|
|
Cuando pasan las
navidades y comienza un nuevo año, brotan en cada persona los recuerdos
positivos y negativos más hondos, los triunfos y fracasos, las alegrías
y tristezas, las heridas del alma y los momentos de sanación o
recuperación.
Es natural que así como
las empresas hacen sus balances, los seres humanos hagamos los nuestros.
Es interesante notar que para los comienzos de cada año los pueblos
celebran sus fiestas principales. Cali, Manizales, Pasto, Turbaco,
Sincelejo, Cartagena con la Candelaria, entre otros. Es una forma
adelantada de celebrar los carnavales. Ahora nos interesa esa fiesta
interior que nos calibra el alma. No se trata de sumar cuantitativamente
los triunfos, las victorias y las realizaciones y restarle los fracasos,
los temores y las angustias. Es mucho más. Quizás se asemeje a un
“mini-juicio” escatológico. En otras palabras el auto análisis sobre el
amor.
Se trata pues de una
auto evaluación para ver hasta qué punto estamos aceptándonos, todavía
más, si nos sentimos felices con lo que somos y tenemos, con nuestra
actuación en la vida, con la relación con los otros. Es un test sobre la
realización del amor en nosotros. ¿Nos gusta la vida como la llevamos?
¿Si Dios me pidiera la vida, en este momento, qué haría? A alguien se le
realizó esta pregunta: ¿que haría, si en ese instante dejara de existir
y El contestó que seguiría haciendo lo que estaba haciendo. Es saber
vivir el “ahora”. Estar con gozo en el momento actual, ligado a un
manantial inagotable que brota desde el fondo de uno mismo.
Este auto análisis
comienza por detectar las heridas y la causa más honda de ellas. Ver
cómo se manifiestan, con qué síntomas, circunstancias, personas
afectadas, los mecanismos de defensa que he ido montando para no
afrontarlas. Es importante saber qué sentimientos de culpa, malsanos, he
desarrollado. ¿Qué cosas no me he perdonado? Se trata, pues, de
detectar las veces que no he creído en el amor. ¿Quienes son los grandes
provocadores de la causa fundamental de las heridas? Aquí estarán muy
presentes: el padre, la madre, los hermanos. Los que han causado los dos
extremos: O la falta de amor o la ausencia de él. Junto a las heridas
van brotando los temores, esos miedos que nos paralizan.
En esta revisión de
nuestra vida es importante enumerar los triunfos y las personas que nos
han fortalecido. Los apoyos que he dado y que he recibido. Las crisis
emotivas que se han suscitado. Son los primeros pasos para ir detectando
nuestro Manantial. El cual, como regalo divino, es la voz del ser que
está creciendo, que te hace feliz, te llena de paz, de armonía, de
solidaridad y transparencia. Es el encuentro con la fuente de agua viva
que puede saciar la sed de afecto, de verdad, de hacer justicia, de dar
solidaridad, de sentirse útil. A la vez me hace ir descubriendo que el
agua no brota solo para mí sino para los demás.
En ese viaje hacia el
fondo de mí mismo tengo que romper las programaciones, las seducciones o
engaños que me llevarían a falsas alegrías, a falsos gozos o
seguridades. Aquí es importante el ejercicio de “despertarme”, de pasar
de lo mecánico que me rige, de la inconsciencia a la alegre placidez de
sentirme en el hoy y el ahora, sin nostalgias o culpas de lo que ya pasó
y sin ansiedades por el futuro. Aquí comienzo a aceptarme como soy y a
la vez a aceptar a los otros, sin la angustia de cambiarlos. De esta
manera me veré irrepetible en la vida, digno de ser amado y de dar amor.
efraldana@yahoo.com
| |