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La resurrección alegre
y contagiosa, manifestada en el rostro de Ingrid Betancourt y de sus
familiares es un signo de lo que significa la dignidad de la vida. Pero
falta ver resplandecer a otros miles de rostros. El espectro siniestro
de la barbarie todavía recorta las alegrías. Siguen apareciendo los
cuerpos masacrados o los que nadie sabe a donde fueron a parar. Es
cierto que toda comparación es incompleta, pero puede enseñarnos mucho.
Hace pocas semanas en
el Metro de París me extrañó mucho un freno repentino sin llegar a
ninguna estación. Le pregunté a la amiga que me acompañaba y me explicó
que cada vez que hay una persona lesionada se paralizaba toda la línea
del metro. Recordemos la movilización de millones de españoles ante el
atentado de “Atocha”, la central de trenes de Madrid. O las atenciones,
en materia de salud, incluyendo medicinas y hospitalización, que recibe
cualquier ciudadano europeo. Me pareció muy curiosa la forma como
cualquier ambulancia se desplazaba, llevando heridos: las sirenas
recordaban las angustias de la Cruz Roja en su afán de salvar vidas, en
medio de la segunda guerra mundial, la cual cobro la vida de cerca de 60
millones de seres humanos. ¿Cómo pudo todo un continente recuperarse
rápidamente de la devastación y el hambre?
Responder la pregunta
anterior es algo muy difícil y complejo. Haremos notar lo más
importante. Indudablemente el “Plan Marshall” jugó un papel importante.
La misma solidaridad interna, en cada país y entre todos ellos. Pero
además portaban una herencia sagrada humana y cultural. Durante siglos
habían sabido valorar su historia, sus expresiones culturales del arte
musical, pictórico, arquitectónico, principalmente y habían encontrado
los espacios adecuados para su desarrollo. Además recibieron el apoyo de
reyes, príncipes, emperadores, mecenas y de la misma demanda cultural
del pueblo. No solo existieron los grandes compositores y artistas
geniales apoyados por el Estado sino juglares apoyados por gremios y
asociaciones. Las habilidades geniales eran reconocidas e impulsadas.
La memoria negativa o
positiva ayuda en el crecimiento. La una nos enseña los errores, la otra
descubre nuestros aciertos y valores para transformarnos. De verdad el
paraíso no esta en el pasado, sino en el futuro, al cual vamos arribando
entre lágrimas y sonrisas, entre saltos y caídas. Eso si, en ese ascenso
mucho mas que lo técnico es importante lo que se arrastra desde el
fondo, llámese humano, espiritual o artístico. Los tres están
interconectados y la cultura, como cultivo de la vida los invade a
todos. El arte es cultura que hace trascender la existencia volviéndola
mas humana.
En nuestro desafió
colombiano para defender la dignidad de la vida, tenemos que apoyar el
desarrollo cultural. La pintura, la música en todas sus expresiones, la
danza, el teatro, las artesanías, ellas hay que estudiarlas y
exponerlas. Nuestra memoria histórica y cultural debe dinamizarse.
Hay que apoyar la
creación de conjuntos, agrupaciones sinfónicas, ballet, orquestas,
escuelas de ritmo, conservatorios, museos, salas deportivas y
recreativas, muestras de gastronomía, cultivo de costumbres familiares,
entre otras acciones culturales. Toda la gesta liberadora del pueblo de
Israel, se alentaba con el canto de himnos como el de Moisés, Judith y
Devora. Los salmos siempre han sido formulas no solo de alabanza sino de
sanación. Igual sentido tienen los mantras orientales.
Si queremos que
proliferen las caras relucientes como la de Ingrid y los otros
liberados, recatando la dignidad de la vida, vayamos formando mujeres y
hombres nuevos impregnados de la savia de la cultura.
efraldana@yahoo.com
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