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Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Octubre, 2008


EDITORIAL

 

Construir desde las Regiones

En  la Reunión  de Superiores y Directores de obras del mes de octubre hicimos un diálogo sobre  la posibilidad de planear y realizar nuestra misión en Colombia por regiones; y sobre la manera de articular este trabajo de regiones a nuestras plataformas de espiritualidad, educación,  pensamiento y comunicación. Estas plataformas u obras, que se relacionan con todas las regiones, son el CIRE, la Universidad Javeriana, la Asociación de Colegios ACODESI; la coordinación de centros y programas sociales;  y la red de comunicación JESCOM.

Afrontar nuestra misión  por regiones, para colocarnos en las fronteras más relevantes donde el pueblo y la Iglesia de Colombia nos necesitan, tiene mucho sentido.  Tenemos la tarea apremiante de enfrentar desde nuestras personas y nuestras obras la profunda crisis del ser humano en Colombia, pero esta tarea aborda dimensiones, angustias y esperanzas, que son diferentes según el lugar donde estemos en este país que necesita integrarse desde la seriedad de sus diferencias. Por eso las preguntas son regionales: ¿qué nos pide nuestra misión en Nariño? ¿Qué nos pide nuestra misión en la Costa Atlántica? ¿Qué nos pide nuestra misión en Medellín y su entorno? ¿En Bogotá? ¿En Bucaramanga? ¿En el Valle del Cauca?

Nuestra Reunión puso en evidencia que la determinación de las regiones para nuestra misión está condicionada no solo por las áreas geográficas y culturales sino también por las obras nuestras que han marcado en el territorio una presencia significativa con la historia  de compañeros extraordinarios que nos precedieron, y con  puntos de referencia y ejes de desarrollo ya constituidos con capacidad de convocatoria y reconocimiento. Por eso Nariño, con su cultura y su frontera sus obras basadas en Pasto (el Colegio, la Casa de Ejercicios, la Fundación, la Emisora, Suyusama)  forman para nosotros una región distinta del Valle (con la Universidad, el Imca, la casa de ejercicios, el Colegio, el Proyecto de la Costa Pacífico). Manizales y los pueblos cafeteros son un territorio distinto de Medellín y el Valle de Aburrá; y así aparecen otros territorios que se van diferenciando.

Una vez que definamos las regiones, el paso siguiente será definir en cada región cuál es la frontera donde nos vamos a  colocar los jesuitas, la frontera  regional,  para proponer a miles de personas  que van con nosotros como  alumnos y exalumnos, padres de familias, profesores e intelectuales, ejercitantes y fieles de las parroquias, oyentes de nuestras emisoras o miembros de las Congregaciones Marianas y las CVX,  jóvenes y mujeres organizadas, catequistas y catecúmenos, lectores de nuestras revistas, aliados en redes y socios en proyectos, líderes sociales y políticos, etc., en cada territorio.   La frontera, como nos da a entender el Papa, está en los asuntos importantes y al mismo tiempo muy  difíciles para nuestra responsabilidad humana y para  la misión de la Iglesia, lugares para los cuales  otros no están preparados o donde otros no se atreven. Allí debemos estar los jesuitas como guías espirituales y pastores, como educadores y trabajadores por la justicia en medio de las culturas, como analistas portantes de sentido y acompañantes profundos, y como defensores de la creación. Tenemos que determinar esta frontera  en cada una de las regiones donde estamos presentes. Para situarnos allí  desde nuestro carisma,  con la pasión por la causa de Jesús, con el  “valor añadido” por nosotros en la lucha por la dignidad humana, en esos desafíos pertinentes que exigen grandeza espiritual, profundidad creativa e intelectual,  libertad y  disposición para entregarlo todo.

No es suficiente que tengamos una universidad respetable. Nuestra universidad es muy buena y tiene que ser excelente. No es suficiente que tengamos colegios buenos, nuestros colegios tienen que estar entre los mejores. No es suficiente que tengamos ONGs importantes, nuestras ONGs deben ser de la mayor calidad en su campo. Además es  indispensable que cada una de esas obras esté situada en la frontera, donde se establece, en cada región, el escenario   que nos es ineludible,  donde a nosotros  corresponde proclamar el Reino de Dios.

Una vez definidas las regiones y las fronteras en las regiones, la tarea siguiente es organizarnos para trabajar juntos. Esta unión no es fácil. Cada una de las obras nuestras importantes, en cualquier ciudad, es un mundo con personas, programas, alianzas, y  presupuesto comprometido. Tenemos que pasar de la perspectiva de la obra que puede ser la parroquia, o el colegio, o la casa de ejercicios, a la perspectiva de un cuerpo apostólico que trabaja en un territorio sobre una frontera común, definida entre todos los compañeros que están en esa región y con las mujeres y los hombres que comparten nuestra misión, para actuar juntos, de manera  planificada y estructurada, para  que las personas y las obras se complementen y sean necesarias y suficientes para el objetivo que pretendemos al situarnos allí donde nos quiere el Señor y donde se necesita a los jesuitas.

Esta urgencia de integrarnos sobre una frontera difícil en cada región va a exigir de cada uno de nosotros un esfuerzo adicional hacia la disponibilidad y  hacia la experiencia real de ser un cuerpo apostólico disponible.

Para avanzar en esta dirección se propone que en la medida en que vamos definiendo las regiones, en cada una de ellas escojamos un proyecto, que tenga claramente definida la frontera que nos es propia, y donde trabajemos unidos todas las personas y todas las obras de un territorio.

Francisco de Roux, S.J.
Provincial


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