|
|
Desde la corte de
Justicia y Fiscalía se ha seguido develando la verdad, la cual necesita
también de esa Justicia y Reparación de las victimas. Estamos viviendo
un momento cumbre de la historia colombiana. Las 4000 y más tumbas,
fruto de asesinatos y masacres ya han sido denunciadas y muchas
exhumadas.
Los autores físicos e
intelectuales ya comienzan a ser señalados. La impunidad se ha quebrado.
Ahora quienes tienen miedo son los políticos corruptos y los defensores
del verdadero “Terrorismo” que ha estremecido a Colombia.
La codicia, la ceguera
del poder, las alianzas macabras del narcotráfico, paramilitares y
fuerzas del “orden” establecieron un desorden infame. Sus efectos están
superando a los desastres producidos por las guerrillas.
Michael Lapsley,
ministro de la Iglesia Presbiteriana, participó activamente en el
conflicto segregacionista de Sudáfrica. Le tocó sobrevivir a un atentado
en el que perdió sus manos, un ojo y un oído. El, víctima de la
violencia prefiere la justicia de la restauración que la del castigo o
la venganza. Defiende que “la Justicia debe restaurar las relaciones
humanas y no buscar penitencias”. Desafortunadamente, en nuestro país,
hasta la seguridad de las víctimas, en su presencia, durante las
declaraciones de los victimarios está muy amenazada. Ya tenemos, en 11
días, 3 víctimas inocentes, por esta causa. Además incendiaron la Sede
de la Liga de Mujeres Desplazadas de Turbaco. Esto nos hace pensar que
aunque el proceso sea largo y tenebroso, debe hacer triunfar la Verdad,
el Perdón y la dignidad de la Vida.
Tenemos por delante un
gran desafío: Poder encontrar una fórmula colombiana para la
Reconciliación. Los pasos necesarios son: La Verdad, la Justicia y al
final la Reparación. En nuestra Patria no se han devuelto, ni siquiera,
los bienes en poder de los victimarios. Nos atrevemos a decir que la
garantía de avanzar en ese proceso desde la búsqueda de la Verdad hasta
la Reparación es el cambio del corazón del hombre y además es importante
el encuentro de la solidaridad y la organización de las mismas
victimas. Sentir que el dolor los ha unido, que más allá de las pérdidas
dolorosas está el valor del afecto y la solidaridad que se recibe de los
que también han sufrido como él o ella. Esta recuperación psicosocial ya
se ha ido consiguiendo en el caso de “las madres candelarias”, de las
“abrazadas”, las “Provísame”. Algo semejante han comenzado a realizar
las víctimas de San Onofre. A la vez recordamos la existencia del
Movimiento Nacional de Víctimas.
Creemos sinceramente
que ante este fenómeno que está comenzando, es todo el país el que debe
estar involucrado. De allí la insistencia en la difusión televisiva,
aunque sea diferida, de este proceso. A la Verdad no se le debe tener
miedo. Claro que debe evitarse la inseguridad de las víctimas, la
revelación de intimidades o escenas que ultrajen la dignidad de la vida.
Todavía no hemos
alcanzado a comprender la trascendencia del momento que vivimos. Ahora
no se trata de hacer miradas en el retrovisor, para enjuiciar quien es
peor. Ante todo debemos mirar el futuro, contando con este hoy tan
doloroso. Tan poco se trata de enjuiciamientos partidistas. Ante todo es
un alto en el camino para escrutar el fondo de las consciencias.
efraldana@yahoo.com
| |