IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

EL CUIDADO DEL ALMA

P. Efraín Aldana S.J.

18 de agosto de 2006

 


En medio de este caos externo debemos mirar hacia el fondo de nosotros mismos, para encontrarle salidas a nuestro propio laberinto. Esta será una de las mejores contribuciones a la paz.

En el fondo de todo ser humano palpita una mezcla efervescente de vacíos y plenitudes, aciertos y descalabros, hastíos y satisfacciones, triunfos y fracasos. El cuidado del alma cuenta con todo esto. Ella habla a los anhelos que sentimos y a los síntomas que nos enloquecen. Nos mantiene en la esperanza de aquello que nos seduce y siempre se nos escapa.  Su meta es encontrarle sentido a la existencia, aceptarla amorosamente y  sentirla vinculada con los otros, con la naturaleza, entretejida en los afanes de cada día.

Todo esto reclama el desafío de conectarnos profundamente con la vida, con todos esos seres que se cruzan en nuestra historia, con todos esos hermanos y hermanas, comunidades y realidades vivientes que reclaman nuestra presencia desde el corazón

Dicho esto podremos entender que la depresión es sólo una nube sombría que debemos dejar pasar. Lo mismo podremos decir de los fracasos, las pérdidas, las desilusiones, los sentimientos de culpa. Estas pasividades del alma no deben estar reñidas con la vida espiritual que ha de buscar siempre nuestro ser interior. Cuando las atendemos con serenidad y valor impiden que el espíritu se lance hacia el perfeccionismo utópico o al pesimismo aplastante.

Las grandes obras de la humanidad han surgido tras los momentos de fracasos, desengaños o depresión. Recordemos la “Novena Sinfonía” de un Bethoven ya sordo, “Los Girasoles” de Van Gogh demente y al borde del suicidio, “El Quijote” de un Cervantes encarcelado y la misma gloria del Jesús Resucitado tuvo que pasar por la agonía del huerto y la ignominia de la Cruz. En nuestra historia colombiana tenemos el  “Nocturno” de Silva, los “Cien años de Soledad”, “El Coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, las mejores obras de Obregón y las acuarelas sombrías de Hernando Lemaitre.

No hay de otra, cuando viene el nubarrón hay que acurrucarse como un niño hasta que pase. En las noches sombrías hay que esperar la luz del amanecer. Eso sí, debemos abrazar esas experiencias con amor, con los ojos puestos en las brasas humeantes  esperando  la chispa repentina que prenda de nuevo el fuego.

Este “Cuidado del alma” es alquimia, peregrinaje y aventura. Es un  camino lleno de altibajos, de laberintos y callejones. El alma crece y se vuelve más profunda gracias a las vivencias de las complicaciones, las barreras, las caídas, los fracasos, los sin sentidos. Cuando llega la angustia y la depresión, ese abismo que sentimos  nos acerca a la profundidad inabarcable de Dios.

Las tristezas del alma, las angustias y depresiones van siendo superadas con la armonía interior. Ayudan mucho los ejercicios de relajación, los pensamientos positivos, el diálogo afectivo, la música, el silencio de la oración. Bueno, nuestra barca de la vida, al estilo de Tristán, va remontando las  aguas sin remo ni timón, abriendo camino con la música de su arpa.

También sabemos que cuando el organismo produce “endorfinas”  se consigue un estado placentero que ayuda a superar las tristezas del alma. Pero no podemos olvidar que el ser humano es un todo. Somos a la vez materia, mente, aliento, corazón y centro profundo. Somos energía que necesita estar en armonía interior y con todo el cosmos.

efraldana@yahoo.com

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