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La Virgen de la
Candelaria es la Patrona de Cartagena y Medellín como de otras ciudades
de la América Latina. En Colombia ella ha unido el mar a la montaña.
Fuente de luz, de paz y de ternura es como la madre que sabe de memoria
todas nuestras penas y aflicciones.
Ya desde 95 años antes
de la Conquista española (1492) se manifiesta la Virgen de la Candelaria
en las Islas Canarias, desde la cueva de Achbinico fueron los nativos,
guanches, entre ellos Antón, quienes la reconocieron. Posteriormente
fue trasladada a la cueva de San Blas.
Los
agustinos descalzos vinieron desde el desierto de la Candelaria. Desde
allí, Alonso García Paredes de la Cruz recibió la misión santa de
llevarla a Cartagena. El actual convento fue construido en el cerro y la
imagen, según el relato popular, fue encontrada en una casa abandonada
de la calle de las Damas. El día del hallazgo, la donante había
desaparecido. Desde 1606 comienza un sincretismo de esta devoción con
los ritos yorubas, en concreto con Yemayá.
Alrededor de su fiesta
se fue gestando nuestra vida religiosa, cultural y social. En la
celebración con cabalgatas, corralejas, festival del Frito, bailes,
también se gestó la coreografía de la cumbia. Muchas familias subían
durante la novena y permanecían los 9 días y luego se empalmaba con el
Carnaval. El 3 de febrero era el día dedicado a los esclavos que subían
tras la Misa Mayor con sus cabildos de mil colores y sus danzas alegres.
Durante las noches se montaban los salones de bailes: “las blancas de
Castilla” “los pardos”, “el de las gaitas” de los indios. Otra de los
mestizos al aire libre con tambores de la gente pobre: pardos, negros
libres y esclavos, labradores, carreteros, pescadores. Existía también
el de los “blancos de la tierra” con música de cuerda y el salón de las
“cuarteronas”: costureras, modistas, bordadoras, cigarreras.
La caña de azúcar en
las festividades de la Virgen de la Candelaria, está relacionada con las
romerías de los negros esclavos o peones de Sincerín y haciendas
aledañas. La caña les servía además para tener energía en la subida a la
cima de la Popa. Los fritos, preparados para la venta, luego habrían de
formar el “festival”. Entre ellos, el buñuelo de frisol, que en el
Brasil se denomina “acaraia” y forma parte del rito Yoruba del Candomblé,
que luego las maesantas se encargan de vender. Ha existido un
sincretismo con la Yemayá de los Yorubas, de aquí que los colores azul y
blanco, la resaltan en su relación con la luz y el mar.
Este año, en el segundo
día de la novena, mientras subía con la gente las faldas de la Popa y
miraba sus rostros, sentía cómo esta Madre, asentada sobre el cerro con
la silueta de un barco a punto de sumergirse, que deja visible su Popa,
los había consolado, los había salvado tantas veces de tantos
naufragios. Recordaba como los habían engañado más de dos años esperando
una casita, a los damnificados, de aquel desastroso invierno. Sentía la
zozobra de tantas víctimas de esta violencia infernal, por tantas
masacres, tantos asesinatos, tantos desplazados y torturados y que ahora
comienzan a entrever la Verdad y la Justicia. Las víctimas esperan con
cierto temor y ansiedad que se haga reparación, que no siga la
impunidad.
Madre bendita de la
Candelaria, te pedimos, que esta Colombia golpeada por tanto infortunio,
reciba tu luz, tu ternura que suaviza la amargura de la vida y refuerza
la resistencia.
efraldana@yahoo.com
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