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Cero
y van dos. Ahora es el matrimonio de Andrés Santo Domingo y Lauren Davis,
editora de moda de “Vogue”. Antes había hablado de “la Boda escandalosa”
de un miembro de la familia Echavarría. Esta vez tampoco puedo guardar
silencio pues el Evangelio de Jesús me vibra en el corazón. Ante todo
quiero manifestar que no mantengo el mínimo resentimiento ni celos. La
gente de las faldas de la Popa, con quienes vivo, desde hace años,
celebra la vida con inmenso gozo a pesar de su infortunio. También
pertenezco a una aristocracia de la Iglesia, que se llaman Jesuitas y mi
hermano Raimundo colecciona los escudos y blasones familiares. Por otra
parte reconozco la obra social tan importante que adelanta Julio Mario
Santo Domingo, en materia educativa, cultural y de vivienda, en Barú y
Barranquilla, principalmente. Conozco de cerca su interés por invertir
en el estrato uno.
Si
la Boda tan sonada en el mundo no se llevara a cabo en Cartagena sino en
cualquier parte de Colombia, mi protesta por el derroche sería igual. No
se trata de fomentar o no un turismo, que entre otras debería aprovechar
más toda nuestra riqueza natural y arquitectónica, como manglares,
Jardín Botánico, Getsemaní. Aquí, como en el tiempo de Jesús de Nazareth,
existe una desigualdad social que clama justicia al cielo. Su palabra
retumbaba para suscitar la conversión del corazón. Seguir esa enseñanza
exige mucha radicalidad, hoy más que nunca, en este continente y en esta
Colombia tan convulsionada por la miseria, el dolor y la violencia.
¿Cómo no estremecernos ante un derroche de lujos en un país que ha
sufrido el asesinato de unas 900.000 personas en los últimos 30 años,
que ha tenido un desplazamiento de 4.000.000 seres humanos, 70.000
secuestrados y más de 7.300 desaparecidos? En una Colombia donde no
terminan de aparecer las fosas comunes, que guardan los restos de
masacres inhumanas, como vestigios de un exterminio sistemático. Hace
exactamente 10 años, me puse a contar aquellos amigos del alma que por
defender la dignidad de la vida habían sido asesinados. Conté 23. Ese
mismo año cayeron Mario Calderón y su esposa Elsa. En todo el
continente, en estos últimos 30 años han sido un total de 400 los
mártires, seguidores de Jesús, entre sacerdotes, religiosas y laicos
comprometidos. De esos 100 corresponden a Colombia. Sí, estamos en una
Patria, que ha visto asesinar en ese mismo tiempo a 166 periodistas y a
3.000 sindicalistas… Estos datos, quizás no nos aterran. Precisamente
porque hemos perdido la sensibilidad humana. En una tierra lacerada como
ésta, un matrimonio, aunque tenga la bendición santa de la Iglesia, si
llega a celebrar su fiesta de bodas, con medio millar de invitados, la
mayoría del Jet Set internacional, con modistas exclusivos para cada
dama de honor, pagándole a los almacenes para que cierren su función y
le dejen el espacio de honor a un desfile de “lo exclusivo” del mundo,
es una bofetada al pobre colombiano. Es el olvido cruel del sufrimiento
de un pueblo.
Quiero sentar un motivo de reflexión cristiana y humana. En el seno de
un país que ha vertido tantas lágrimas, que sigue padeciendo hambre en
millones de seres humanos, es doloroso el gasto en la pompa y el brillo
fugaz de la moda, el show y el espectáculo.
La
verdad de este mundo no la mantienen las resonancias de luces y sonidos,
ni los rostros maquillados de los renombrados por la gran prensa y la
televisión. Esa verdad y esa auténtica belleza está escondida en la
resistencia amorosa de los más humildes.
efraldana@yahoo.com
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