IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



BODA DEL AÑO


P. Efraín Aldana S.J.


22 de enero de 2008

 

Cero y van dos. Ahora es el matrimonio de Andrés Santo Domingo y Lauren Davis, editora de moda de “Vogue”. Antes había hablado de “la Boda escandalosa” de un miembro de la familia Echavarría. Esta vez tampoco puedo guardar silencio pues el Evangelio de Jesús me vibra en el corazón. Ante todo quiero manifestar que no mantengo el mínimo resentimiento ni celos. La gente de las faldas de la Popa, con quienes vivo, desde hace años, celebra la vida con inmenso gozo a pesar de su infortunio. También pertenezco a una aristocracia de la Iglesia, que se llaman Jesuitas y mi hermano Raimundo colecciona los escudos y blasones familiares. Por otra parte reconozco la obra social tan importante que adelanta Julio Mario Santo Domingo, en materia educativa, cultural y de vivienda, en Barú y Barranquilla, principalmente. Conozco de cerca su interés por invertir en el estrato uno.

Si la Boda tan sonada en el mundo no se llevara a cabo en Cartagena sino en cualquier parte de Colombia, mi protesta por el derroche sería igual. No se trata de fomentar o no un turismo, que entre otras debería aprovechar más toda nuestra riqueza natural y arquitectónica, como manglares, Jardín Botánico, Getsemaní. Aquí, como en el tiempo de Jesús de Nazareth, existe una desigualdad social que clama justicia al cielo. Su palabra retumbaba para  suscitar la conversión del corazón. Seguir esa enseñanza exige mucha radicalidad, hoy más que nunca, en este continente y en esta Colombia tan convulsionada por la miseria, el dolor y la violencia.

¿Cómo no estremecernos ante un derroche de lujos en un país que ha sufrido el asesinato de unas 900.000 personas en los últimos 30 años, que ha tenido un desplazamiento de 4.000.000  seres humanos, 70.000 secuestrados y más de 7.300 desaparecidos? En una Colombia donde no terminan de aparecer las fosas comunes, que guardan los restos de masacres inhumanas, como vestigios de un exterminio sistemático. Hace exactamente 10 años, me puse a contar aquellos amigos del alma que por defender la dignidad de la vida habían sido asesinados. Conté 23. Ese mismo año cayeron Mario Calderón y su esposa Elsa. En todo el continente, en estos últimos 30 años han sido un total de 400 los mártires, seguidores de Jesús, entre sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos. De esos 100 corresponden a Colombia. Sí, estamos en una Patria, que ha visto asesinar en ese mismo tiempo a 166 periodistas y a 3.000 sindicalistas… Estos datos, quizás no nos aterran. Precisamente porque hemos perdido la sensibilidad humana. En una tierra lacerada como ésta, un matrimonio, aunque tenga la bendición santa de la Iglesia, si llega a celebrar su fiesta de bodas, con medio millar de invitados, la mayoría del Jet Set internacional, con modistas exclusivos para cada dama de honor, pagándole a los almacenes para que cierren su función y le dejen el espacio de honor a un desfile de “lo exclusivo” del mundo, es una bofetada al  pobre colombiano. Es el olvido cruel del sufrimiento de un pueblo.

Quiero sentar un motivo de reflexión cristiana y humana. En el seno de un país que ha vertido tantas lágrimas, que sigue padeciendo hambre en millones de seres humanos, es doloroso el gasto en la pompa y el brillo fugaz  de la moda, el show y el espectáculo.

La verdad de este mundo no la mantienen las resonancias de luces y sonidos, ni los rostros maquillados de los renombrados por la gran prensa y la televisión. Esa verdad y esa auténtica belleza está escondida en la resistencia amorosa de los más humildes.

efraldana@yahoo.com

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