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Noticias del Mes Julio, 2008 |
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El P. Geraldo Luiz de Mori, S.J. visita nuestra Provincia Del 19 al 24 de julio, el P. Geraldo Luiz de Mori, S.J., de la CPAL se encuentra en nuestra Provincia. JESCOM conversó con él y nos contó que el objetivo de su visita está enmarcado en el proceso establecido en la Reunión de Provinciales del 2007, en la cual se dictó los criterios a tener en cuenta para escoger algunos de los siete Centros de Formación Teológica en Latinoamérica, para que sean Centros Interprovinciales de Formación Teológica (CIFS), con el fin de formar a los escolares de toda la región. De los siete Centros existentes seis presentaron su candidatura, en tanto, el P. de Mori hace parte, junto con los PP. Ramón Busto, S.J., Rector de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y Tom Smolich, S.J., Presidente de la Jesuit Conference-USA, de la Comisión de Evaluación de los Centros de Estudios Teológicos Jesuitas, nombrada por el P. Ernesto Cavassa, S.J., Presidente de la CPAL. La Comisión elaboró en la CG 35 un cuestionario que fue enviado a los Provinciales, el cual ya fue diligenciado por cada uno. Para dar continuidad con el proceso, cada miembro de la Comisión se ha encargado de visitar dos de las seis Provincias postulantes. Al P. Geraldo le correspondió Venezuela y Colombia. El parecer recogido en cada visita, será expuesto por la Comisión en agosto, en una reunión que se llevará a cabo en Brasil en las instalaciones de la CPAL. Finalmente en septiembre, en la Reunión de la CPAL, donde estará presente el P. General, cada Provincial que postuló su Centro de Formación, hará la defensa de su candidatura para que después del respectivo discernimiento, se tome la decisión. En nuestra Provincia, el P. de Mori sostuvo varios encuentros, entre ellos con el P. Provincial, con la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, con el Superior y escolares del Teologado y con el P. José Ricardo Álvarez, S.J., Asistente de Formación de la Provincia, quien fue el Coordinador de la visita y el encargado de presentar la propuesta del Teologado de nuestra Provincia.
Fiesta de San Ignacio Homilía del P. Provincial en la Fiesta de San Ignacio Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J., Provincial. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Julio 31 de 2008
Hoy hace 452 años, al amanecer de un 31 de Julio, moría Ignacio de Loyola después de haber vivido 65 años. Su muerte se dio en el seno de un grupo de compañeros y amigos, que unidos por la fe y por el deseo de servir a Dios y a sus semejantes, habían conformado una Empresa apostólica que quiso distinguirse en la Iglesia y en aquella sociedad del siglo XVI con el nombre de Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola había dedicado 30 años de su vida a los ideales cortesanos de aquella época: honores militares, armas, conquistas amorosas, lealtad a los Nobles de la época. En esa vida hizo gala de gran osadía y de crecida voluntad de ganar honores terrenos. Sus sueños fueron de repente truncados por una grave herida en combate, que casi le cuesta la vida. Durante su convalecencia de más de un año tuvo la oportunidad de percibir de manera profunda cómo estaba presente Dios en su vida, moviéndolo delicada y discretamente a vivir su voluntad. Ignacio percibió entonces cómo el darle cabida a Dios y a su voluntad en su vida era una fuente inagotable de alegría interior, satisfacción profunda, de sereno equilibrio personal y de anhelo de servir a otros. Fue así como inició un largo itinerario espiritual que lo condujo a transformar su vida y a conformar con otros compañeros universitarios, la Compañía de Jesús. Aquellos jóvenes y aquel maduro Ignacio estaban ansiosos de poner sus vidas al servicio de Dios y de sus semejantes, en el contexto de una Iglesia profundamente sacudida por la reforma protestante. Es esta misma Compañía la que después de varios siglos, configura, orienta y anima esta Universidad de la que todos nosotros hacemos parte. Somos herederos del legado espiritual de Ignacio de Loyola. Somos por tanto invitados y desafiados a encarnar sus valores, su actitud de vida, su compromiso ante el mundo y ante nuestra historia. Ignacio, para ayudar a otros, plasmó su itinerario espiritual en los Ejercicios Espirituales; pensaba que “así como el pasear, caminar y correr, son ejercicios corporales” que ayudan a la salud física del ser humano, también “todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y después de quitados buscar y hallar la voluntad divina” podrían llamarse Ejercicios Espirituales; por su propia experiencia sabía que éstos eran más necesarios que aquellos para alcanzar la VIDA verdadera. Con los Ejercicios Espirituales, Ignacio se hizo un maestro de la transformación interior de las personas. Pero, además, con la creación de la Compañía de Jesús, Ignacio generó un movimiento corporativo de renovación espiritual y apostólica de la Iglesia, en la sociedad y en la cultura de su época cuyos efectos llegan hasta hoy. Y nosotros estamos invitados a continuarlo. No es el momento de dar una mirada a la obra educativa realizada por la Compañía de Jesús, ni a la obra misionera en todos los Continentes, ni a la multiplicación de Congregaciones Religiosas que dentro del catolicismo se han inspirado en la espiritualidad ignaciana. Es más bien el momento de mirar de qué manera escarna hoy la Compañía de Jesus la espiritualidad de Ignacio y por tanto, qué horizontes y propósitos surgen de allí para orientar la labor de la Pontificia Universidad Javeriana, institución que debe encarnar los ideales de Ignacio y de Francisco Javier, su compañero. Retomemos aquí lo que la 35 Congregación General de la Compañía de Jesús, en un ejercicio de discernimiento espiritual, ha visto como la misión de la Compañía de Jesús, de todos sus ministerios e instituciones, en el contexto del siglo XXI. La Compañía hoy se siente en continuidad con Ignacio y sus primeros compañeros, al definir que su misión es el servicio de la fe y la promoción de la justicia que procede de ella. Porque vivir la autenticidad de la fe cristiana genera un compromiso de servicio en favor de la justicia y la equidad entre los seres humanos; quien vive la fe cristiana como una opción personal de seguimiento de Jesucristo, encarna los valores del Evangelio, y por tanto sirve a los pobres, vive en la rectitud, la justicia, la solidaridad y tiene cuidado con la creación aunque esto pueda costarle el prestigio, la carrera, o la propia vida. La Compañía de Jesús se siente enviada a servir a la fe y a la justicia, a la inculturación de la fe y al diálogo interreligioso en aquellos lugares donde hay más necesidad o donde otros no pueden llegar; es decir, la compañía se siente enviada a las nuevas fronteras sociales, culturales y religiosas que vive la humanidad hoy. El Papa Benedicto XVI ha invitado a la Compañía a realizar esta tarea, como en la mejor tradición de la Compañía, siendo verdaderos puentes de comprensión y diálogo entre el Evangelio y las culturas; de la misma manera que lo hicieron Mateo Ricci en China; Roberto de Nobili en la India, o las Reducciones del Paraguay, en América Latina. Es pues necesario, que nosotros como Universidad Javeriana, según la tarea que nos corresponde en el campo del saber, la docencia, la investigación y el servicio a la sociedad, guardando la autonomía que debe caracterizar un centro universitario para la búsqueda del conocimiento, pueda contribuir de manera seria y rigurosa con estos propósitos. Una Universidad de la Compañía de Jesús está llamada a asumir un compromiso cada vez más responsable y serio con la realidad social que la rodea. Ella está llamada a ampliar sus espacios de diálogo y reflexión con la cultura, con la sociedad, con la ciencia, con la moral, con la política, de tal forma que estas dimensiones de la vida humana puedan ser liberadas de la corrupción que pueden introducir en ellas los intereses particulares, los afanes de riqueza y la codicia humana; la Universidad en estas fronteras de la vida humana tiene el desafío de optar siempre por la vida y el bien. No debe olvidar, sin embargo, que el acierto en el discernimiento final sobre donde están la VIDA y el BIEN, en el ofuscado concierto de valores y antivalores contemporáneos, nacidos de un gran relativismo moral en el seno de nuestra cultura, proviene de la Fe, de la fidelidad al Mensaje del Evangelio, al rostro auténtico del Señor Jesús en quien podemos conocer el verdadero rostro de Dios y del ser humano. Por eso como los Discípulos en el Evangelio queremos reconocer en Él el Mesías de Dios. Diariamente, cada uno de nosotros como personas y como Universidad, nos encontramos en la dramática alternativa que nos presentaba la Primera Lectura: de un lado, la vida y el bien, y de otro, la muerte y el mal. Incluso en muchas ocasiones, nos encontramos con el trigo y la cizaña entre mezclados, haciendo más difícil nuestra opción por el bien, por la vida y por la bendición. La Universidad Javeriana, como Ignacio, como Javier y como la Compañía de Jesús, hoy está llamada a vivir con radicalidad el lema ignaciano expresado en los Ejercicios de “en todo amar y servir”. Todos somos interpelados a cerca de nuestra responsabilidad social. Esa es una bella forma de Amar y Servir. El desafío es en especial para esta Universidad guiada por los valores del Evangelio y situada en un país que anhela construir una convivencia pacífica y justa, donde los bienes de la cultura, la economía y la vida política puedan estar al servicio de todos; la Universidad Javeriana contribuye, pero ojalá pudiera hacerlo de manera más global con todos su estudiantes, profesores, facultades e instituciones a formar profesionales y ciudadanos abiertos a la trascendencia, capaces de incidir eficazmente por alcanzar el respeto pleno a la dignidad de los seres humamos en una sociedad sin exclusiones, en la que el saber sea puesto al servicio del bien común, de la reconciliación, del perdón y de la regeneración de las fragilidades humanas. Esta es la llama de “amor y de servicio” que Ignacio de Loyola encendió en su contexto histórico y que ha encendido otros fuegos en la historia, viviendo la misma espiritualidad. Es llama que nosotros hemos recibido y que estamos convocados a comunicar para la VIDA del MUNDO y la mayor Gloria de Dios.
Entrevista al P. Gabriel Ignacio Rodríguez, S.J., Provincial de Colombia y Nuevo Asistente Regional para América Latina Septentrional 9 de julio de 2008. Curia Provincial de Colombia. Realizada por JESCOM-Colombia
Padre Gabriel Ignacio Rodríguez, muchas gracias por habernos concedido esta entrevista. El primer tema que queremos abordar es acerca de su experiencia como Provincial de Colombia, ¿podría decirnos qué ha significado para usted esta experiencia de servicio?
Ante todo una experiencia espiritual. Una experiencia de mayor
cercanía a mis hermanos jesuitas y una mayor cercanía al Señor. Fue un
servicio de animación, acogida, aprendizaje, conocimiento, valoración y
aprecio por su servicio al país y a la Iglesia. En ese sentido, fue una
experiencia transformadora de mí mirada a cada uno de los jesuitas de la
Provincia; pude sentir a cada uno de ellos más cerca, y darle gracias a Dios
por el bien que están haciendo a muchas personas en el país. Entre los muchos momentos de satisfacción que ha experimentado como Provincial ¿cuales recuerda de manera especial? Un momento excepcional son las cuentas de conciencia. En ella, cada jesuita, con sinceridad y verdad abre su corazón, para manifestar de qué manera está viviendo su experiencia espiritual de seguimiento del Señor; cada jesuita dice de qué forma está encontrando al Señor y de qué modo ha ido creciendo como persona en su labor. Es un momento reconfortante, cuando se percibe a los compañeros jesuitas luchando por superar sus dificultades para sentirse más dispuestos a prestar un mayor servicio. Otro momento, sin duda importante y gozoso, es el de las visitas a las obras apostólicas. Ese contacto con las personas concretas en los lugares de trabajo resulta estimulante porque uno encuentra que, además de los jesuitas, muchos hombres y mujeres están hondamente motivados por la espiritualidad ignaciana, entusiasmados por las obras y dispuestos a escuchar qué les pide la Compañía, para saber en qué sentido deben trabajar y en qué dirección deben colaborar. La percepción de las obras apostólicas en toda su vitalidad es inmensamente consoladora.
¿Y en los momentos difíciles cómo procede usted? En este servicio todos los días existe algún asunto que merece un especial cuidado. Algo que, digamos, se sale de la administración ordinaria. Normalmente estas situaciones que son para pensar más a fondo, no me quitan la serenidad. En primer lugar, suelo informarme lo mejor posible de los hechos sucedidos. En segundo lugar, escucho el consejo de quienes son mis Asistentes o de quienes me están ayudando. En tercer lugar, me da paz y luz orar esas situaciones con el fin de encontrar la manera más humana, amable y sana de resolver esa situación. Y finalmente, cuando tengo claridad de cuál es la decisión que debo tomar, procedo. Mientras no tenga una convicción moral sobre cuál es el camino, no procedo al respecto; sigo pensando o encomendando la situación y sólo cuando siento claridad, tomo la decisión. En general, aunque no me demoro mucho para tomar las determinaciones, no lo hago de una manera primaria.
De los estudios que usted ha realizado (Licenciatura y Maestría en Teología en Brasil y Doctorado en Teología en Lovaina, Bélgica) ¿qué ha sido importante en su servicio como Provincial? Aunque muchos elementos relacionados con mis estudios me han servido para la labor de Provincial, sin duda, la disciplina y el ritmo de trabajo que se ganan atendiendo la responsabilidad académica que vienen de los estudios, benefician el servicio que se ejerce como Provincial. Los estudios me han ayudado a brindar un tratamiento cuidadoso en el manejo de los asuntos, en la forma de expresar los problemas o de analizar las situaciones. Mis estudios me permitieron captar un sentido más hondo de la realidad, un mayor sentido crítico, un mayor conocimiento de la vida de la Iglesia y su misión, así como la importancia que en ella y para ella tienen los pobres y los necesitados. En ese sentido, para mi trabajo como Provincial, fue importante poder situar el servicio de la Compañía de Jesús en bien de la Iglesia y del país.
Años atrás, usted desempeñó el cargo de Asistente del Provincial para la Formación de los jesuitas; en ese sentido ¿qué opina de la relación de los jóvenes con la vocación religiosa y sacerdotal en los tiempos actuales? La vocación a la Compañía sólo tiene sentido en la medida en que se entienda como respuesta a un llamado de Dios para seguir a Jesucristo para dedicarse a realizar su causa. Cualquier otra motivación para estar en la Compañía no es sólida y si hoy no hay problemas, mañana con toda seguridad los habrá. Solamente en Jesucristo encontramos la fuerza para ir asumiendo la realidad de la Compañía en sus grandezas y en sus debilidades, al igual que la realidad del mundo, en sus posibilidades de desarrollo humano y de calidad de vida, pero también en sus grandes limitaciones. Creo que solamente una vivencia muy honda del Evangelio y de Jesús, como el propósito fundamental de la vida, dará los elementos necesarios para que uno pueda entenderse y hacerse pobre, casto y obediente, en el contexto de la cultura actual. Es decir que, para que uno pueda asumir el estilo de vida y la misión de servicio que nos confiara la Compañía, ha de hacerlo centrado en Jesucristo. De lo contrario, uno termina perdiendo el norte y buscándose así mismo. Por tanto, lo que podría decirle a los jóvenes de hoy es que hay que construir una relación con el Señor profundamente cercana y actual; una relación de amistad y de afecto real, que nos permita encontrarlo en los necesitados, los pobres y en los excluidos de la sociedad; debe ser una relación personal, pero en continuidad con la experiencia que la Compañía y la Iglesia tienen de Jesús, porque no se trata de construir un Jesús a mi antojo.
¿Qué perspectivas tiene del futuro de la Provincia Colombiana, bajo el próximo Provincialato del P. Francisco de Roux, S.J.? Las mejores en todos los sentidos; el P. General ha escogido un jesuita que tiene una gran autoridad moral, no solamente por su estilo de vida, sino también por su forma de trabajo y por la manera como él ha unido realidades muy importantes para Colombia: una profunda experiencia espiritual y simultáneamente una gran cercanía a los pobres; esto lo hace ser un hombre muy coherente que vibra profundamente con la situación del país. Como jesuita ha venido trabajando en estrecha comunicación con las Iglesias locales donde el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio tiene lugar, quiero decir, las Diócesis de Barrancabermeja y de Magangué. Pienso que el P. Francisco podrá aportarle a la Provincia una renovación en la vivencia de su misión, pues encarna bien el cómo hoy servimos a la fe y simultáneamente cómo promovemos la justicia.
El nombramiento como Asistente Regional para América Latina Septentrional del Padre General, realizado el pasado 12 de febrero, tuvo como consecuencia dejar su cargo actual ¿considera quedó pendiente algún proyecto o tarea especial por realizar como Provincial? Quedan tareas pendientes, pero este es un trabajo de equipo. Hay trabajos que van caminando que, tendrán continuidad porque no dependen de la figura del Provincial, sino que han sido fruto de la reflexión y discernimiento común con Asistentes y el Socio, el equipo de la Administración Provincial, los Superiores y los Directores de obra. Es decir, existe un grupo humano que ha venido impulsando las tareas y lo más probable es que se le de continuidad a muchas de ellas. Ahora que llegue el P. de Roux, se encontrará por tanto, que varios temas están caminando; en otros temas, sin embargo, me quedé corto; por ejemplo: podríamos haber trabajado mucho más lo relacionado con la pastoral juvenil; haber logrado una mejor coordinación de todas las obras sociales para alcanzar su consolidación y una mayor labor. Quedaron pendientes también proyectos de trabajo regional, las nuevas sedes de los Colegios de Barranquilla y de Pasto, la revitalización del trabajo apostólico en la ciudad de Cartagena, el fortalecimiento administrativo y económico de nuestras parroquias populares, la consolidación de un mayor nivel de perseverancia vocacional y la búsqueda de una mejor ubicación del Juniorado. Quizás podría seguir con otra lista de tareas, pero como dije, es la obra de un equipo, en el que también se cuentan los Superiores y los Directores de Obra. Dado que la labor del Provincial es en cierta medida la de dar aliento, ánimo y mantener el cuerpo apostólico vivo, el Provincial debe ayudar a trazar metas, a mantener la coherencia en el trabajo y en el testimonio personal.
¿Nos podría resumir su vivencia de la CG 35? En primer lugar, fue una gratísima experiencia de búsqueda colectiva de la voluntad de Dios por parte de la Universal Compañía. Eso significó tomar conciencia de la experiencia espiritual de sentirse servidores del Señor, de percibir las múltiples fragilidades que nos atraviesan pero también las enormes posibilidades de ayudar a otros y, por tanto, de ser llamados a servir. Es por tanto una experiencia de humildad. En segundo término, fue una experiencia de fraternidad, unión y diversidad, en la medida en que estuvieron otros compañeros de muchas latitudes, culturas y tipos de formación; no obstante, todos estaban hablando el mismo lenguaje de servicio al Señor, a la Iglesia y a la gente, especialmente, la más humilde y la más necesitada. En tercer lugar, la Congregación General me permitió un conocimiento mucho más hondo del Instituto de la Compañía de Jesús, de su historia, de su manera de proceder y de su sabiduría institucional; me refiero a aquella sabiduría que a lo largo de cuatro siglos y medio de presencia en el mundo ha venido acumulando y que se hace visible en la forma de preparar, de efectuar, de realizar y posteriormente de poner en práctica las conclusiones de una Congregación General. En ese hecho, existe un conocimiento valioso que la enriquece como institución, y que le permite que durante el tiempo que dura la experiencia, llegar a conclusiones, propuestas y a renovarse profundamente. Otra vivencia valiosa de la Congregación General fue el encuentro con el Santo Padre. Las palabras que él dirigió a la Compañía fueron las palabras de un Pastor que nos anima a seguir adelante, a pesar de las limitaciones y errores que puedan existir. El Papa manifestó una valoración muy grande por el trabajo que realiza la Compañía y por el trabajo que se puede hacer en situaciones de frontera. Su deseo es que la Compañía esté ahí donde otros no pueden estar. Fue un encuentro muy estimulante que nos ayudó a disponernos mejor para la misión. El Papa nos ha manifestado su confianza y la Compañía no puede decepcionarlo.
¿P. Gabriel Ignacio, usted que experimentó con su nombramiento como Asistente Regional? Lo interpreté como algo que me llega, como un llamado de Dios a un mayor servicio, a una mayor oblación de estima y momento. No dejo de percibir en esto una bendición de Dios y un llamado a dar más de mí mismo. Me siento estimulado a ponerme más en las manos de Dios, en lo que quiera y, por supuesto, asumo el nombramiento con optimismo, con deseos de aprender y de ser muy disponible a lo que el P. General necesite, poniendo lo mejor de mí mismo al servicio de estas Provincias que forman la Asistencia y de la labor de Consejero General. Esta nueva misión me implica dejar la Provincia, compañeros y amigos, distanciarme en cierta medida de la familia, perder la coyuntura diaria del país que es tan cambiante y que nos interpela en relación a nuestro servicio para contribuir a la paz, a la reconciliación y a la justicia. Aquí hacen falta muchos brazos y mentes que, desde el Evangelio ayuden a construir una nación fraterna, justa, equitativa y solidaria. Personalmente anhelaría poder ayudar desde la reflexión y la docencia teológica a que en Colombia podamos vivir como seres humanos que reconocen su dignidad y se dan el espacio para que todos puedan tener calidad de vida y crecimiento personal. De todas formas, continuaré trabajando por la Provincia, ahora, no de una forma inmediata.
Con la experiencia que usted ha tenido ¿qué considera le puede aportar a la Compañía de Jesús en la nueva Misión encomendada, más exactamente a la Compañía en América Latina? Mi aporte como Asistente Regional para América Latina Septentrional, será lo que aprendí en la Provincia Colombiana que es mi escuela. Muchos aspectos los miraré desde ahí, pero también desde lo que aprendí de la Compañía en la CG 35. Mi tarea será ayudar a las Provincias que conforman la Asistencia a asumir los retos del presente y el futuro, esos que se ha trazado la Congregación General. Mi tarea es ser puente entre las Provincias, las personas que las integran y las obras apostólicas que impulsan y el P. General. Deberé entonces conocer las personas y las instituciones de esas Provincias y saberlas situar en el contexto de cada país, para contribuir al discernimiento sobre cómo la Compañía puede ser pertinente a esa situación nacional. Mi tarea será la de ayudar a que la Compañía, como parte de la Iglesia en cada país, sea capaz de responder a los problemas de la evangelización.
Según su conocimiento sobre los Asistentes del Padre General, ¿qué puede decir del Equipo de Gobierno de la Compañía con el que usted trabajará? Considero que es un equipo más joven que el anterior y que se ha renovado en un 70%. Las personas elegidas son excelentes jesuitas y con un gran conocimiento de las culturas contemporáneas. Para mí será una experiencia valiosa poder trabajar con ellos y aprender de todos para alcanzar una mirada más universal de los problemas del mundo, de la Iglesia y la Compañía, así como de los desafíos y oportunidades que se le brindan. Y finalmente, pienso que el P. General es una persona con mente amplia, con gran capacidad de adaptación a la gente y a los problemas existentes, y nos jalonará a un mayor servicio de los excluidos y a una renovación en muchos aspectos de la vida de la Compañía.
Finalmente P. Gabriel Ignacio, ¿qué palabras quiere dirigir a sus hermanos jesuitas?: Tengo un sentimiento muy hondo de gratitud con los jesuitas de la Provincia por su confianza, su amistad y su constante oración por mí. A todos envío unas palabras de estímulo para que asumamos con un corazón optimista y sereno que, sea aquí en Colombia o en cualquier espacio en el que la Compañía nos envíe, estamos sirviendo al Señor vivo y actuante en las urgencias que tiene la gente hoy, especialmente en esos pueblos y personas que luchan para sobrevivir, que anhelan vivir mejor y ser más solidarios. La Compañía en este aspecto tiene mucho que ofrecer para bien de la Iglesia y para un anuncio del Evangelio que no descuide las responsabilidades que tenemos con la historia.
Gracias P. Gabriel Ignacio Rodríguez, por dedicarnos este tiempo.
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