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Al fin el Ministerio de
Vivienda y Medio Ambiente le envió a la Personería Distrital la
Resolución No.1247 del 30 de junio de 2006, en la cual se presentan los
análisis sobre los terrenos contaminados, donde se pretendía realizar la
urbanización de la “Colombiaton”. Fueron varios meses de requerimientos
permanentes de la Personería para conocer estos resultados.
En resumen, se
dictamina que a mediano y a largo plazo, los tóxicos organoclorados y
organofosforados, que contienen las pruebas realizadas, ofrecen daños
genéticos y cancerígenos. En vista de ello dispone:
1.- Aislamiento total
del predio. 2.- Señalización para evitar acceso a él. 3.- Drenajes
naturales cercanos por medio de canal colector. 4- Instalación de
piezómetros en la zona del colegio de la ciudadela 2000. Todo esto a
corto plazo de 1 a 3 meses.
A mediano plazo (6
meses), se dispuso: 1.- Seguimiento epidemiológico en los barrios
vecinos de San Fernando, Villa Corelca y Ciudadela 2000. 2.- Remediación
de la zona contaminada. A largo plazo: Contramuestreo y seguimiento
epidemiológico.
Al conocer estas
medidas tan drásticas nos hacemos unas preguntas. ¿Acaso no conocía el
Banco de Colombia ese peligro? ¿La misma empresa Compartir no estaba
enterada, pues era conocido el enterramiento de esos tanques pesticidas
por parte de la Federación de Algodoneros? Además, existe una
disposición para la construcción que ordena la excavación de apiques
para detectar calidad y composición del terreno. En estas pruebas era
evidente que hubieran aparecido estos indicios.
¿Por qué no existe
presencia de la comunidad beneficiaria y de la fiscalización distrital?:
Personería, Defensoría, Contraloría, en el desarrollo del proyecto “Colombiaton”?
¿Los subsidios recibidos por algunos de los beneficiarios de la
Colombiaton, por intermedio de Comfamiliar, como los 5.000 millones de
las casas construidas, los recaudos posteriores de los que prometieron
apoyar en el show televisivo en las playas de la Boquilla y aún los
dineros prometidos por el gobierno nacional del fondo de regalías, si
están ya recogidos?
Es triste que los
mismos vecinos, quienes están asimilando estos tóxicos de manera
invisible y lenta, no reciban la instrucción epidemiológica apropiada
para evitar efectos nocivos a mediano y largo plazo. En el Universal del
22 de Septiembre, aparecen todos los entrevistados declarando que le
tienen más miedo a las ratas y culebras del monte que a la inhalación de
este toxico detectado científicamente. Yo por mi parte si conozco niños
que han tenido erupciones en la piel y mareos. Por ejemplo el nieto de
Edulfa Salas, quien estudia en el Colegio de Ciudadela 2000. Algunas
mujeres que trabajaron en la construcción de la ciudadela como, Sofía
Mercado, pueden dar testimonio de los efectos directos de intoxicación
que recibieron.
Todavía nos hacemos más
preguntas ¿Por qué Bancolombia no ha cumplido con lo dispuesto por el
Ministerio? Cuando se les pregunta, responden que no se pronunciarán al
respecto.
Estamos encerrados en
Cartagena en la continuación inhumana de la relación con los
afrodescendientes que moran en los barrios populares y olvidados. Ellos
para la clase dirigente, como en el tiempo de la esclavitud, no tienen
alma, y por lo tanto no se les respeta su dignidad. Otras veces los
prefieren invisibilizar. Lo que viene pasando con la Colombiaton no
tiene nombre. En otro país cualquiera ya hubieran rodado cabezas por
incompetencia, dejadez, violación a los derechos humanos y aquí como si
nada.
En Cartagena la tierra
mejor ubicada y con buenos servicios está acaparada. No existe un plan
orgánico de vivienda popular. Hace poco recibimos la visita de
directivos del “Proyecto Península de Cantera” de Puerto Rico. Allí el
hábitat humano con toda su relación al desarrollo integral sostenible,
le puede dar luces al gobierno Distrital y a las organizaciones que
promueven la vivienda popular.
efraldana@yahoo.com
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