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Noticias Mensuales Revista Mensual de la Provincia Colombiana |
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¿Buscamos y
servimos nuestro propio interés? Es la permanente tentación de todo ser humano. Una mirada a la situación del país, a su desigualdad, a su crisis gubernamental, a la corrupción administrativa, a su conflicto interno y a la situación de los actuales partidos políticos, evidencia el descuido de los intereses colectivos y de las grandes mayorías sociales, en bien de los intereses de personas o grupos particulares. A toda costa, incluso recurriendo a la violencia y a la legalidad, se intenta imponer la visión e intereses personales o grupales sobre el interés y el beneficio general. ¿No pasa igualmente esto entre nosotros, a menor escala? ¿En qué medida nos “centramos” en nosotros mismos buscando nuestra gloria, personal o institucional? ¿No se nos enturbian las motivaciones generosas que nos impulsaron libre y voluntariamente a asumir este camino de seguimiento radical de Jesús, rompiendo con el hombre viejo y mundano que habitaba en nosotros, despojándonos de nuestro propio amor, querer e interés, de nuestra particular visión del mundo, para ser dóciles e integrarnos a un cuerpo apostólico o a una institución dedicada a buscar el bien más universal, porque éste mientras más universal, más general y más colectivo, es más divino? Consciente San Ignacio, de la enorme dificultad que significa para el ser humano “descentrarse” de sí para abrirse plenamente a Dios en sus hermanos, nos dejó en los Ejercicios, y en toda su espiritualidad, un legado que no apreciamos bien y utilizamos a medias, con el consiguiente deterioro de nuestro camino en el Espíritu. Ignacio percibió que en el seguimiento de aquel que “no retuvo ávidamente su condición divina”, se despojó hasta “asumir la condición de siervo” y “entregó su vida”, intentamos, con frecuencia y quizás con poca conciencia de ello, constituirnos en “centro” de los procesos, construir nuestra carrera, defender la propia gloria, señalar y exigir la valoración del propio aporte, es decir, cultivar nuestro “yo”, bajo capa religiosa. Buscar nuestro propio amor, querer, gusto e interés nos impide crecer espiritualmente (EE, 189), nos hace ciegos a la realidad y, por tanto, a las necesidades de las entidades colectivas a las que pertenecemos: comunidad, obra apostólica, Provincia, Iglesia y País. No es raro que surjan apegos de todo tipo y perdamos indiferencia y libertad para seguir al Señor en la tercera y cuarta semana, según los EE. Es así como, terminamos siguiendo a Jesús mediocremente, sin abnegación o cruz, y, en consecuencia, denotando con fuerza, a ojos de quienes nos rodean -propios y ajenos-, que sólo nos buscamos a nosotros mismos. San Ignacio, con el inmenso sentido práctico que le conocemos, asumió, y propuso a sus compañeros, caminos concretos para evitar autoengaños espirituales. Ansioso de más conocer y amar al Señor, para mejor seguirlo y servirlo, nos legó como dinámica de crecimiento en el Espíritu la autoevaluación espiritual cotidiana de nuestro quéhacer (examen o pausa ignaciana); el discernimiento de las mociones interiores para buscar, hallar y poner en práctica la voluntad de Dios -con reglas precisas e indicadores cristológicos (3 modos de humildad) para evitar tretas o trampas espirituales-; el acompañamiento espiritual o confrontación con otro hermano con más experiencia en el servicio del Señor; y, de modo magistral señaló en las Constituciones cómo los jesuitas deben hacer para regirse bien de la Divina mano (Const. 813).
Gabriel
Ignacio Rodríguez, S.J. | |||
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