IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



HAMBRE Y VIOLENCIA EN CARTAGENA


P. Efraín Aldana S.J.


10 de abril de 2007

 


La inseguridad que vive Cartagena es algo alarmante. La bomba de tiempo, colocada desde hace años en sus entrañas, comienza a realizar sus efectos. Las causas están allí latentes: hambre, desempleo, droga, discriminación, dignidad ultrajada, ausencias de oportunidades para la gente de escasos recursos, corrupción, falta de educación política o participación ciudadana. Aquí están  los principales detonantes.

Para el 2006 se registraron 206 muertes violentas. Cartagena se coloca así en el tercer lugar de las ciudades más inseguras de toda la América y la quinta en el mundo. Para este año las cosas no han mejorado. Las muertes de la italiana Mauricia Ascoli y del empresario  francés, dispararon la alarma pero a los pocos días siguieron los asesinatos en los barrios, atracos en los buses y retaliaciones entre  pandillas.

Por años y años los sectores populares de Cartagena han vivido con casi nulas inversiones sociales para satisfacer sus necesidades de servicios y de seguridad social. Repetidamente se ha denunciado que en toda la zona de la Popa, con unas 10.000 familias, no tienen un solo Centro de salud. Somos testigos de esa cantidad inmensa de niños que se van a sus colegios sin una gota de alimento. De nada nos vale ser Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, con tantos turistas y huéspedes ilustres. ¿Dónde se quedan las ganancias, o a quien dejan sus divisas los turistas? No podemos echarnos mentiras, bien sabemos que las cadenas de hoteles Charleston, Sofitel, Hilton, extraen sus ganancias para una acumulación internacional. Aquí solo unos cuantos sirven de meseros o maleteros y el resto: al “rebusque”. Un subproducto de esta vitrina internacional ha sido el llamado “turismo sexual”.

Este fenómeno que conmueve a la Ciudad Heroica no está por fuera del fenómeno de la “parapolítica”. No se trata de hacer articulaciones forzadas. Una ciudad donde reina la sobrevivencia, el clientelismo, con líderes comunales de escasa formación política, sin  auténtica democracia, ha propiciado adhesiones al dinero fácil de los “narcos” que se alían a los paramilitares.

Los parapolíticos quieren justificar las atrocidades de los “paras” diciendo que era la forma de afrontar el peligro guerrillero. Como quien dice: frenar la violencia o el terrorismo con la misma arma. La codicia desmedida de los “narcos” articulada con estos sanguinarios paramilitares ha establecido un control político que encuentra en el clientelismo politiquero el mejor aliado. La costa, y en ella Cartagena, carga con una larga experiencia en este sucio mecanismo electoral. Una de las causas principales de este fenómeno es la pobreza y el abandono de la gente. Prolifera la corrupción. Los contratos de obra pasan por 3 o 4 manos y resultan caros y de mala calidad, llenando el bolsillo de los contratistas. Las licitaciones luego se adjudican a los trancazos y con fuerte centralismo. Los planes de desarrollo no son participativos. Los planes de vivienda de interés social son un verdadero desastre. La salud pública en estado agónico. No existe la sostenibilidad, solo improvisaciones. El hambre y el desempleo están favoreciendo un turismo sexual que crece como un cáncer social.

En fin,  nuestra situación social deplorable ha dado semáforo verde al progreso de la parapolítica, al lado de la inseguridad, el hambre y la violencia.

efraldana@yahoo.com

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