IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

EL HOMBRE NUEVO

P. Efraín Aldana S.J.

3 de mayo de 2006

 


Santa Teresa decía: “Así como Dios creo el mundo de la nada, es necesario que estés vuelto nada para que Dios pueda seguir creando contigo”. Es la descripción de la formación de un Hombre Nuevo, del nuevo nacimiento, del paso de las sombras a la luz. En otras palabras es la concreción de la “pascua” cristiana.

Esa ”nada” puede tener varios significados: Es un vacío, es el caos, es además el despojo o la renuncia a lo más querido, movidos por el amor. La mayor parte de las veces “la nada” se asocia al derrumbe interior, al sentimiento de derrota, al anonadamiento. Quiere decir así que cuando hemos bajado al fondo de nuestra miseria, si creemos, podemos sacudir ese mal que nos agobia. Nos trasformamos. Es importante por lo tanto tener esa experiencia de nuestra nada, para encontrar la grandeza y felicidad que nos puede dar la verdadera vida.

A la vez hay otra interpretación de esa “nada” que apunta a ese soltarse o despojarse del poder, realizar una entrega amorosa de lo que representa una fuerza de dominio para que redunde en bienestar de muchos, para que reine la equidad. Es el otro medio de conseguir la felicidad. Aquel que es autoritario y ostenta su poder no puede ser feliz y hace infelices a los demás.

Toda alegría pascual pasa por un despojo, por la cruz, por la nada y aún por las tinieblas. La noche, abrazada con amor, anuncia un amanecer luminoso. Es la clave del Sermón de la Montaña y de los efectos de la Resurrección.

Si queremos aplicar lo anterior a lo personal y a la situación de Colombia, debemos mirar más allá de la corrupción, del abuso del poder, de la ausencia de democracia y tratar de manifestar nuestra alegría interior que ha pasado por muchas lágrimas y a la vez lanzar el grito hacia los que no quieren aflojar el poder, el dominio, el acaparamiento de la riqueza nacional, para que permitan la equidad y la resurrección de tantos afligidos, aquellos vulnerables que son pisoteados sin clemencia.

Además si “la nada” es también equivalente a caos es bueno reconocerlo, encontrar su virtualidad y trabajar por el ordenamiento, por la convergencia, que no es otra cosa que el amor.

En Colombia puede existir el caos de la corrupción, del desorden administrativo del bien público que viene afectando principalmente a la salud. En muchas zonas el caos se torna violencia, degradación de la dignidad de la vida. El autoritarismo y el abuso de poder se puede sumar a lo anterior y crear mucha tristeza y desaliento. Pero precisamente recibimos de aquellos que viven en “la nada” la fuerza de resurrección y la esperanza de creación de una Sociedad Nueva, conformada por Hombres Nuevos. Me conmovió en esta semana santa que fue la familia más pobre, con la casa más deshecha la que recibió a una familia desplazada: llegaron a Cartagena, casi en los huesos, despojados de todo lo que tenían en la vida. Luego se reunieron todos los vecinos pobres, de la calle Santa Fe, en la Popa y le levantaron una casita de tablas. Mientras exista ese tipo de solidaridad podremos ir saliendo de las tinieblas a la luz.

El caos o “la nada” es una llamada humilde al discernimiento para encontrar la luz de la verdad. Esta fue la primera acción de Dios en su creación. Hoy sigue recreando un mundo nuevo. Aquí es necesario saber escuchar a los que están en la “nada” y muchas veces experimentar esa misma “nada”. Es interesante notar que los que están arriba comienzan a bajar cuando va apareciendo la luz de la verdad. Y son aquellos vulnerables, los que “llevan del bulto” los encargados de encender esa llama de justicia que conduce a la vida digna. No quisimos meterle política al asunto... pero resultó cargado de ella.-

efraldana@yahoo.com

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