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En cierta
ocasión llegó un joven a una pequeña isla. Al desembarcar preguntó en
el muelle a un barquero si ese sitio era placentero porque venía muy
aburrido de esa isla grande de donde estaba y que le indicara donde
quedaba un parque cercano. El barquero le señaló el sitio del parque.
Tan pronto el joven lo descubrió, comenzó a criticar el color de las
bancas porque eran de un azul “desteñido”.
Siguió caminando
nuestro amigo por la isla y mientras iba por las aceras repetía y
repetía:-“la gente de esta isla es muy bruta, cómo se le ocurre sembrar
tantos árboles que no dejan espacio ni para caminar”. Y luego al
contemplar las cercas de madera que habían en algunas entradas a las
casas, murmuró:-“Huy, aquí viven como marranos”.
No pasó mucho
tiempo y otra persona, proveniente de la gran Isla, arribó a la pequeña
isla. Le dijo al mismo barquero, que venía de un lugar encantador. De
inmediato, para sentarse a descansar, le preguntó dónde quedaba un
parquecito cercano. Al llegar a ese sitio sus primeras palabras
fueron:-“que lindo color el de esas bancas, aquí la gente tiene muy buen
gusto”. Al entrar por las calles y pasar a las aceras llenaba de elogios
a los vecinos que habían tenido esa gran idea de sembrar árboles para
evitar el sol que tanto calentaba. Por último exclamó:-“Qué cuidado tan
grande le dan por aquí a los niños con estas cercas que los defienden de
accidentes con los vehículos de la calle”.
De lo anterior
nos queda una enseñanza: “Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente
donde vive”. Otras veces dicen. “El mal no está en las sábanas”. El
mundo puede ser muy lindo, pero si la persona lleva por dentro un
infierno, solo podrá encontrar externamente cosas feas y terribles.
Otras veces se dice: “Todo depende del cristal con que se mire” Ese
cristal es nuestro estado de ánimo interior.
Podemos ir
sacando otras consecuencias importantes para la vida. Comenzamos
diciendo que necesitamos ir descargando nuestras programaciones que son
como esos cristales heredados y diseñados para tener una visión del
mundo marcado con esa óptica, con ese color y sabor. Por otra parte
nuestro mundo interior es el fruto de un pasado, cargado de
experiencias. Es importante que algunas de esas experiencias no nos
hayan marcado tanto que nos impidan ser optimistas en la observación de
la realidad. Aquí también cabe saber sanar las heridas del alma. Para
esto último es necesario aceptar el dolor y el sufrimiento y saberlo
transformar con la resistencia amorosa, cargada de esperanza.
Mantener el
cuerpo humano en permanente armonía es el mejor medio para obtener una
actitud positiva ante la realidad. Se trata de armonizar nuestra energía
mediante la relajación, la oración, la respiración y alimentación
adecuada. Igualmente nuestros pensamientos y sentimientos deben ser
positivos y ubicados en el “ahora”. Todo esto evita las angustias, las
tensiones y las ansiedades del alma.
Las llamadas
visualizaciones o visiones interiores de los colores internos ayudan
también a equilibrar la energía interior. El azul pacificando, el
amarillo energizando o vitalizando y el verde sanando las heridas
internas.
La riqueza
interior se proyecta externamente. Además vamos siendo en la vida
aquello que cocinamos en el alma. Aquel que vive alegre la proyectará en
sus acciones, en el mundo, en la vida.
efraldana@yahoo.com
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