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Tere Mendoza de Berrío
fue la mujer visionaria, de corazón grande, de mirada viva y alegre.
Luchó durante 30 años para ganarle al dolor y a la muerte. Estuvo 30
años desahuciada, con un diagnóstico muy grave. Esta resistencia
espiritual la hizo sensible, creativa y tenaz.
Recuerdo que en mis
últimos encuentros con Teresita, siempre me tenía una sorpresa: -“Mira
Pachito, acabo de encontrar esta terapia para aliviar tal dolor”. “Ahora
ya puedo vivir sin el ‘bazo’ ”-había perdido este órgano y en los
Estados Unidos le habían dicho que era clave para su salud. Así, con su
vitalismo y fortaleza espiritual se mantenía con energía, pero para
ayudar a los demás. Practicaba el Yoga, con su grupo propio, la
Acupuntura, la Digitopuntura, el Reiki, las Esencias Florales y
especialmente la Oración cristiana. Siempre decía. –“Cuando el Dr.
Luis Guillermo Velez me pone sus manos, se me quitan todos los dolores”.
Un día el Señor calmó para siempre sus dolores físicos, con un abrazo
de amor eterno. Como ella lo pidió, salimos en una lancha para esparcir
sus cenizas en el mar.
Un día, el 30 de Marzo
de 1987, se conmovió al ver a dos niños en la calle disputándose un
trozo de patilla extraído de un tinaco de la basura. Desde aquí comenzó
su gran tarea de reunir a los gamines, encontrados en los rincones de
las calles, para aliviar su desamparo. Recuerdo sus primeros pasos,
encaramada en la muralla, con sus primeras colaboradoras, repartiendo
almuerzos a niños de la calle. Isabel Pérez Chahín asumió la parte
ideológica y organizativa, ayudada por su hermana Sofi, y luego le daría
un gran impulso Doña Leonor Guerrero. Se fue formando un grupo de
voluntarias, que hoy llegan a 40 y un equipo de formación, pues no sólo
se trataba de dar alimentos sino transformación humana en valores, en
reconocimiento de la dignidad humana, de las relaciones humanas y
sociales.
El 28 de julio de 1998
consiguen su personería jurídica. El Instituto Colombiano de Bienestar
Familiar, I.C.B.F, les dio la mano. Se constituye un primer Hogar: “La
Casita”; posteriormente otra cercana: “Casa Tere”, que ella no alcanzó a
conocer.
Se constituyeron
equipos de formación -espiritual, salud, convivencia familiar-
asesorados por psicólogos, médicos, trabajadoras sociales. La ausencia
de amor, desde la primera infancia puede acusar la frustración o la
violencia. El manejo de los afectos es clave para la formación de los
niños de la calle. Katia, la hija de Tere, me contó aquella experiencia
tan linda que expresaba hasta dónde llega el agradecimiento por los
afectos que se alimentan. Fue un 31 de Diciembre, cuando Tere estaba
recluida en el Hospital Bocagrande. De pronto aparecieron en la
habitación 2 gamines. “Bueno, -les preguntaron- y ustedes ¿por
dónde entraron?” Ellos sencillamente respondieron: “No nos
pregunten más nada, sencillamente no podíamos dejar pasar las doce de la
noche sin darle un abrazo a nuestra ‘madre’ ”.
Con esta filosofía se
constituyó un grupo en el Pozón con el nombre de “nuestro esfuerzo”,
que luego se convirtió en una gran concentración escolar de 1.500 niños.
Lo mismo en el Olaya el grupo inicial de “futuros valores”, con unos 400
niños, pasó a ser una concentración escolar, que hoy cuenta con 1.500
alumnos. En el año 2004 los egresados se organizaron para apoyar la obra
con su testimonio y su respaldo. En Barranquilla este Proyecto obtuvo el
impulso como otra obra paralela, bajo la inspiración de Socorro Gracia
de Vélez. Tere de Berrío con su fragilidad y sencillez se hizo
instrumento de la acción del Espíritu. La Asociación Futuros Valores
sigue viva y trabajando por los niños de la calle.
efraldana@yahoo.com
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