IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

APRENDAMOS A VER

P. Efraín Aldana S.J.

9 de octubre de 2006

 


En cierta ocasión llegó un joven a una pequeña isla. Al desembarcar  preguntó en el muelle a un barquero si ese sitio era placentero porque venía muy aburrido de esa isla grande de donde estaba y que le indicara  donde quedaba un parque cercano. El barquero le señaló el sitio del parque. Tan pronto el joven lo descubrió, comenzó a criticar el color de las bancas porque eran de un  azul “desteñido”. 

Siguió caminando nuestro amigo por la isla y mientras iba por las aceras repetía y repetía:-“la gente de esta isla es muy bruta, cómo se le ocurre sembrar tantos árboles que no dejan espacio ni para caminar”. Y luego al contemplar las cercas de madera que habían en algunas entradas a las casas, murmuró:-“Huy, aquí viven como marranos”.

No pasó mucho tiempo y otra persona, proveniente de la gran Isla, arribó a la pequeña isla. Le dijo al mismo barquero, que venía de un lugar encantador. De inmediato, para sentarse a descansar, le preguntó dónde quedaba un parquecito cercano. Al llegar a ese sitio sus primeras palabras fueron:-“que lindo color el de esas bancas, aquí la gente tiene muy buen gusto”. Al entrar por las calles y pasar a las aceras llenaba de elogios a  los vecinos que habían tenido esa gran idea de sembrar árboles para evitar el sol que tanto calentaba. Por último exclamó:-“Qué cuidado tan grande le dan por aquí a los niños con estas cercas que los defienden de accidentes con los vehículos de la calle”. 

De lo  anterior nos queda una enseñanza: “Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive”. Otras veces dicen. “El mal no está en las sábanas”.  El mundo puede ser muy lindo, pero si la persona lleva por dentro un infierno, solo podrá encontrar externamente cosas feas y terribles. Otras veces se dice: “Todo depende del cristal con que se mire” Ese cristal es nuestro estado de ánimo interior. 

Podemos ir sacando otras consecuencias importantes para la vida. Comenzamos diciendo que necesitamos ir descargando nuestras programaciones que son como esos cristales heredados y diseñados para tener una visión del mundo marcado con esa óptica, con ese color y sabor. Por otra parte nuestro mundo interior es el fruto de un pasado, cargado de experiencias. Es importante que algunas de esas experiencias no nos hayan marcado tanto que nos impidan ser  optimistas en la observación de la realidad. Aquí también cabe saber sanar las heridas del alma. Para esto último es necesario  aceptar el dolor y el sufrimiento y saberlo transformar con la resistencia amorosa, cargada de esperanza. 

Mantener el cuerpo humano en permanente  armonía es el mejor medio para obtener una actitud positiva ante la realidad. Se trata de armonizar nuestra energía mediante la relajación, la oración, la respiración y alimentación adecuada. Igualmente nuestros pensamientos y sentimientos deben ser positivos y ubicados en el “ahora”. Todo esto evita las angustias, las tensiones y las ansiedades del alma. 

Las llamadas visualizaciones o visiones interiores de los colores internos ayudan también a equilibrar la energía interior. El azul pacificando, el amarillo energizando o vitalizando y el  verde sanando las heridas internas. 

La riqueza interior se proyecta externamente. Además vamos siendo en la vida aquello que cocinamos en el alma. Aquel que vive alegre la proyectará en sus acciones, en el mundo, en la vida.

efraldana@yahoo.com

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