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Santa Teresa decía: “Así como Dios creo el mundo de la nada, es
necesario que estés vuelto nada para que Dios pueda seguir creando
contigo”. Es la descripción de la formación de un Hombre Nuevo, del
nuevo nacimiento, del paso de las sombras a la luz. En otras palabras es
la concreción de la “pascua” cristiana.
Esa ”nada” puede tener varios significados: Es un vacío, es el caos,
es además el despojo o la renuncia a lo más querido, movidos por el
amor. La mayor parte de las veces “la nada” se asocia al derrumbe
interior, al sentimiento de derrota, al anonadamiento. Quiere decir así
que cuando hemos bajado al fondo de nuestra miseria, si creemos, podemos
sacudir ese mal que nos agobia. Nos trasformamos. Es importante por lo
tanto tener esa experiencia de nuestra nada, para encontrar la grandeza
y felicidad que nos puede dar la verdadera vida.
A la vez hay otra interpretación de esa “nada” que apunta a ese
soltarse o despojarse del poder, realizar una entrega amorosa de lo que
representa una fuerza de dominio para que redunde en bienestar de
muchos, para que reine la equidad. Es el otro medio de conseguir la
felicidad. Aquel que es autoritario y ostenta su poder no puede ser
feliz y hace infelices a los demás.
Toda alegría pascual pasa por un despojo, por la cruz, por la nada y
aún por las tinieblas. La noche, abrazada con amor, anuncia un amanecer
luminoso. Es la clave del Sermón de la Montaña y de los efectos de la
Resurrección.
Si queremos aplicar lo anterior a lo personal y a la situación de
Colombia, debemos mirar más allá de la corrupción, del abuso del poder,
de la ausencia de democracia y tratar de manifestar nuestra alegría
interior que ha pasado por muchas lágrimas y a la vez lanzar el grito
hacia los que no quieren aflojar el poder, el dominio, el acaparamiento
de la riqueza nacional, para que permitan la equidad y la resurrección
de tantos afligidos, aquellos vulnerables que son pisoteados sin
clemencia.
Además si “la nada” es también equivalente a caos es bueno
reconocerlo, encontrar su virtualidad y trabajar por el ordenamiento,
por la convergencia, que no es otra cosa que el amor.
En Colombia puede existir el caos de la corrupción, del desorden
administrativo del bien público que viene afectando principalmente a la
salud. En muchas zonas el caos se torna violencia, degradación de la
dignidad de la vida. El autoritarismo y el abuso de poder se puede sumar
a lo anterior y crear mucha tristeza y desaliento. Pero precisamente
recibimos de aquellos que viven en “la nada” la fuerza de resurrección y
la esperanza de creación de una Sociedad Nueva, conformada por Hombres
Nuevos. Me conmovió en esta semana santa que fue la familia más pobre,
con la casa más deshecha la que recibió a una familia desplazada:
llegaron a Cartagena, casi en los huesos, despojados de todo lo que
tenían en la vida. Luego se reunieron todos los vecinos pobres, de la
calle Santa Fe, en la Popa y le levantaron una casita de tablas.
Mientras exista ese tipo de solidaridad podremos ir saliendo de las
tinieblas a la luz.
El caos o “la nada” es una llamada humilde al discernimiento para
encontrar la luz de la verdad. Esta fue la primera acción de Dios en su
creación. Hoy sigue recreando un mundo nuevo. Aquí es necesario saber
escuchar a los que están en la “nada” y muchas veces experimentar esa
misma “nada”. Es interesante notar que los que están arriba comienzan a
bajar cuando va apareciendo la luz de la verdad. Y son aquellos
vulnerables, los que “llevan del bulto” los encargados de encender esa
llama de justicia que conduce a la vida digna. No quisimos meterle
política al asunto... pero resultó cargado de ella.-
efraldana@yahoo.com
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