IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

EL VIACRUCIS

P. Efraín Aldana S.J.

28 de febrero de 2006

 


La Arquidiócesis de Cartagena elaboró un Vía crucis popular. En su preparación, coordinada por el P. Sahabel Porto, intervino la Pastoral de Liturgia y la Mariana. Estuvieron también colaborando varios laicos, como Moisés Pinaud. En él se trató de encarnar la realidad que vivimos actualmente y las principales estrategias del Plan de Pastoral.

No podemos decir que la vida humana sea toda un Vía crucis. Todos vivimos momentos placenteros, momentos de cielo sobre la tierra. Hemos experimentado, como Jesús, una infancia llena de alegrías y cuidados, aún en la niñez más abandonada de nuestros barrios populares. Lo mismo podemos decir de las celebraciones festivas, donde el pueblo trata de vivir sus sueños anhelados o el desfogue de tantos infortunios.

Surgió durante las peregrinaciones a Tierra Santa y se hacían de una Iglesia a otras. En el siglo XVII recibió la aprobación de su versión tradicional. En el año el año 2000 el Papa Juan Pablo II realizó el cambio de algunas estaciones para centrarlo más en la palabra escrita ( La Biblia)

La versión actual comienza por la Oración en el Huerto y termina con la Resurrección, las cuales no figuraban en la anterior. Pero ya no aparecen las caídas del Señor, de las cuales no habla expresamente el Evangelio.

En el texto del Viacrucis podemos tener elementos para la oración y la reflexión cristiana. Cuando una sociedad está invadida de corrupción, de la codicia de los poderosos, próxima a caer en un abismo moral, se rasga el tejido social, se vive en un mundo roto y los más vulnerables sufren la injusticia y sufrimientos, como efectos de los abusos del poder. Aquí sí podemos hablar de que el país sufre un continuo Viacrucis.

La segunda estación, dedicada a la traición de Judas y el arresto de Jesús en el Huerto nos pone a reflexionar sobre las fuerzas oscuras, que llegan a vender la dignidad de la vida. Dichas fuerzas están imponiendo la violencia que está causando en nuestro país la estampida de tantos desplazados, que llegan a sumar unos 3 millones

En la sexta estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas, se vuelve a recordar como esa violencia “lacera las capas más débiles de la sociedad. Se violan los derechos humanos en la familia: maltrato infantil, inasistencia alimentaría, hijos abandonados, padres olvidados y ancianos relegados como estorbo social”. La décima estación nos habla como con la muerte de Jesús sus seguidores se dispersan. Al igual que ellos nosotros nos sentimos impotentes y sólo el Espíritu podrá fortalecernos para ir constituyendo relaciones justas y fraternas que disipen la desunión y con lleven a la reconciliación y la paz.

En la última estación: La resurrección, tenemos ese llamado a cultivar comunidades vivas y dinámicas, donde seguirá la presencia se Jesús resucitado conformando su discipulado.

Cuando repasamos estos pasos de Jesús hasta el calvario y su resurrección nos podemos alentar en nuestro propio Viacrucis, cargarnos de la esperanza de resurrección, de trasformación personal y comunitaria en medio de los reveses de la vida. Los dolores físicos, las penas del alma, la flagelación producida por las injusticias comienzan a ser transfiguradas.

La práctica del Viacrucis no debe convertirse en un rosario de lamentos o el sólo recuerdo de una vía o camino doloroso sino especialmente un desafío para ser solidarios con el dolor del mundo, con los estragos que produce la codicia humana y a la vez saber luchar con esperanza de resurrección para ir construyendo un Hombre Nuevo, personal y comunitario. El folleto se venderá en la Iglesia de San Pedro Claver, en Santo Domingo y Casa de María de Nazareth.-

efraldana@yahoo.com

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