IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



III ASAMBLEA ARQUIDIOCESANA


P. Efraín Aldana S.J.


14 de Noviembre de 2006

 


Durante los días 9, 10 y 11 de noviembre la arquidiócesis de Cartagena, en cabeza de Mons. Jorge Enrique Jiménez, desarrolló su tercera Asamblea arquidiocesana. El lugar escogido es el auditorio de la universidad de san Buenaventura. Será un momento especial de revisión y planeación, con participación  eminentemente laical, del plan decenal, que fue esbozado desde el año pasado.

Asistimos a un momento crucial del mundo y de la Iglesia y especialmente de Colombia. No exageramos al constatar que se busca ardientemente un plan alternativo de desarrollo en el mundo, más allá de una globalización económica, donde priman las leyes del mercado, de la competencia y del bienestar de unos pocos. Es necesario encontrar caminos para lograr una sociedad más abierta, democrática y equitativa. Para enumerar sólo algunos datos, en Colombia el PIB per capita, en los dos últimos años, aumentó en un 20% y la deuda externa en los tres años pasados se triplicó llegando a los $ l0 billones. Ni se diga lo que nos dicen las cifras sobre Cartagena en materia de pobreza, miseria, déficit de vivienda, contaminación ambiental, desempleo, corrupción, aumento de violencia, inseguridad, deterioro general, a pesar de reconocer los esfuerzos de la administración Distrital en su lucha contra el hambre, la gobernabilidad, la autoconstrucción de vivienda y el macroproyecto de la “Perimetral”.

La Iglesia tiene una palabra importante ante la situación anterior. Ya sabemos que la solución no viene de las planeaciones realizadas por técnicos sino por una conjunción de elementos participativos sociales, económicos, políticos y religiosos. Con diagnósticos donde han de tomar parte las mismas comunidades. Un ejemplo lo ha ido estableciendo el PNUD con su Proyecto “Desarrollo y paz, con activos de ciudadanía”, aquí también entran en juego las metas del milenio. Pero el actor principal es el ser humano, con su historia, sus sueños, sus ideas, experiencias,  y participación activa, para que la solución sea sostenible. Este hombre de carne y hueso, con su cultura, su religiosidad, su manera como relacionarse con el trascendente, es también el protagonista principal de la Asamblea Arquidiocesana.

En los distintos rostros de la Iglesia: misionera, apostólica, comunitaria, queremos hacer exaltar el rostro inculturado. Entendemos por Inculturación la encarnación de la Evangelización en cada cultura, respetando su visión del mundo y de la vida, utilizando sus símbolos o signos para hacer inteligible la Buena Noticia del Reino. Aquí tenemos que comprender como los afrocaribeños somos vitalistas, con gran aprecio por el cuerpo, cargados de alegría y esperanza en medio de los sufrimientos, a la vez lúdicos, irreverentes, “mamadores de gallo” o de humor a flor de piel. Llevamos principalmente una tradición oral. Tenemos una expresión religiosa doméstica y comunicada especialmente a través del arte. Somos gritones y usamos los colores fuertes y la música que retumba en los picots.

Hay que contar con todo esto para utilizar adecuadamente los sacramentos, especialmente la Eucaristía, que debe ser alegre, festiva, hasta con tambores y danzas para expresar su alegría pascual. Y en los ritos funerarios, en la herencia afro, entender que para ellos es una búsqueda de incorporación a los ancestros y aprovechar esto para infundir  la esperanza de resurrección. En fin todos los sacramentos y las celebraciones nos deben llevar a despertar la vida en plenitud. A rescatar su dignidad y suscitar la unión, la comunidad, esa solidaridad sin la cual es imposible ningún desarrollo. Para enfrentar al Neoliberalismo, con su carga injusta para los más vulnerables, hay que trabajar con la cultura, la espiritualidad y los niños.

efraldana@yahoo.com

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