|
Un periodista, le pregunto a un científico
a que se atribuía el hecho de tener más inventiva que el ciudadano
promedio. ¿Qué lo hacia tan distinto de los demás? El científico
respondió que, a su modo de ver, todo se lo debía a una experiencia que
vivió con su madre cuando apenas contaba con dos años, el había
intentado sacar una botella de leche del refrigerador, la botella se les
escurrió de las manos y cayó, derramándose todo el contenido en el piso
de la cocina.
Cuando su madre entró, en lugar de
gritarle y soltarle un sermón o castigarlo le dijo: ¡qué desorden tan
estupendo, es magnifico! No recuerdo haber visto nunca un charco de
leche tan grande. Bueno el daño ya esta hecho ¿que te parece si juegas
un rato en la leche antes de que limpiemos el piso?
Seguidamente ella le explicó: Mira, lo que
ocurrió aquí fue un experimento fallido. Lo que pasa es que intentaste,
si conseguirlo, llevar una botella grande de leche con una mano muy
chiquita. Vamos al patio de atrás, llenemos la botella con agua y veamos
si se te ocurre una manera de llevarla sin derramarla. El pequeñín
aprendió que si la agarraba con firmeza por el cuello con las dos manos
podría llevarla sin que se le cayera. ¡qué enseñanza tan estupenda!
Aquel célebre científico recalcó que en
ese momento comprendió que no debía tener miedo de aprender algo nuevo
que es al fin y al cabo lo que hace el científico con sus experimentos.
Incluso cuando un experimento no sale se aprende algo valioso.
En el anterior relato hay dos enseñanzas
muy claves para la vida, especialmente para los colombianos. La primera
es la forma de corregir los errores de los hijos. Los gritos y los
regaños no conducen a nada. El segundo es muy importante para lo que
hemos vivido en esta Patria: Nunca hemos aprendido de la experiencia.
Seguimos siendo individualistas, acaparadores, tumbamos al del frente y
si alguien va subiendo por un ascenso se le agarran los pantalones. El
corazón del hombre no deja de ser codicioso, pero los golpes y las
caídas hacen aprender mucho. De esto último hemos aprendido poco.
Miremos.
Tengo en mis manos la fluctuación del
empleo en Colombia desde el año 76 hasta el momento actual. Allí se
revela que lo acontecido en la década de los 80, se volvió a repetir a
mediados de los 90 y ahora; vuelve y juega. Anteriormente era la llamada
bonanza marimbera y ahora el narcotráfico, con su violencia adjunta. Del
86 al 92 hay una disminución ficticia del desempleo, pero vuelve y se
remonta. Sencillamente porque no hemos querido aceptar la causa
profunda. No se trata exclusivamente de ajustes a las políticas
monetarias y fiscales. El fondo del problema existe en el corazón
humano. Allí no se ha podido acertar. No se trata de moralismos o de
embutidos religiosos. Es enfrentar el desafío de aceptar el pecado, el
abuso del poder, la ambición desmedida que acapara y discrimina. Es
apostarle al Hombre Nuevo, que demanda una forma nueva de hacer
política, de construir ciudad. De no ser así seguiremos escuchando las
cantaletas de los que hacen de padres de la patria, que se lamentan por
la leche derramada.
Como un caso parecido al interior tenemos
la ley 100, que tan solo por su nueva regulación legal no va a acabar
con el grave problema de salud. Hay que tocar al hombre en su interior.
No queremos ser pesimistas y debemos
reconocer los resultados positivos presentados por los grupos que han
sembrado luces para encontrar ese camino que descubrió el científico de
nuestra historia. Allí tenemos los ejemplos de los proyectos ganadores
del “premio nacional de paz”. De igual forma los que cada año reciben
del Colombiano de Medellín el reconocimiento de haber contribuido a
desarrollar la solidaridad y la paz.-
efraldana@yahoo.com
|