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La Arquidiócesis de Cartagena elaboró un Vía crucis
popular. En su preparación, coordinada por el P. Sahabel Porto,
intervino la Pastoral de Liturgia y la Mariana. Estuvieron también
colaborando varios laicos, como Moisés Pinaud. En él se trató de
encarnar la realidad que vivimos actualmente y las principales
estrategias del Plan de Pastoral.
No podemos decir que la vida humana sea toda un Vía
crucis. Todos vivimos momentos placenteros, momentos de cielo sobre la
tierra. Hemos experimentado, como Jesús, una infancia llena de alegrías
y cuidados, aún en la niñez más abandonada de nuestros barrios
populares. Lo mismo podemos decir de las celebraciones festivas, donde
el pueblo trata de vivir sus sueños anhelados o el desfogue de tantos
infortunios.
Surgió durante las peregrinaciones a Tierra Santa y
se hacían de una Iglesia a otras. En el siglo XVII recibió la aprobación
de su versión tradicional. En el año el año 2000 el Papa Juan Pablo II
realizó el cambio de algunas estaciones para centrarlo más en la palabra
escrita ( La Biblia)
La versión actual comienza por la Oración en el
Huerto y termina con la Resurrección, las cuales no figuraban en la
anterior. Pero ya no aparecen las caídas del Señor, de las cuales no
habla expresamente el Evangelio.
En el texto del Viacrucis podemos tener elementos
para la oración y la reflexión cristiana. Cuando una sociedad está
invadida de corrupción, de la codicia de los poderosos, próxima a caer
en un abismo moral, se rasga el tejido social, se vive en un mundo roto
y los más vulnerables sufren la injusticia y sufrimientos, como efectos
de los abusos del poder. Aquí sí podemos hablar de que el país sufre un
continuo Viacrucis.
La segunda estación, dedicada a la traición de Judas
y el arresto de Jesús en el Huerto nos pone a reflexionar sobre las
fuerzas oscuras, que llegan a vender la dignidad de la vida. Dichas
fuerzas están imponiendo la violencia que está causando en nuestro país
la estampida de tantos desplazados, que llegan a sumar unos 3 millones
En la sexta estación: Jesús es flagelado y coronado
de espinas, se vuelve a recordar como esa violencia “lacera las capas
más débiles de la sociedad. Se violan los derechos humanos en la
familia: maltrato infantil, inasistencia alimentaría, hijos abandonados,
padres olvidados y ancianos relegados como estorbo social”. La décima
estación nos habla como con la muerte de Jesús sus seguidores se
dispersan. Al igual que ellos nosotros nos sentimos impotentes y sólo el
Espíritu podrá fortalecernos para ir constituyendo relaciones justas y
fraternas que disipen la desunión y con lleven a la reconciliación y la
paz.
En la última estación: La resurrección, tenemos ese
llamado a cultivar comunidades vivas y dinámicas, donde seguirá la
presencia se Jesús resucitado conformando su discipulado.
Cuando repasamos estos pasos de Jesús hasta el
calvario y su resurrección nos podemos alentar en nuestro propio
Viacrucis, cargarnos de la esperanza de resurrección, de trasformación
personal y comunitaria en medio de los reveses de la vida. Los dolores
físicos, las penas del alma, la flagelación producida por las
injusticias comienzan a ser transfiguradas.
La práctica del Viacrucis no debe convertirse en un
rosario de lamentos o el sólo recuerdo de una vía o camino doloroso sino
especialmente un desafío para ser solidarios con el dolor del mundo, con
los estragos que produce la codicia humana y a la vez saber luchar con
esperanza de resurrección para ir construyendo un Hombre Nuevo, personal
y comunitario. El folleto se venderá en la Iglesia de San Pedro Claver,
en Santo Domingo y Casa de María de Nazareth.-
efraldana@yahoo.com
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