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IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS |
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El rostro es toda una expresión: las facciones de la cara transmiten lo que uno es y lo que se siente. Los ojos son como las ventanas del alma y con la mirada comunicamos lo que interiormente pensamos y sentimos. Hay así ojos apagados y ojos brillantes: unos hablan de la tristeza y otros de la alegría interior. En muchas culturas se cree en el “mal de ojo” y en los poderes positivos y negativos de la mirada. Las manos son la prolongación del corazón. Existen las manos crispadas por el dolor o las abiertas para manifestar el gozo del encuentro con el otro. Ellas son creadoras, orantes, acogedoras o destructivas y opresoras. Manifiestan el amor o el odio. Son miles los signos que pueden expresarse con ellas y sus movimientos son más rápidos que los del lenguaje hablado. Los gestos dicen más que la palabra, la cual es limitada y sólo puede expresar una parte de lo que el ser humano lleva en sí. La postura del cuerpo nos habla, es comunicativa, con ella podemos expresar la aceptación o el rechazo de algo. Algunas veces mostrará la recepción amable o la barrera que ponemos. Se puede decir sí o no con la palabra y expresar con el cuerpo lo contrario. Nuestro cuerpo somos nosotros mismos. Somos lo que parecemos ser. Nuestra manera de parecer es nuestra manera de ser. Pero nos negamos a admitirlo. No nos atrevemos a mirarnos. Ni siquiera sabemos hacerlo. Debemos darnos cuenta de que el cuerpo es nuestra única realidad aprehensible. No se opone a la inteligencia, a los sentimientos, al alma. Los incluye y los alberga. Por ello, tomar conciencia del propio cuerpo significa abrirse a la totalidad del propio ser. En efecto, el cuerpo y el espíritu, lo psíquico y lo físico, representan no la dualidad del ser, sino su unidad. Ya dijimos cómo los gestos, las posiciones del cuerpo o posturas, manifiestan lo que somos por dentro. Además debemos tener muy en cuenta los movimientos que realizamos con nuestro cuerpo. Es importante dejar de desgastarnos inútilmente, de envejecer prematuramente, empleando, no una energía diez o cien veces mayor que la necesaria, como se hace por regla general, sino la energía apropiada para cada gesto. De esta manera podremos dejar caer las máscaras, los disfraces, las posturas afectadas y llegar a ser más auténticos. Podremos así aumentar la confianza en nosotros mismos, mejorar las capacidades intelectuales, mejorando primero las conexiones nerviosas entre el cerebro y los músculos. Además, podremos, de esa manera, aliviarnos de multitud de males como insomnios, estreñimiento, problemas digestivos. Habremos aliviado muchas tensiones, nos sentiremos más armónicos y llenos de paz. Existir significa nacer continuamente. Necesitamos cada día reactivar nuestra energía vital. Nuestro cuerpo es el encargado de visualizar, de encarnar el dinamismo y la armonía de nuestro ser. Todo cuidado del alma debe ser también un cuidado del cuerpo. La alimentación, la respiración, la relajación, la misma oración debe contar con nuestra parte corporal. Somos luz, amor, fuerza espiritual, verdad y paz. El cuerpo no sólo las refleja sino que debe ayudar a mantenerlas y acrecentarlas. Esos valores tan importantes en la vida, no pueden permanecer dormidos, inactivos y peor aún disminuidos. Integralmente somos un regalo de Dios. (descarga aquí el archivo) |
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2006 |
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