IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

APRENDER DE LA EXPERIENCIA

P. Efraín Aldana S.J.

27 de junio de 2006

 


Un periodista, le pregunto a un científico a que se atribuía el hecho de tener más inventiva que el ciudadano promedio. ¿Qué lo hacia tan distinto de los demás? El científico respondió que, a su modo de ver, todo se lo debía a una experiencia que vivió con su madre cuando apenas contaba con dos años, el había intentado sacar una botella de leche del refrigerador, la botella se les escurrió de las manos y cayó, derramándose todo el contenido en el piso de la cocina.

Cuando su madre entró, en lugar de gritarle y soltarle un sermón o castigarlo le dijo: ¡qué desorden tan estupendo, es magnifico! No recuerdo haber visto nunca un charco de leche tan grande. Bueno el daño ya esta hecho ¿que te parece si juegas un rato en la leche antes de que limpiemos el piso?

Seguidamente ella le explicó: Mira, lo que ocurrió aquí fue un experimento fallido. Lo que pasa es que intentaste, si conseguirlo, llevar una botella grande de leche con una mano muy chiquita. Vamos al patio de atrás, llenemos la botella con agua y veamos si se te ocurre una manera de llevarla sin derramarla. El pequeñín aprendió que si la agarraba con firmeza por el cuello con las dos manos podría llevarla sin que se le cayera. ¡qué enseñanza tan estupenda!

 Aquel célebre científico recalcó que en ese momento comprendió que no debía tener miedo de aprender algo nuevo que es al fin y al cabo lo que hace el científico con sus experimentos. Incluso cuando un experimento no sale se aprende algo valioso.

En el anterior relato hay dos enseñanzas muy claves para la vida, especialmente para los colombianos. La primera es la forma de corregir los errores de los hijos. Los gritos y los regaños no conducen a nada. El segundo es muy importante para lo que hemos vivido en esta Patria: Nunca hemos aprendido de la experiencia. Seguimos siendo individualistas, acaparadores, tumbamos al del frente y si alguien va subiendo por un ascenso se le agarran los pantalones. El corazón del hombre no deja de ser codicioso, pero los golpes y las caídas hacen aprender mucho. De esto último hemos aprendido poco. Miremos.

Tengo en mis manos la fluctuación del empleo en Colombia desde el año 76 hasta el momento actual. Allí se revela que lo acontecido en la década de los 80, se volvió a repetir a mediados de los 90 y ahora; vuelve y juega. Anteriormente era la llamada bonanza marimbera y ahora el narcotráfico, con su violencia adjunta. Del 86 al 92 hay una disminución ficticia del desempleo, pero vuelve y se remonta. Sencillamente porque no hemos querido aceptar la causa profunda. No se trata exclusivamente de ajustes a las políticas monetarias y fiscales. El fondo del problema existe en el corazón humano. Allí no se ha podido acertar. No se trata de moralismos o de embutidos religiosos. Es enfrentar el desafío de aceptar el pecado, el abuso del poder, la ambición desmedida que acapara y discrimina. Es apostarle al Hombre Nuevo, que demanda una forma nueva de hacer política, de construir ciudad. De no ser así seguiremos escuchando las cantaletas de los que hacen de padres de la patria, que se lamentan por la leche derramada.

Como un caso parecido al interior tenemos la ley 100, que tan solo por su nueva regulación legal no va a acabar con el grave problema de salud. Hay que tocar al hombre en su interior.

 No queremos ser pesimistas y debemos reconocer los resultados positivos presentados por los grupos que han sembrado luces para encontrar ese camino que descubrió el científico de nuestra historia. Allí tenemos los ejemplos de los proyectos ganadores del “premio nacional de paz”. De igual forma los que cada año reciben del Colombiano de Medellín el reconocimiento de haber contribuido a desarrollar la solidaridad y la paz.-

efraldana@yahoo.com

© 2006