de la salvación y para liberarlos de toda opresión. Estas palabras, que tanto movieron el corazón del P. General, se convierten para nosotros en una profunda invitación del Señor: experimentar desde los misterios del nacimiento de Jesús en el pesebre y de su muerte en cruz, que es necesario no olvidarnos nunca de los pobres, de los que sufren y de los excluidos en nuestra sociedad. Ellos son hoy el cuerpo de Cristo que clama por unas relaciones fraternas que permitan alcanzar el desarrollo equitativo y justo de toda la persona y de todas las personas y los pueblos. Por eso los invito para que, como el P. Nicolás, también nosotros no olvidemos nunca a los pobres y podamos llevar adelante la misión que se nos ha encomendado, teniendo siempre presente en nuestro corazón y en nuestra mente sus vidas, como muy bellamente nos ha dicho el Concilio Vaticano II: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1). Esto nos ayudará para que todas nuestras decisiones nos lleven a construir una sociedad incluyente, donde los hombres y las mujeres podamos disfrutar de una vida digna como seres humanos y como hijos de Dios.
Pidamos insistentemente al
Señor para que el P. Adolfo Nicolás pueda orientar a la
Compañía de Jesús con la sabiduría y el amor que vienen de
Dios, de tal manera que nos ayude a ser verdaderos
servidores de la misión de Cristo.
Carlos
E. Correa, S.J. | |||
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