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Noticias Mensuales

Revista Mensual de la Provincia Colombiana
de la Compañía de Jesús

Julio, 2008


EDITORIAL


 

Mensaje del P. Provincial Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J. al final de su servicio

En la celebración de la Fiesta de San Ignacio. Bogotá, Julio 31 de 2008

Esta homilía será la última ocasión durante mi Provincialato de dirigirme a los jesuitas de la Provincia. Lo hago con un inmenso sentimiento de aprecio por cada uno de Ustedes. Se trata del afecto en el Señor surgido en los diálogos espirituales y apostólicos sostenidos con cada uno de Ustedes, con los Superiores y Directores de Obra, en torno a la misión que el Señor nos ha confiado en el seno de este país que amamos con el corazón y que nos hace sufrir a todos por los grandes desafíos que encierra en el anhelo de alcanzar una situación en la que la vida crezca y fluya en abundancia, como sería el sueño de Jesús de Nazareth, el buen Pastor por excelencia.

Por ser mi último mensaje exhortativo como Provincial, quisiera expresarles aquellos puntos que a mi juicio son esenciales en el provenir de la Compañía según la Congregación General 35. No se trata de una síntesis de la CG. Son sólo algunos puntos, claves a mi modo de ver. Ellos nos garantizan un hondo sentido de pertenencia espiritual y apostólica, y no meramente jurídica, a la Compañía de Jesús, y, además una continuidad en el Espíritu de San Ignacio a quien hoy recordamos y agradecemos con cariño todo lo que nos ha dado.

1.- La Congregación General nos recordó que nuestra identidad más profunda se nutre en la contemplación de la imagen de Jesús. Esa es la figura del servidor de Dios por excelencia. En ella sabemos quienes somos, qué debemos hacer y cuál es el futuro que nos espera. Es lo que pedimos en los Ejercicios Espirituales: tener un mayor conocimiento interno del Señor para más amarlo y servirlo. A todos nosotros nos ha sucedido igual experiencia que a San Pablo, según lo señala su carta a los Filipenses: El nos alcanzó primero y ahora nosotros corremos detrás de El queriendo alcanzarlo.

2.- Este fuego o esta llama de afecto por el Señor y por su causa que arde en nuestro corazón, nos da la fuerza para realizar profundas renuncias que sólo en el amor por son comprensibles. 

3.- Por ello, hacemos una ruptura con nuestra antigua forma de vivir y asumimos un modo de vida contracultural en el que personalmente asumimos la pobreza, la castidad y la obediencia como caminos para acercarnos más a Jesús y para crecer en libertad y ser “ligeros de equipaje”, “enteramente disponibles” para la misión. No nos pertenecemos, nos hemos colocado en manos del Señor a través de la Compañía, en la Iglesia, para mejor acertar en el servicio de Dios y de los demás, sin ser engañados por nuestros propios afectos desordenados que, una y otra vez, asaltan nuestra buena voluntad de servicio, quedando atrapados en nuestro propio amor, querer e interés.

4.- Somos hombres para la misión, para anunciar el Evangelio en las fronteras. Esta expresión ha sido una constante en la CG. Es decir, allí donde otros no pueden estar o allí donde nadie anuncia el Evangelio. Se trata de llevar el “rostro” del Señor a quienes no lo conocen o lo conocen mal y contribuir así al diálogo entre la fe y la razón, la fe y la ciencia, la fe y la cultura, la fe y las costumbres. Esto exigirá de nosotros una formación rigurosa académicamente hablando y una actitud de formación permanente. Con ello la Compañía quiere servir a la reconciliación de los seres humanos consigo mismos (sujeto), con los demás (participación y justicia), con la creación (cuidado del medio ambiente) y con Dios, fuente de toda reconciliación. Tal fue el ministerio de Jesús y tal debe ser el nuestro. Nuestra misión como servidores de la misión de Cristo nos coloca privilegiadamente delante de los hombres y mujeres que sufren, que son pobres, que son desvalidos y olvidados. Ellos nos ayudan a nutrir nuestra identidad como seguidores de Jesús.

5.- En el desarrollo de la misión no estamos solos. Contamos con la fuerza del Señor, sin duda. Pero la CG nos ha dicho que en nuestra vocación tiene un rol importante la vida en comunidad. Ella es parte de la misión. La comunidad evidencia ante el mundo que el Evangelio produce fraternidad. En la vida en común señalamos que es posible convivir respetuosamente aceptando las diferencias y comprendiendo las debilidades de nuestros hermanos. Además, no estamos solos para la misión porque podemos y debemos contar con la colaboración de numerosos hombres y mujeres que, desde su vocación laical, desde otras confesiones religiosas o incluso sin ellas, quieren sumarse a los esfuerzos de la Compañía de Jesús por hacer de este país o de este mundo, un lugar más habitable, más fraterno, más lleno de esperanza, de participación y de vida. Hemos pues de aprender a trabajar con otros, a cambiar nuestros hábitos y a disponernos a una labor hecha en equipo, con otros, donde el protagonismo no necesariamente es nuestro.

 

Despedida

Finalmente, todos Ustedes saben que debo partir a asumir una nueva misión que me confía la Compañía. Se que el Señor no faltará en la nueva tarea. La asumo con alegría y esperanza. No dejo de sentir sin embargo, nostalgia al dejar la Provincia y esta tierra. Somos humanos y no es posible sentir que nos despojamos de algo que se ama: personas, instituciones, la provincia y sus desafíos apostólicos. A todos quisiera decirles lo que Francisco Javier escribió a Ignacio desde Lisboa antes de partir para la India en mayo de 1541: “De acá no hay más que haceros saber más que estamos para embarcar. Cesamos rogando a Cristo Nuestro Señor nos dé gracia de vernos y juntarnos en la otra vida corporalmente, pues en ésta no sé si más nos veremos, así por la mucha distancia de Roma a la India (…). Y quien primero fuese a la otra vida y allá no encontrare al hermano que ama en el Señor, ruegue a Cristo Nuestro Señor que a todos allá en su gloria nos junte”. (A los Padres Ignacio y Coduri en Cartas y escritos de San Francisco Javier, anotados por el P. Félix Usubillaga, S.J., BAC 101, Madrid, 1953, pg 77.78).

A quienes son más jóvenes en el seguimiento del Señor en la Compañía quiero decirles lo que bellamente nos dice San Pablo: “El Señor no nos dice hoy sí y mañana no”. El es fiel a su llamado. Su llamado es para siempre. La infidelidad y el cambio de opción están de nuestro lado. Incluso a pesar de nuestros errores y desvaríos, Él seguirá proponiéndonos la oblación de mayor estima y momento de su seguimiento.  El se fía de nosotros y El nos hará capaces del ministerio que nos ha confiado de servir como Pastores de su Pueblo, como nos lo ha señalado la carta de San Pablo. Es lo que observamos en los Ejercicios Espirituales en el paso de la Primera a la Segunda Semana. Por eso dice bellamente la CG que a pesar de ser pecadores, el Señor nos propone la conversión y el seguimiento.

Quiero pues invitarlos a perseverar, a luchar por su vocación, a cuidarla, pues la llevamos como tesoro en vasijas de barro. Podemos perderla y dilapidar esta gracia. Nuestro proceso de formación en la Compañía que es un proceso de incorporación progresiva será un camino de probación. Es decir, un camino en el que cada uno de Ustedes tendrá la oportunidad de probarse y de ser probado para ver hasta donde llega su amor y su entrega al Señor para seguirlo, para asumir su cruz cada día y para “perder la vida por Él”. Las probaciones que vendrán serán la pedagogía del Señor para fortalecer a su servidor, serán el entrenamiento para aquellos que anhelan servirle en su Compañía.

Finalmente, quiero pues agradecer a todos por su comprensión y ayuda, especialmente a quienes  trabajaron conmigo, los Asistentes y el P. Socio, los Consultores de Provincia, Héctor López, Bernardo Botero y Alvaro Vélez. Pido disculpas por mis errores. Como diría el Evangelio, creo que hice lo que en conciencia debía hacer. En mi servicio no creo que haya nada de extraordinario. Lo único que podría decir, para terminar, es que  el servicio como Provincial aumentó en mí la confianza en el Señor, el cariño y el aprecio por cada uno de los jesuitas de la Provincia.
 

Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J.
Provincial


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