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Un indicador de desarrollo económico de
6.5 da muestra de que hubo inversiones que produjeron ganancias a la
industria y al comercio. ¿ Pero, se aprovechó para atenuar el hambre y
la miseria de los más vulnerables?¿Al menos alcanzó para elevar el nivel
de vida de los estratos más bajos de nuestra sociedad? La crisis
humanitaria que vivimos en Colombia, especialmente en la Costa Caribe y
Pacífica, da respuesta a las preguntas anteriores-
Conjuntamente con lo anterior podemos constatar que el 2007 fue el año
del gran destape de la “parapolítica”. Son 60 los congresistas
señalados, de los cuales 16 están en prisión. Pero al final del año
hemos notado un congelamiento del proceso de justicia por parte de la
Fiscalía y de la Corte. Nuestro pueblo colombiano tampoco ha acabado de
asimilar lo que significa el descubrimiento de tanto exterminio
sistemático, la atrocidad con que se han realizado miles de muertes
perpetradas con sevicia y premeditación. Las fosas comunes, atestadas de
miembros mutilados, dan cuenta de una “brutalidad” encarnizada realizada
por guerrillas, paramilitares y en los mismos cuarteles de las fuerzas
armadas o permitida u ordenada por ellos. Queremos pedirle justicia,
verdad y moralidad a la guerrilla y no respondemos con la altura ética
conveniente.
Esta
falta de armonía social, institucional e individual ha frenado el inicio
de un auténtico intercambio humanitario. Podría iniciarse un proceso de
verdadera humanización del conflicto armado, con los tres seleccionados
para abrir el boquete: Emmanuel, Clara y Consuelo. La barbarie y la
mentira de las FARC se atenazan por la corrupción paramilitar y por el
silencio cómplice de quienes podrían ser testigos de la vida digna. Por
el contrario la estamos dejando sepultar.
Los
analistas hablan de una transformación total en la vida de los
colombianos. Como las causas de esa violencia son tan múltiples,
sociales, ecológicas, culturales, aún psicológicas y éticas, su solución
también ha de ir en la misma vía. Así proponen una “ecología de la
acción”, que constaría de reformas: de la Sociedad, del espíritu
(educación), de la vida y de la ética.
La
reforma de la civilización consiste en que los otros son dignos de
respeto. La reforma del espíritu o educación, es ante todo una mirada
nueva, transparente, sobre la vida, que incluye un nuevo aprendizaje más
práctico para la vida, más comunitario e integral. La reforma de la vida
es una construcción nueva de la existencia que le de el valor que
requiere el cuerpo, lo simbólico y lo ambiental. La reforma ética
consiste en salirnos del individualismo y acentuar el altruismo, la
trascendencia, la solidaridad y la gratuidad.
Lo
anterior nos exige una tarea personal, social y comunitaria que se basa
en apostarle al Espíritu, como irradiación de la armonía, de la energía
amorosa que trasforma a las personas individualmente y establece una
sinergia, como un halo envolvente, que debe ser alimentado por la
sencillez, la honradez, la nobleza de las intenciones. Creer, en lo
concreto, que la fuerza encendida de lo divino está escondida en cada
uno y en el universo. Yo y los demás estamos llamados a ser uno. Es
claro que las pasividades negativas, esos efectos del mal, destructivos
de la vida también actúan. Debemos fortificar lo positivo, bajar a los
demás de las cruces, combatir el engaño, la mentira, no tolerar los
encubrimientos de la belleza de la vida. Cultivar lo que promueve la
autoestima, el diálogo sin cartas escondidas.
efraldana@yahoo.com
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