IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



CARTAGENA, HOY


P. Efraín Aldana S.J.


12 de julio de 2007

 


Hace 45 años recibí humildemente el llamado de Dios para ser “jesuita” y por tanto religioso, misionero y sacerdote. Cuando pasan los años uno se considera muy indigno de la “misión” y a la vez cada vez más agradecido, en mi caso, por otras dos razones: Haber nacido en Cartagena y haber vivido, desde antes de ordenarme, en barrios populares, aprendiendo de esa sabiduría de la gente.

Como he regresado a mi tierra, después de haber trabajado en otras ciudades de Colombia y en algunas del exterior, quiero compartir una experiencia  que tuve hace pocos días. Había terminado la “misa dominical” en la Sede que tiene el Centro de Cultura Afrocaribe. Entré a darle la comunión  a la Sra Anita, inválida, quien me ha enseñado con sus luchas y dolores a ir descifrando algunos misterios de la vida. De allí pasé a la casa de enfrente y recibí el mayor impacto en mi vida de acompañamiento a los pobres. No había paredes, solo plásticos deshechos y el techo tenía la misma consistencia. Un niñito desnudo y discapacitado estaba tirado en el suelo y la ropa mojada, se apreciaba esparcida en pilas pequeñas por todo el piso. Pero quien me llevaba me dijo: “No, Padre, mi casa es aquí al lado”. De inmediato pasé al otro cuarto. Qué cuadro tan doloroso. El corazón se me achicó más. Seguían  los mismos tipos de protección de plásticos y telas rasgadas y semidestruidas. En esta otra casa ya no era un niño sino el padre de familia: hecho un espectro humano y la ropa húmeda y los residuos de los cuerpos de animales caseros  esparcían  malos olores. Seguían casas y casas en la misma situación.

¿Qué ha pasado? ¿De dónde salieron tantos fantasmas, por dentro y más allá de las murallas? Para algunos hablar de esto es peligroso, por aquello del turismo. Como si Cartagena no fuera de todos. Se olvidan que las llagas escondidas duelen, por mucho que se escondan y ocultas se siguen corrompiendo. Tarde o temprano la realidad llega a conocerse.

Podemos hablar que cuando llega el narcotráfico encuentra a una ciudad ya invadida por el cáncer de la corrupción politiquera, la discriminación, la ineficacia en la gestión pública, la ausencia de práctica ciudadana, desempleo, hambre, crecimiento del rebusque, salud pública en cero, ausencia de planeación urbana. La Ciudad opulenta tampoco es de los cartageneros. La droga, los picots, las peleas entre grupos pandilleros es como una autodefensa, de tratar de reencontrar un reconocimiento, porque la autoestima se la han pisoteado. No creemos que los mismos datos alarmantes de más de 2.000 adolescentes embarazadas y otro tanto de niños y niñas prostituidas nos haga llegar al pesimismo o al “sálvese quien pueda”. Hay otros datos alarmantes  como el hecho de que sólo se construyeron 31 viviendas de las 1547 proyectadas para el 2006, una malla vial 58% destruida y un Transcaribe paralizado y duplicado en su costo. La razón de la resistencia ante tanto infortunio se lo debemos a lo que llamamos “cimarronaje del alma”. Me explico.

Al día siguiente  de la presentación en RCN del programa del Pirry me reuní con más de 40 mujeres y un solo hombre, en esa Sede que tenemos en las faldas de la Popa. Allí en la zona donde se rodó gran parte del documental. Muchos rostros curtidos por tragedias, abandono y desengaño. Pero todos cantaban y reían. En un momento les pedí que contaran sus triunfos de la vida. Momentos de silencio. De pronto brotaron los recuerdos felices, los momentos en que le ganaron a los poderes siniestros. Resultaron muchas bellas  historias de solidaridad y heroísmo. Se iluminaron las caras y brotaron los nombres de amigos y de hechos positivos.

efraldana@yahoo.com

© 2006