Editorial | Noticias del Mes | Noticias Breves | Archivo |
 

Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Abril, 2009

EDITORIAL


Seguros mientras los demás se hunden

Pongamos una imagen: navegamos sobre el mar picado y profundo de la crisis económica mundial. Al interior de nuestras comunidades navegamos en un  buque blindado,  que nos ofrece la seguridad de disfrutar del viaje despreocupados de la tragedia de miles de embarcaciones que alrededor naufragan.   En nuestra comunidades el mercado es el mismo,  el comedor da los mismos placeres, la mesada mensual no cambia, los planes de viaje permanecen; los cines, la ropa, los libros, los eventuales regalos, las esporádicas salidas a restaurante y los  paseos con amigos continúan inmutables; los arreglos de casas, los gastos en carros, televisores y computadores mantienen el pertinaz crecimiento constante. Todo está legitimado en nuestro presupuesto comunitario y personal.

Entretanto el prójimo, la gente que cruzamos en la calle, las familias de nuestros colegios y de la Universidad, nuestros empleados; y más allá, los habitantes de los barrios populares y los campos, viven la zozobra. Quedan desempleados en empresas grandes, bajan las ventas de sus almacenes y pequeñas industrias, esperan clientes que ya no volverán, reclaman deudas que no les pagan, están alcanzados en los arriendos; si son campesinos no pueden comprar fertilizantes, las tiendas  de maquinaria agrícola ya no dan crédito, venden las parcelas para ir a buscar lo imposible en las ciudades.

Por la crisis, Colombia dejará de recibir este año 12 billones de dólares; dinero que venía de nuestras exportaciones, de las remesas de colombianos afuera, de préstamos e inversiones de capital externo. América latina dejará de recibir 150 billones de dólares, los pobres aumentarán en 15 millones. Mientras nosotros disfrutamos la vida.

Difícil hacer compatible este disfrute con las palabras de la IAB, la Instrucción para la Administración de Bienes de los Jesuitas, que nos llama a una pobreza sincera y al mismo tiempo real, consistente con las circunstancias de tiempo y lugar en que viven la gente.  Difícil entender,  en tiempos en que los pobres se están haciendo más y más  pobres.

Difícil  por otra parte aceptar que el comportamiento de nuestras comunidades sea racional. Los empresarios, los banqueros, los campesinos, todas las familias  que sienten  la crisis en el mundo han tomado medidas: suspensión de  gastos no indispensables, recorte a cosas necesarias, búsqueda de descansos menos costosos, traslado de  inversiones y construcciones para otros tiempos. Y sobre todo  ahorro para los años venideros; y solidaridad con los familiares y amigos que están ahogándose en la crisis.

Es torpe pensar que nada nos va a pasar. La educación  ha empezado a sentir que la cartera morosa se eleva y las matrículas bajan. Las casas de ejercicios tienen menos demanda. Los créditos bancarios son más difíciles porque los bancos exigen más condiciones en la incertidumbre. Las becas y la cooperación internacional se cierran. El riesgo sobre las arcas de provincia y el futuro nuestros se acrecienta.

¡Cómo se hace evidente, en estas circunstancias, la necesidad de garantizar  que en el ejercicio personal de nuestra misión, sea esta cual fuera, estén presentes amigos y amigas pobres; para que nuestro afecto profundo sea dolorosamente herido con la pérdida de los bienes y las seguridades  mínimas que sufren las personas que queremos! Es muy difícil que de otra manera salgamos de la ilusión de navegar seguros mientras los demás naufragan.

Francisco de Roux S.J.
Provincial


|| © | inicio | mapa | contacto | quiénes somos | dónde estamos | qué hacemos | qué comunicamos | cómo ser jesuitas | ayuda