|
Es el don divino que
sirve de sacramento de la solidaridad humana. Es un regalo y a la vez
una conquista. Grandes realizaciones históricas llegaron a realizarse
como fruto de la amistad. Jesús llamó a sus colaboradores y a su momento
llegó a decirles: “Ya no los llamo siervos sino amigos”. Lo mismo le
aconteció a Ignacio de Loyola, quien convocó a quienes llamó amigos en
el Señor, para fundar la Compañía de Jesús.
En el rostro del amigo
se revela, como un espejo, nuestra propia personalidad, nuestras
fortalezas y debilidades. Aprendemos a apreciarnos más, a aceptar
nuestros vacíos, a desarrollar nuestra creatividad. El amigo es el
fiscal amoroso de la existencia y el chispazo que aviva nuestro sueño.
No es lo mismo oír una bella música o contemplar un hermoso paisaje solo
o en compañía. Existe una armonía en los hombres que se potencia al
vibrar con lo que emanan los amigos. Las cosas se miran más bellas y los
problemas se ven distintos, más manejables o superables.
Cuantas veces la visita
de un amigo nos ha sanado dolencias o ha dado fuerzas o luces para
encontrar la paz y la alegría del alma. Son como los emisarios de la
grandeza de la vida y defensores de su fragilidad.
Han sido mis amigos
quienes en mis noches oscuras han mantenido mis esperanzas. Son como un
ungüento que sana muchas heridas. Los amigos revelan ese misterio de la
comunión de los santos, que es el misterio sagrado de la unión que
traspasa las fronteras de la muerte. Las primeras comunidades cristianas
vivieron esta experiencia y por ello sobrevivieron a la persecución y no
pasaban ni hambre ni dificultades.
La gran prueba de la
amistad es dar la vida por el otro, especialmente por los más
vulnerables. Una tarde conté aquellos amigos del alma que habían
realizado está acción: llegaron a 22 y ese mismo año tuve que sumar 3 a
esa lista. Entre ellos recuerdo a Sergio Restrepo que dio su vida en
Tierralta. Allá lo llamaban el amigo de todos.
Cuando llegan estos
días de Septiembre, coincidencialmente celebramos también la Semana por
la Paz, y el día de los Derechos humanos. Esto me hace confirmar que la
amistad es el mejor medio de defender la dignidad de la vida. Los amigos
llegan a ser más que hermanos pues comparten tanto la grandeza de la
vida como los ultrajes que se le infieren.
Siempre he tenido la
sorpresa de recibir, en el día de la amistad, noticias de amigos de
quienes menos esperaba acordarme. Ese día me siento interconectado por
esa red invisible que cubre las coordenadas del mundo. No es casualidad
que los mismos amigos sean amigos entre sí.
La amistad es también
como el talismán que abre muchas puertas y a la vez descubre tesoros
escondidos. Tiene el peligro de aceptar complicidades oscuras, pero
otras tantas aglutinan a luchadores por la justicia.
Nacimos para crecer con
lazos de amistad para vencer las resistencias de una sociedad que tiende
a ser hostil, impersonal, competitiva, tecnificada. Es un desafío vital
que debemos asumir para sentirnos más persona, más comunicativos y por
lo tanto más humanos y felices.
Los amigos se
convierten en la memoria viva de nuestra existencia. Un rostro, una voz
amiga nos trae evocaciones felices. La amistad se torne en un canto
agradecido por la vida.
efraldana@yahoo.com
|