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Con una asistencia de
643 personas, delegadas de las 100 parroquias y de los servicios
pastorales se celebró la IV Asamblea Arquidiocesana de Cartagena.
Durante días 8, 9 y 10 de noviembre estuvimos reunidos en la
Universidad San Buenaventura.
El Objetivo de esta
Asamblea era evaluar la marcha del Proyecto apostólico y, en base, a las
conclusiones de Aparecida, documento de la Iglesia Latinoamericana y del
Caribe, diseñar dinámicas de mejoramiento. La reunión se celebraba en
medio de una inmensa crisis invernal y a la vez con la esperanza de un
reajuste político en el país y especialmente en la costa caribe.
En la Eucaristía
inicial el arzobispo Jorge Enrique Jiménez, enunció los resultados de
una encuesta realizada en uno de los colegios importantes de Cartagena
sobre el concepto que tenían los jóvenes de la Iglesia y sus miembros.
Fue impactante escuchar que la mayoría encontraba a la Iglesia como
aburrida, poco misericordiosa, con bastante corrupción, con sacerdotes
mujeriegos y homosexuales. Esto se convierte en un aguijón para urgir la
conversión y un desafío para nuestra misión profética, misericordiosa,
al lado de los más vulnerables y sembrando, en forma testimonial,
semillas de transformación social.
Los jóvenes de esa
institución educativa seguro que no conocían el trabajo de la Iglesia en
la zona convulsionada de los Montes de María, con la dirección del P.
Rafael Castillo. Tampoco sabrían de las acciones múltiples de la
Pastoral Social con desplazados, pandilleros y población vulnerable o el
trabajo silencioso de cientos de religiosas, religiosos, sacerdotes o
laicos en hospitales, asilos, guarderías, y restaurantes populares. De
igual manera desconocían la presencia de la Iglesia en la comunicación
social, en el arte, en el desarrollo de nuestra cultura Afrocaribe.
Desde el primer día se
sintió un soplo de esperanza. Los animadores, misioneros y comunidades
se habían triplicado en el último año. Podemos hablar que hoy existen
más de 2.000 comunidades. En ellas se centra toda la dinámica y
fortaleza invisible de esos discípulos y misioneros, al igual que en la
Iglesia primitiva. El Pueblo Nordestito en el Brasil la compara con el
“mandacarú” (cactus) pues nunca pierden su verdor o esperanza aunque
nunca llueva. Por acá podríamos decir que son como la “verdolaga”, que
siempre está verde y además resiste la avalancha de los inviernos.
El P. Mahony, director
de Pastoral Social, informó el cubrimiento a la emergencia invernal y la
gran solidaridad recibida. Esta vez las ayudas no se las van a robar. El
documento de Aparecida se analizó y profundizó para ir encontrando
concretizaciones para iluminar y ayudar en la transformación de un
mundo roto, amenazado por el calentamiento global, deshumanizado por una
globalización económica y por el consumismo y el control transnacional
de un mercado que impone las leyes del capital. Un mundo agrietado por
la división infame entre ricos y pobres, que son el 80%. Analizó la
situación de la familia, de los jóvenes, los niños, la dignidad de la
mujer en una igualdad de género. En fin, buscó enrutar el trabajo de la
Iglesia hacia la defensa de la dignidad de la vida, por la justicia y la
defensa del desvalido.
Fue muy iluminadora la
explicación estructural del evangelio de Mateo, a cargo del P. Acero.
Evangelio centrado en la Comunidad que nace, aprende y vive con Jesús.
Durante los tres días
se vivió la alegría de la comunión, la esperanza de la conversión
personal y socia como frutos de la Misión Permanente de la Arquidiocesis.
efraldana@yahoo.com
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