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El EGO, máscara del
alma, distorsión de nuestro Yo esencial, es la fuente de todos nuestros
engaños y por tanto de nuestras desdichas y sufrimientos. Otras veces se
llama “Yo Ajeno”. Se inserta en el corazón de nuestro ser, para creerse
el importante, el indispensable, Es a la vez la sombra de nuestro Yo
interior y auténtico
El gran desafío de la
vida es desenmascararlo, destronarlo. Las estrategias fallan. Una sombra
no se elude emprendiendo la huída. Cuando salimos a toda, esa sombra
nos sigue siempre. Si nos tiramos al agua, estaremos en peligro de
ahogarnos, pero ella no nos abandona. Si intentamos desterrarla,
llenándola de tierra, allí sigue viva. O si la excavamos y excavamos,
sacando tierra detrás de nosotros, aunque usemos una excavadora, esa
sombra permanece. Podremos hasta encerrarnos, apagar las luces, y vivir
solitarios. Aquí el terror aumenta y se agiganta la sombra.
El primer paso para
desterrarla es utilizar la luz, Cualquier sombra si recibe la luz, en
contravía, desaparece. Tenemos que mantener la luz encendida. Tenemos
que ser antorchas siempre encendidas, aunque nos desgastemos.
A la vez hay que
aceptar la realidad. Ser humilde en la percepción de que seguimos dando
sombra. Cuando nos hacemos chiquitos, bien disminuidos, ella se achica.
Allí es importante crecer sin ella, prender las luces abrazarnos al
silencio para amar la misma contingencia nuestra.
Por otra parte, el
duelo contra el EGO no es algo individual, o aislado de los otros y del
mundo. Somos una gran carpintería humana, Recuerdo aquella historia de
la Gran Carpintería. Todos criticaban al martillo porque hacía mucho
ruido. Otros al tornillo, porque daba muchas vueltas para que sirviera
de algo. También la enfilaron contra la lija porque era muy áspera y
tenía fricciones con los demás. El metro porque pasaba midiendo a los
demás y hasta llegó la critica a la pintura porque ensuciaba todo. Pero
cuando la obra quedó terminada se encontró con que el martillo era
fuerte, el tonillo unía y daba fuerza, que la lija dejaba todo bien raso
y limaba asperezas, que el metro era muy exacto y la pintura dejaba la
obra bella y armónica. Nuestro Ego sólo encuentra lo negativo, las
criticas, los desaires y disgustos para sembrar la discordancia y los
sentimientos de culpa, Un trabajo comunitario, pensando en lo valioso
del otro, derrumba los egoísmos y dominaciones personales haciéndonos
comprensivos, solidarios y constructores de la unidad. Lo diabólico es
lo que divide. Esta es la estrategia preferida del EGO.
Además de lo anterior
existe todo un proceso o dinámicas que ayudan a desmontar la primacía
del EGO. Hay que comenzar por nuestro cuerpo, mantenerlo en distensión,
en armonía, sin tensiones ni angustias, pero en posición de alerta. Hay
que relajarse, comer, descansar, dormir y alimentarse de esa energía del
prana. Luego el vivir en el Hoy, sin nostalgias del pasado ni ansiedades
del futuro. Además con pensamiento siempre positivo, sabiendo dialogar,
buscando la verdad que no es posesión total de nadie. Aprovechar el
silencio como decantación de la vida, como comunicación con lo profundo
de nosotros y del cosmos, es aprender a escuchar y armonizar lo que
quiere agitarse. Hay que vivir en la confianza de que la vida tiene un
sentido, que nos sobrepasa pero no es un absurdo sino el misterio
amoroso del todo. También hay que saber perdonarnos y perdonar. Hay que
reír, celebrar, para cantarle siempre a la vida y destruir las mentiras
que sustentan el EGO.
efraldana@yahoo.com
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