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La fiesta de la
Candelaria resume nuestra historia religiosa, cultural y social del
Caribe colombiano y de gran parte de las montañas antioqueñas. Por algo
es la Patrona de Cartagena, Arjona y Medellín. La vela que lleva en sus
manos nos recuerda las noches de Cumbiamba y Mapalé. En su celebración
nació la coreografía de la Cumbia, con su rito de las espermas
encendidas y el ritmo terreno y celestial, que evoca una oración
trascendente y encarnada. Las cabalgatas, los fritos, las cañas, las
corridas de toros, la muchedumbre que sube y algunas familias que
pasaban la noche de las novenas en hospederías, en la cima de la Popa
representan el sentido religioso y popular. Se montaban los salones de
baile de “las blancas de castilla”, de las “pardas”, de “las blancas de
la tierra”, la de “la gaita”, y de las cuarteronas: “costureras,
modistas, cigarreras, bordadoras”, el cual era el más codiciado y el
“fandango”, al aire libre para los negros libres y esclavos, carboneros,
carreteros, pescadores.
Como Patrona de
Medellín recuerda la protección a los mineros en los socavones de carbón
y a los arrieros, cargados de las sombras de las montañas. Su luz se
extendió para iluminarlos en los peligros y para llenar de flores a todo
el valle de Aburrá.
Recuerdo mis días de la
niñez subiendo y bajando por los caminos tramposos. Regados por las
faldas de la Popa. En la actualidad están vetados. Es como un signo de
un país que tiene muchos espacios prohibidos para el tráfico normal.
Los cartageneros
entronizamos a nuestra patrona encima de un cerro que tiene la forma de
un barco sumergido, con la popa levantada, como signo de que la luz de
nuestra Virgen nos ilumina y levanta de todos nuestros naufragios. En
tiempos coloniales, cuando las embarcaciones en alta mar divisaban “la
blanca casona de la galera”, suspiraban, llenos de confianza de poder
llegar a tierra firme. Soy testigo de tantas noches sombrías, en las
cuales la Candelaria me ha iluminado, devolviéndome la energía y la
alegría de la vida. En Medellín está entronizada en la Basílica que
lleva su nombre, en pleno Parque de Berrío, corazón de la ciudad.
Quizás es una Virgen
cómplice de nuestras parrandas y fandangos, pero a la vez justiciera. Es
testigo de tantos dolores, soledades, angustias y penas de sus hijos,
pero sabe señalar con su luz las tinieblas de la corrupción de esta
tierra, de su inequidad, su discriminación y del olvido en que viven los
más vulnerables. Los derrumbes en las faldas de la Popa, con tantas
casas destruidas, muertos, varios heridos miles de personas en alberges,
destaparon a la luz pública el abandono, la discriminación, el hambre y
el sufrimiento escondido por causa de tantos infortunios.
Estas fiestas de la
Candelaria coinciden con la Purificación o Presentación del Niño Jesús
en el Templo. Cuando los Agustinos Recoletos trajeron su devoción desde
el desierto de la Candelaria, Boyacá, ya tenía su tradición precolombina
en las Islas Canarias. La Cueva de Achbinico, da cuenta de su
manifestación en aquella ciudad hermana de La Laguna en las Islas
Canarias. Aquí en Cartagena, Fray Alonso García Paredes buscando una
imagen de la Candelaria, encontró que desde un balcón de la calle de la
Damas, una señora le decía que volviera al día siguiente. En efecto
cuando Fray Alonso volvió, encontró la casa abandonada y la imagen de la
Virgen, que fue llevada por El al convento del cerro de la Popa.
Hoy virgencita, madre
de luz y esperanza, protectora de los más pobres y necesitados te
pedimos que se respete la dignidad de la vida humana, que los jóvenes
aumenten su autoestima, que las urgencias sociales, físicas y culturales
sean atendidas.
efraldana@yahoo.com
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