IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



¿COLOMBIA VIOLENTA?


P. Efraín Aldana S.J.


17 de diciembre de 2007

 

¿Por qué los colombianos somos tan violentos? ¿Por qué, históricamente nos hemos enfrascado en guerras interminables? ¿Por qué esa sevicia, esa atrocidad con la cual despedazamos los cuerpos de nuestros hermanos? Estas preguntas se vuelven tan acuciantes al mirar el rostro demacrado y depresivo de Ingrid Betancourt y las figuras macilentas de otros cautivos de las FARC. Pero además tenemos las víctimas de las masacres y asesinatos de los paramilitares. Han aparecido unas 2.000  tumbas comunes, atestadas de cuerpos mutilados. Lo doloroso de este descubrimiento es que ya desde el tiempo de los llamados “bandoleros”, con “Sangre Negra” y el “Capitán Ceniza”, entre otros,  se conocían los “cortes de franela” y luego el uso de la moto sierra. ¿A qué se bebe tanta morbosidad contra el cuerpo humano, por parte de la violencia colombiana?

Achacarle la causa a la injusticia social, por tanta hambre y pobreza no es una respuesta total. Pensemos que países más pobres que Colombia y donde se violan los derechos humanos, como Haití, Iran, por decir algunos, no presentan tal grado de violencia encarnizada como la Colombiana. Responsabilizar a los caribes de nuestro talante guerrero, tampoco es justo. Existen otros pueblos caribes, regados por todas esas bellas islas bañadas por el mar de ese mismo nombre y en ellas nunca se refleja ese dolor lacerante de la guerra fraticida. Tampoco nos satisface  imputarle la causa a los aventureros españoles que nos conquistaron. De verdad fueron desalmados, crueles y sangrientos, pero toda la América hispana resultaría con el mismo estigma violento de los colombianos. Por otra parte tampoco es correcto igualar la violencia de los grupos étnicos africanos con la que desarrollaron en Colombia los cimarrones, especialmente de los “palenques”. Todo lo contrario. En su mayoría los afrodescendientes, por su vitalismo, por su alegría gestual y contagiosa, han sido pacíficos y en ellos ha prosperado más bien la “No-violencia activa”, de acuerdo a esa resistencia   llamada: “cimarronaje del alma”.

Otros psicólogos han analizado el miedo como factor que engendraría violencia. Es cierto que este fenómeno produce descontrol de la voluntad, que inhibe, paraliza y muchas veces produce violencia. Quizás nuestra historia colombiana ha sido contada con mentiras, exageraciones, con muchos tabúes, reforzados por exageraciones de la formación moral desde la niñez, pero esto constituye sólo una partecita de nuestra tragedia. Muy ligada a esta explicación está la existencia de un “Complejo de Edipo Social” que Gabriel García Márquez intuyó en el guión cinematográfico de Edipo Rey. Se trata de ese odio mortal del hijo contra el padre, que socialmente se vive en los pueblos, que al cortarse el cordón umbilical que los ligaba al país colonial, en sus primeros pasos como naciones independientes, como ha sido el caso del África, genera una violencia contra la figura paterna, identificada con la autoridad colonial que los subyugó. Mucha de la violencia de las “comunas” de Medellín podría tener esta explicación. Muchos pandilleros alcanzaban a decir que padre podría ser “cualquier hijuetantas”.

Pasamos a otro factor que está ligado al machismo del pueblo colombiano. Se ha demostrado que las culturas patriarcales, por ser sedentarias y ávidas de la posesión de la tierra han engendrado las grandes guerras tribales. Pensamos que en nuestro país prima el matriarcado, aunque a veces se comporta como el patriarcado.

Por último no podemos dejar pasar el influjo ambiental como generador de violencia. Precisamente en los sitios agrestes colombianos como serían las comunas de Medellín, las colinas bogotanas, la popa y los cerros de Cartagena, han sido espacios donde pululan los pandilleros.

Igualmente en Colombia hay bondad, ternura, solidaridad, acompañamiento cercano a los vulnerables, deseo de justicia y misericordia.

efraldana@yahoo.com

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