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Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Marzo, 2008


EDITORIAL


 

“Estrenad un Corazón nuevo y un Espíritu nuevo”


Esto nos dice el profeta y es un buen camino para vivir la Pascua en el contexto de la post-CG35. Hay que dejar atrás la estrechez de nuestro “ego” y su mirada miope sobre nuestra propia realidad personal e institucional. Hemos de abrirnos a la Vida Nueva que nos da el Señor, centrando, con más radicalidad nuestro corazón hacia nuestros hermanos, en un país como el nuestro, sometido hoy más que nunca al debate sobre la solidaridad y lo humanitario y al esfuerzo por salvar la vida de secuestrados, de combatientes y de quienes sufren el impacto de la pobreza y del deslazamiento forzado.

La Compañía salió fortalecida de la CG 35. De ese espacio de deliberación surgió un vigoroso anhelo de mayor servicio, en las fronteras de la Sociedad y de la Iglesia. A través de esta experiencia, el Señor nos regaló un nuevo Superior General y unas renovadas orientaciones que nos invitan a vivir al servicio de nuestros hermanos, especialmente de quienes sufren, son pobres y necesitados.

La Compañía de Jesús es “fervor” decía Nadal. Es decir, pasión, compromiso, entrega personal y por tanto olvido de sí, reviviendo en nosotros las actitudes proféticas de Jesús de Nazareth y de “peregrino”, como lo hiciera Ignacio, evitando cualquier acomodamiento. La CG35 nos hizo tomar conciencia del “fuego” que hay que avivar en nuestro corazón. El jesuita hoy se define como un “fuego que enciende otros fuegos”.  Sabemos que Ignacio dijo a Javier y a quienes envió en misión: “id e inflamad todo el mundo” del mensaje de radical entrega de sí, en favor de la fraternidad que nos ha traído el Evangelio de Jesús.

Sabemos que el “fuego” que debe habitar nuestro ser, si queremos ser honestos y creíbles, es el Señor y su anhelo de llevar al mundo entero su mensaje capaz de rescatar, liberar, redimir, recrear, y de salvar, a cada ser humano y a toda la humanidad de los espejismos y esclavitudes múltiples en que se encierra el corazón humano. Esto no puede ser apenas un discurso, tiene que ser actitudes, forma de ser, palabra hecha carne.

Pasión por Dios y pasión por la humanidad. He ahí la fuerza interior que de manera incontenible define nuestra vocación para lograr la plenitud de vida personal y social que mana del Evangelio.

La celebración de la Pascua 2008 y la disponible apertura de nuestra mente y corazón para acoger los derroteros que nos traza la Compañía de Jesús hoy, según la CG35, constituyen, en su conjunto, una Gracia mayor que no podemos desperdiciar. Al igual que Nicodemo, podemos preguntar: “Cómo puede uno renacer, siendo ya un hombre viejo?”

Ciertamente hay que “estrenar un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, que reflejen docilidad al Espíritu amoroso y comprometido de Jesús que nos envía a Amar y Servir, aunque implique sacrificio personal.

Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial


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