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Un cargador de agua de la India, tenía dos grandes vasijas que colgaba
en los extremos de un palo y las llevaba en los hombros. Una de las
vasijas era perfecta y conservaba toda el agua hasta el final del
largo camino que, a pie, recorría el cargador. Sin embargo, la otra
vasija estaba rota y sólo llegaba con la mitad del agua.
Durante dos años fue así diariamente. La vasija perfecta estaba
orgullosa de sus logros. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy
avergonzada de su propia imperfección porque sólo podía hacer la mitad
de todo lo que se suponía era su obligación. Entonces la tinaja
quebrada le habló al aguatero diciéndole: “estoy avergonzada y me quiero
disculpar contigo porque debido, a mis grietas, sólo puedo entregar la
mitad de mi carga y por tanto obtener sólo la mitad del valor que
deberías recibir.”
El aguatero le respondió compasivamente: “Cuando vayamos de regreso a
casa quiero que vayas mirando las bellísimas flores que crecen a lo
largo del camino”.
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo
largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al
final solo quedaba dentro de si la mitad del agua que debía llevar.
El aguatero le dijo entonces: “Te diste cuenta que la flores sólo crecen
en el lado tuyo? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el
lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del
camino por donde vas y todos los días las has regado. De esa manera han
brotado esas flores tan bellas”.
Todos tenemos agujeros en el alma, pero ésta no es razón para no estar
felices o ser útiles en la vida. Más bien es todo lo contrario, porque
al darnos cuenta de nuestras grietas o vacíos interiores nos hacemos
humildes y compasivos con uno mismo y con los demás. Cuando nos sentimos
poderosos e imbatibles, quizá obtengamos la admiración y los aplausos,
pero lo que vamos produciendo o entregando a los demás no está cargado
del amor misericordioso.
Muchos hombres y mujeres que han recibido heridas en el ama, por fallas
personales o por la malicia o el error de los demás, se han convertido
en personas más amables y creativas, cuando ha existido la mediación del
amor. Esta misma actitud los ha ido sanando interiormente.
Muchas veces nuestros defectos, aún nuestros pecados pueden generar
obras bellas y valiosas. La “feliz culpa” que llamaba San Pablo, nos
hace descubrir la bondad y la ternura de la salvación en Jesús. Cuando
se recibe el perdón o la sanación de una falta brota el amor agradecido.
Muestra un mayor amor a quien más se le ha perdonado.
En la vida cotidiana nos encontramos con esta experiencia: Una caída, un
error, una falta nos hace avanzar o conseguir cosas mejores y más bellas
en la vida. La naturaleza entera nos habla de esta transformación. El
loto nace sobre las ciénagas, la orquídea sobre las balsas podridas, la
perla se forma con la substancia lechosa que va cubriendo la pulpa
herida de una ostra.
En la realidad todos tenemos grietas que pueden permanecer oscuras y
dañinas o luminosas y creativas. Para que su transformación sea positiva
es necesario que se reconozcan humildemente, que aprendamos a
perdonarnos y a perdonar. Es también importante tener paciencia en la
mente y el corazón y confiar en que el futuro de la vida será positivo.
Tendremos el triunfo de la verdad, del amor y la armonía.
efraldana@yahoo.com
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