IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



VIRGEN DE LA CANDELARIA


P. Efraín Aldana S.J.


30 de enero de 2008

 

La fiesta de la Candelaria resume nuestra historia religiosa, cultural y social del Caribe colombiano y de gran parte de las montañas antioqueñas. Por algo es la Patrona de Cartagena, Arjona y Medellín.  La vela que lleva en sus manos nos recuerda las noches de Cumbiamba y Mapalé. En su celebración nació la coreografía de la Cumbia, con su rito de las espermas encendidas y el ritmo terreno y celestial, que evoca una oración trascendente y encarnada. Las cabalgatas, los fritos, las cañas, las corridas de toros, la muchedumbre que sube y algunas familias que pasaban la noche de las novenas en hospederías, en la cima de la Popa representan el sentido religioso y popular. Se montaban los salones de baile de “las blancas de castilla”, de las “pardas”, de “las blancas de la tierra”, la de “la gaita”, y de las cuarteronas: “costureras, modistas, cigarreras, bordadoras”, el cual era el más codiciado y el “fandango”, al aire libre para los negros libres y esclavos, carboneros, carreteros, pescadores.

Como Patrona de Medellín recuerda la protección a los mineros en los socavones de carbón y a los arrieros, cargados de las sombras de las montañas. Su luz se extendió para iluminarlos en los peligros y para llenar de flores a todo el valle de Aburrá.

Recuerdo mis días de la niñez subiendo y bajando por los caminos tramposos. Regados por las faldas de la Popa. En la actualidad están vetados. Es como un signo de un país que tiene muchos espacios prohibidos para el tráfico normal.

Los cartageneros entronizamos a nuestra patrona encima de un cerro que tiene la forma de un barco sumergido, con la popa levantada, como signo de que la luz de nuestra Virgen nos ilumina y levanta de todos nuestros naufragios. En tiempos coloniales, cuando las embarcaciones en alta mar divisaban “la blanca casona de la galera”, suspiraban, llenos de confianza de poder llegar a tierra firme. Soy testigo de tantas noches sombrías, en las cuales la Candelaria me ha iluminado, devolviéndome la energía y la alegría de la vida. En Medellín está entronizada en la Basílica que lleva su nombre, en pleno Parque de Berrío, corazón de la ciudad.

Quizás es una Virgen cómplice de nuestras parrandas y fandangos, pero a la vez justiciera. Es testigo de tantos dolores, soledades, angustias y penas de sus hijos, pero sabe señalar con su luz las tinieblas de la corrupción de esta tierra, de su inequidad, su discriminación y del olvido en que viven los más vulnerables. Los derrumbes en las faldas de la Popa, con tantas casas destruidas, muertos, varios heridos miles de personas en alberges, destaparon a la luz pública el abandono, la discriminación, el hambre y el sufrimiento escondido por causa de tantos infortunios.

Estas fiestas de la Candelaria coinciden con la Purificación o Presentación del Niño Jesús en el Templo. Cuando los Agustinos Recoletos trajeron su devoción desde el desierto de la Candelaria, Boyacá, ya tenía su tradición precolombina en las Islas Canarias. La Cueva de Achbinico, da cuenta de su manifestación en aquella ciudad hermana de La Laguna en las Islas Canarias. Aquí en Cartagena, Fray Alonso García  Paredes buscando una imagen de la Candelaria, encontró que desde un balcón de la calle de la Damas, una señora le decía que volviera al día siguiente. En efecto cuando Fray Alonso volvió, encontró la casa abandonada y la imagen de la Virgen, que fue llevada por El al convento del cerro de la Popa.

Hoy virgencita, madre de luz y esperanza, protectora de los más pobres y necesitados te pedimos que se respete la dignidad de la vida humana, que los jóvenes aumenten su autoestima, que las urgencias sociales, físicas y culturales sean atendidas.

efraldana@yahoo.com

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