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Vivimos una coyuntura
importante para el país. En estas elecciones tenemos la oportunidad de
elegir para un futuro inmediato nuestro destino político. Hasta el
momento no se ha inventado otra forma democrática de participar en la
elección de los responsables de la administración de lo público. Solo
tenemos el instrumento del voto. Hemos sufrido de una corrupción
abominable. El hambre de nuestro pueblo lo lleva a vender su voto.
Sabemos la costumbre paternalista de los gobernantes, que ha fomentado
el clientelismo.
Hoy se dice que la
costumbre política es motivada por lo genético, otros hablan de lo
cultural, también de lo ambiental y pensamos que todos estos factores
tienen influencia, pero especialmente la condición socio-económica.
Probablemente los pobres de Medellín y Bogotá han demostrado que lo
público es de su injerencia, que allí se juega una parte esencial de su
futuro. Es una lastima que en el caso de Medellín se presente un
retroceso y que las acciones y la transparencia de la administración
actual se vayan a pique y regrese la sombra de la corrupción.
El caso de Cartagena es
lo contrario. La alcaldía actual ha montado toda su maquinaria para
conseguir la “continuidad”. Es la hora de darle espacio al voto de
opinión. Pensamos que no basta la presentación de los programas. En
Medellín los dos candidatos que puntean prácticamente presentan los
mismos proyectos. Es necesario explicar el “cómo”, es necesaria “la
historia de vida”, también es importante conocer de quienes se rodean.
La siguiente historia es un ejemplo de lo que
sucede con el manejo del engaño, el fraude y la corrupción.
Un emperador de la
India, sintiéndose ya cansado y entrado en años, decidió escoger a su
sucesor por mediación de las flores. En su reino vivía un pequeño
llamado Ping. Todos los niños debían venir a reclamar sus semillas de
flores al palacio real y lo sucedería en el trono, el que en el plazo
de un año, pudiera presentar la flor más bella.
Los niños se apresuraron
a reclamar sus semillas. Cada papá quería que su hijo fuera elegido como
emperador. Ping llevó las flores a su casa, consiguió la matera, la
llenó de tierra y las colocó en ella. Las regaba todos los días con
mucha dedicación y cariño. Les echó el mejor de los abonos. Como los
días trascurrían y nada que germinaban las semillas, las pasó a otra
matera más grande, con mejores abonos y más dedicación y esmero. Esperó
dos, tres y cuatro meses y nada que se daban los resultados. Al fin
llegó el término del concurso, se había cumplido un año. Esa mañana los
papás acompañaron a sus hijos vistiendo las mejores galas y con el deseo
escondido en su corazón de que sus flores fueran las escogidas y
conseguir así la herencia del trono.
Ping en medio de los
demás niños, que llevaban tan lindas flores, se sentía muy avergonzado.
De pronto apareció el emperador en la plaza. Observaba detenidamente
todas las flores y no decía una sola palabra. Finalmente se acercó al
sitio donde estaba Ping, quien comenzó a llorar pensando que iba a ser
castigado por tener la matera vacía. Cuando el emperador le preguntó por
que no había cultivado ninguna flor, respondió:
“Planté la semilla que
me dieron, la rocié cada día, le puse la mejor de las tierras y nada,
nunca germinó; por esta razón vengo con la matera vacía.” Cuando el
emperador escuchó esa confesión, sonriente levantó la mano de Ping y
exclamó:
“Este es el ganador, he encontrado la única persona
digna de ser emperador, no se de donde han podido sacar las semillas que
ustedes cultivaron, pues las semillas que yo les di estaban todas
cocinadas, así que era imposible que pudieran germinar”
Tarde o temprano se
hace justicia. En esta contienda electoral los que aparecen abajo
en las encuestas, si mantienen la honradez de Ping, serán los ganadores.
Nos preguntamos hasta cuando los que son transparentes en su accionar
político reciben amenazados de muerte, son asesinados o sólo
consiguen triunfos morales.
efraldana@yahoo.com
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