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Todo el marco
legal de la Ley de Justicia y Paz, como permanentemente ha sido
denunciado, es incompatible con las obligaciones internacionales, por la
impunidad que engendra, el poco esclarecimiento de la verdad y la escasa
Reparación. En este sentido muchas víctimas han considerado que sólo se
les entrega una indigna compensación como Reparación. Además, como está
diseñado, no contribuyó al desmonte eficaz de las estructuras
paramilitares. Igualmente se han colado peligrosos narcotraficantes.
Así, todos los factores que crearon el paramilitarismo siguen intactos.
Por otra parte
el costo de todo el proyecto ha sido muy elevado. Del 2003 al 2006 se
han invertido unos $ 492.789 millones. Tenemos entonces que atender a un
desmovilizado y su familia está costando $ 38 millones.
Pero, como
contragolpe, se están destapando muchas verdades. Va resultando cierta
la aseveración de Salvatore Mancuso y Vicente Castaño, quienes
aseguraban que más del 35% del Congreso era controlado por ellos. Esto,
en números redondos nos acerca a la cifra de 90 congresistas implicados.
El remezón ha comenzado por la costa atlántica, especialmente Sucre,
Córdoba, Cesar y Atlántico. Todavía faltan otros, de los mismos
departamentos, como también del Magdalena, Guajira y Bolívar. Vendrán,
bien pronto, los senadores y representantes de Antioquia, Valle, Eje
Cafetero, Arauca y Caquetá, principalmente. Detrás de ellos estarán
haciendo fila gobernadores, alcaldes, diputados, concejales,
funcionarios de instituciones gubernamentales, empresarios, financistas,
fiscales y miembros de las fuerzas armadas.
Resulta
incomprensible que bajo la gestión fiscal del Dr Luís Camilo Osorio no
se diera curso a las investigaciones que hoy se adelantan. Es muy cierto
que la corrupción descarada en los organismos del Estado, el influjo del
narcotráfico, los atentados contra la dignidad de la vida, las fosas
clandestinas no es una realidad de los últimos tiempos. Hemos vivido la
amargura de sufrir los estragos de esas dinámicas perversas que al
acumular el poder económico y político de unos pocos han deteriorado la
dignidad de la vida de las mayorías. La codicia insaciable de esta
fuerza paramilitar con sus aliados ha causado dolor, sangre y miseria.
Hoy lo inusitado
e impactante ha sido ir descubriendo esta masa ignominiosa que abraza a
tantos espacios de la vida nacional. Al borde del fracaso del Proyecto
de Justicia y Paz se va descubriendo que la postema tiene raíces y
ramificaciones impresionantes. Ha penetrado las instituciones, a muchos
gremios, ha sobornado al poder judicial, ha manipulado la participación
ciudadana. Se han tragado la inversión pública para la salud. Han
participado en múltiples magnicidios. Han seducido a miles de jóvenes
del campo y la ciudad para enrolar sus filas, ofreciendo más dinero que
la guerrilla. Y ahora muchos desmovilizados se encargan de realizar
“limpiezas sociales” en los barrios populares de varias ciudades del
país o se conforman comités o cooperativas de vigilancia.
Como siempre los
pobres del campo y la ciudad siguen recibiendo los peores coletazos.
Miremos los pueblos de las riberas del Magdalena, del Río Sinú o los
barrios subnormales de grandes ciudades sumidos en la miseria y el
olvido.
efraldana@yahoo.com
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