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¿Cuál sería la
situación en este programa de un Pablo de Tarso, de Agustín de Hipona,
de Ignacio de Loyola, por solo decir algunos? Los televidentes quedarían
escandalizados. Sencillamente la Verdad, cuando se hace pública y sin el
componente de la misericordia divina se convierte en un plato suculento,
de sabor morboso.
El célebre Miguel de
Cervantes Saavedra en su inmortal Don Quijote tiene una comparación muy
ajustada a los efectos que produce esta “exhibición pública”. Nos enseña
que la honra es como un espejo y cuando se le intenta probar dejándolo
caer, no existe artificio humano que pueda juntar los vidrios deshechos
y volverlos a su trasparencia original.
Existe un paso muy
difícil de manejar para encontrar “la verdad”. Se trata de la
interpretación de los signos verbales, que están invadidos de emociones,
sentimientos, contextos, prejuicios, posiciones ante la vida y ante
Dios. Las técnicas más sofisticadas del “polígrafo”, detector de
mentiras, o como se le quiera llamar, tienen un margen de error, que se
aumenta al ser interpretadas y luego formuladas en nuevas preguntas
para el concursante.
Este nuevo estilo de
reality es verdaderamente anti-ético. Conocer y hacer públicas las
intimidades, más escabrosas, produce ese prurito malsano, que toca con
lo morboso. Produce “rating”, pero a la vez en la mayoría de la gente
de conciencia recta engendra un rechazo visceral.
Nadie merece ser
desnudado en público y mucho menos por dinero. Es la venta de la
dignidad humana. El dinero corrompe las conciencias. La ambición lanza a
realizar revelaciones íntimas, de la vida pasada y aún de la actual, que
son escuchadas por seres queridos, esposa, hijos, y a la vez por el jefe
de su trabajo o por amigos íntimos. Quien escucha la confesión, por
mucha comprensión que tenga, puede tomar decisiones muy dolorosas como
podrían ser la ruptura del vínculo conyugal o laboral.
Existen “códigos
éticos” periodísticos que se oponen a que pueda revelarse una noticia,
por más verdadera que sea, si ella puede tener un impacto ético
negativo. Todo lo que afecta la unión del amor matrimonial, el respeto
de los hijos, que ponga en duda la honradez ante sus jefes laborales,
pensamos que no es ético.
A quienes les pregunto
sobre el aspecto ético del programa televisivo sobre “La Verdad”, me
responden algunos que les gusta saber esos chismes, otros que cambian de
canal. Casi todos encuentran malicia. En el fondo es un mercadeo de la
intimidad humana, la cual es sagrada y no puede tener precio. El poder
del dinero corrompe los corazones. Las tretas del mal son muy
inteligentes y persuasivas: “Ganar dinero diciendo la verdad no puede
ser malo”- “Estamos en la mala y hay que arriesgar para poder
vivir”.-“Cuando conocemos cosas íntimas nos unimos más”.
Otros podrán decir:
“Por la Verdad murió Cristo” y “Que no puede haber justicia y Reparación
sin la Verdad” Pero resulta que la primera sentencia va acompañada de la
misericordia divina y la segunda hay que ubicarla en el contexto
histórico y jurídico de un país. En Sudáfrica los victimarios tenían que
revelar la Verdad, y arrepentidos pedir perdón, en público, ante las
víctimas. . En el Salvador funcionó la Comisión de la Verdad y terminó
con un pacto de Paz, donde fueron garantes las Naciones Unidas.
No podemos aceptar la
manipulación de la Verdad en aras del “rating” y de la codicia humana,
pues estaríamos atropellando la grandeza de la vida y la inviolabilidad
sagrada de la persona.
efraldana@yahoo.com
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