IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



EL SUFRIMIENTO


P. Efraín Aldana S.J.


16 de octubre de 2007

 

Entendemos por “sufrimiento” todo dolor espiritual o material, toda herida psicológica no sanada, todo fracaso, todos aquellos sin-sentidos que nos desgarran el alma.

Dios no nos creó para sufrir. Jesús instauró el Principio de su predicación salvífica en una lucha contra el mal, lo demoníaco, que no es otra cosa que aquello que está en desarmonía. Buscó  la unidad, la energía equilibrada y armónica.  Irradió la Luz para disipar las oscuridades o sombras de la vida. Jesús sufrió por culpa del hombre y su poder codicioso y arrogante, el abandono, el fracaso y el dolor, hasta el extremo de la cruz. El misterio de esta aceptación la encontramos en estas bellas frases de Teilhard de Chardin, en el prólogo de su libro “La Energía espiritual del Sufrimiento”: “Oh, Margarita, hermana mía, mientras yo entregado a las fuerzas positivas del universo, recorría mares y continentes, apasionadamente atento a ver salir todos los matices de la tierra, tú, inmóvil, tendida en una cama, ibas metamorfoseando silenciosamente en luz, en lo más profundo de ti misma las sombras más terribles del Mundo. Dime, delante del Creador ¿cuál de nosotros dos habrá escogido la mejor parte?”

Desde esta aceptación amorosa, Jesús en la cruz pudo convertirla en esa energía silenciosa que vence la maldad del mundo.

El sacrificio o el sufrimiento no pueden tener un valor en sí mismos. Entendido así se convierte en una peligrosa perversión del sentido de la cruz. La verdadera concepción de éste debe ser: hacia el progreso por el esfuerzo, por la superación o crecimiento. Es curioso que el signo de la +, también significa más.

Somos unidad de materia y espíritu. Somos una sola energía que va siendo más armónica y convergente, dejando a un lado el desperdicio entrópico de lo irrecuperable.

En la vida de la Iglesia, desafortunadamente hemos tenido largos períodos de la falsa comprensión de este significado santo del dolor. Por culpa del maniqueísmo, que separaba lo material de lo espiritual, como algo malo y demoníaco, el mismo cuerpo debía purificarse con cilicios y disciplinas.

Desde antes de mi  ordenación sacerdotal, viviendo junto al pueblo pobre, he podido ir descifrando su inmenso contenido humano y divino. Allí he tenido esa escuela que me ha enseñado como preñar de sentido a todo dolor físico, moral, psicológico o espiritual.

Hay que ver como mi gente del barrio sigue alegre, llena de buen humor y de esperanza. En medios sus tambores y sus danzas,  sus cuerpos expresan la libertad que tantos poderes intentan sofocar. Pero también con ellos está su espíritu lleno de resistencia cimarrona.

Para obtener este estado transformador del sufrimiento es necesario perdonar, no irritarse, tener paciencia, confianza en el corazón, pensar positivamente y sobretodo amar sin reservas.

Tengo actualmente varios amigos del alma, quienes tendidos en sus lechos resisten amorosamente esta arremetida del sufrimiento. Tengo la certeza de que están transfigurando en luz sus tinieblas, las mías y las del mundo entero. Es la metamorfosis luminosa que engendra el sufrimiento.

Precisamente aquellos amigos que recuerdo por alegría contagiosa han sido los más sufridos que he conocido. Alfredo Vargas, Tere la de Pablo VI, Toño Calle, por sólo decir algunos.

Lo que se oponga al sufrimiento no va a ser la alegría o el gozo. Hay sufrimientos que no causan tristeza.  De estos estoy hablando. Llegar a asimilar este “misterio” es el desafío más grande de la vida.

efraldana@yahoo.com

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