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EDITORIAL La Dignidad Humana Es Abril. Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pasión de Dios hasta las últimas consecuencias por todas las mujeres y los hombres amados infinitamente. Pasión más manifiesta con los perdedores, los pobres y los pecadores; para romper los privilegios falsos del dinero, del poder, y del prestigio. Pasión por la dignidad de cada uno de nosotros. La dignidad es la grandeza trascendente y absoluta de quienes son objeto de este amor personal y misericordioso de Dios, igual y sin exclusiones. La dignidad es experiencia existencial que emerge en la conciencia personal independientemente de si es creyente o no creyente. En 1948 esta conciencia del valor del ser humano permitió el acuerdo para escribir la Carta Universal de los Derechos Humanos, cuando Jacque Maritain puso sobre la mesa la frase que unió a todas las religiones y todas las filosofías políticas: “todos los seres humanos tienen igual dignidad”. La dignidad no la recibimos del Estado, ni del gobierno, ni de la sociedad. Por ella hemos de tratar a todos con el respeto con que queremos que a nosotros nos traten. Por ella nadie puede ser utilizado como medio, porque cada ser humano es un fin en sí mismo. La dignidad humana no puede crecer. Cada uno de nosotros tiene la misma dignidad de una indígena de Tacueyó, de un negro boga del Chocó, de un desplazado de Soacha; aunque acumule títulos universitarios, aunque sea nombrado profesor, o decano; rector o provincial. La dignidad no aumenta por ser jesuitas, sacerdotes u obispo; estos son ministerios para el servicio de los demás sin condiciones, siervos de los siervos de Dios. “Les he lavado los pies para que ustedes hagan lo mismo”. La dignidad humana tampoco puede disminuir. Ni la enfermedad, ni la cárcel, ni lo errores que hayamos cometido nos separan de la grandeza de ser hombres y mujeres; del Amor de Dios perenne, si tenemos la humildad de acogernos a su misericordia. Que el Señor Resucitado haga crecer en nosotros la pasión por el ser humano y nos libere de toda ilusión de ser más importantes que los otros, que ponga nuestras personas y todas nuestras obras al servicio de esta causa sin condiciones, en este país donde El nos quiso, donde muchos fueron eliminados y desaparecidos sin reconocimiento, sin justicia, sin explicación; y otros indultados, premiados, enaltecidos, enriquecidos. Como si unas vidas humanas fueran más importantes que las otras. Que nos ponga al lado de las familias de Lucho Arango en Barrancabermeja y Carlos Wangner en Tuluá, líderes amigos del Magdalena Medio y del IMCA, asesinados en los últimos días, como otros miles de líderes en los últimos años, porque luchaban por la dignidad en el escenario polarizado del terror y el antiterror. Y que esta Pasión de Dios haga crecer en todos nosotros la esperanza de la Pascua del Resucitado.
Francisco de Roux S.J. | |||
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