IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


NADA MÁS QUE LA VERDAD


P. Efraín Aldana S.J.


14 de Junio de 2007

 


¿Cuál sería la situación en este programa de un Pablo de Tarso, de Agustín de Hipona, de Ignacio de Loyola, por solo decir algunos? Los televidentes quedarían escandalizados. Sencillamente la Verdad, cuando se hace pública y sin el componente de la misericordia divina se convierte en un plato suculento, de sabor morboso. 

El  célebre Miguel de Cervantes Saavedra en su inmortal Don Quijote tiene una comparación muy ajustada a los efectos que produce esta “exhibición pública”. Nos enseña que la honra es como un espejo y cuando se le intenta probar dejándolo caer, no existe artificio humano que pueda juntar los vidrios deshechos y volverlos a su trasparencia original. 

Existe un paso muy difícil de manejar para encontrar “la verdad”. Se trata de la interpretación de los signos verbales, que están invadidos de emociones, sentimientos, contextos, prejuicios, posiciones ante la vida y ante Dios. Las técnicas más sofisticadas del “polígrafo”, detector de mentiras, o como se le quiera llamar, tienen un margen de error, que se aumenta al ser interpretadas y luego formuladas en nuevas preguntas  para el concursante. 

Este nuevo estilo de reality es verdaderamente anti-ético. Conocer y hacer públicas las intimidades, más escabrosas, produce ese prurito malsano, que toca con lo morboso. Produce “rating”, pero a la vez en la mayoría de la gente  de conciencia recta engendra un rechazo visceral. 

Nadie merece ser desnudado en público y mucho menos por dinero. Es la venta de la dignidad humana. El dinero corrompe las conciencias. La ambición lanza a realizar revelaciones íntimas, de la vida pasada y aún de la actual, que son escuchadas por seres queridos, esposa, hijos, y a la vez por el jefe de su trabajo o por amigos íntimos. Quien escucha la confesión, por mucha comprensión que tenga, puede tomar decisiones  muy dolorosas como podrían ser la ruptura del vínculo conyugal o laboral. 

Existen “códigos éticos” periodísticos que se oponen a que pueda revelarse una noticia, por más verdadera que sea, si ella puede tener un impacto ético negativo. Todo lo que afecta la unión del amor matrimonial, el respeto de los hijos, que ponga en duda la honradez ante sus jefes laborales, pensamos que no es ético. 

A quienes les pregunto sobre el aspecto ético del programa televisivo sobre “La Verdad”, me responden algunos que les gusta saber esos chismes, otros que cambian de canal. Casi todos encuentran malicia. En el fondo es un mercadeo de la intimidad humana, la cual es sagrada y no puede tener precio. El poder del dinero corrompe los corazones. Las tretas del mal son muy inteligentes y persuasivas: “Ganar dinero diciendo la verdad no puede ser malo”- “Estamos en la mala y hay que arriesgar para poder vivir”.-“Cuando conocemos cosas íntimas nos unimos más”. 

Otros podrán decir: “Por la Verdad murió Cristo” y “Que no puede haber justicia y Reparación sin la Verdad” Pero resulta que la primera sentencia va acompañada de la misericordia divina y la segunda hay que ubicarla en el contexto histórico y jurídico de un país. En Sudáfrica los victimarios tenían que revelar la Verdad, y arrepentidos pedir perdón, en público, ante las víctimas. . En el Salvador funcionó la Comisión de la Verdad y terminó con un pacto de Paz, donde fueron garantes las Naciones Unidas. 

No podemos aceptar la manipulación de la Verdad en aras del “rating” y de la codicia humana, pues estaríamos atropellando la grandeza de la vida y la inviolabilidad sagrada de la persona.

efraldana@yahoo.com

© 2007