IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



LA CANDELARIA


P. Efraín Aldana S.J.


13 febrero de 2007

 


La Virgen de la Candelaria es la Patrona de Cartagena y Medellín como de otras ciudades de la América Latina. En Colombia ella ha unido el mar a la montaña. Fuente de luz, de paz y de ternura es como la madre que sabe de memoria todas nuestras penas y aflicciones.

Ya desde 95 años antes de la Conquista española (1492) se manifiesta la Virgen de la Candelaria en las Islas Canarias, desde la cueva de Achbinico fueron los nativos, guanches, entre ellos Antón, quienes la reconocieron.  Posteriormente fue trasladada a la cueva de San Blas.

Los agustinos descalzos vinieron desde el desierto de la Candelaria. Desde allí, Alonso García Paredes de la Cruz recibió la misión santa de llevarla a Cartagena. El actual convento fue construido en el cerro y la imagen, según el relato popular, fue encontrada en una casa abandonada de la calle de las Damas. El día del hallazgo, la donante había desaparecido. Desde 1606 comienza un sincretismo de esta devoción  con los ritos yorubas, en concreto con Yemayá.

Alrededor de su fiesta se fue gestando nuestra vida religiosa, cultural y social. En la celebración con cabalgatas, corralejas, festival del Frito, bailes, también se gestó la coreografía de la cumbia. Muchas familias subían durante la novena y permanecían los 9 días y luego se empalmaba con el Carnaval. El 3 de febrero era el día dedicado a los esclavos que subían tras la Misa Mayor con sus cabildos de mil colores y sus danzas alegres. Durante las noches se montaban los salones de bailes: “las blancas de Castilla” “los pardos”,  “el de las gaitas” de los indios. Otra de los mestizos al aire libre con tambores de la gente pobre: pardos, negros libres y esclavos, labradores, carreteros, pescadores. Existía también el de los “blancos de la tierra” con música de cuerda y el salón de las “cuarteronas”: costureras, modistas, bordadoras, cigarreras.  

La caña de azúcar en las festividades de la Virgen de la Candelaria, está relacionada con las romerías de los negros esclavos o peones de Sincerín y haciendas aledañas. La caña les servía además para tener energía en la subida a la cima de la Popa. Los fritos, preparados para la venta,  luego habrían de formar el “festival”. Entre ellos, el buñuelo de frisol, que en el Brasil se denomina “acaraia” y forma parte del rito Yoruba del Candomblé, que luego las maesantas se encargan de vender. Ha existido un sincretismo con la Yemayá de los Yorubas, de aquí que los colores azul y blanco, la resaltan en su relación con la luz y el mar.

Este año, en el segundo día de la novena, mientras subía con la gente  las faldas de la Popa y miraba sus rostros, sentía cómo esta Madre, asentada sobre el cerro con la silueta de un barco a punto de sumergirse, que deja  visible su Popa, los había consolado, los había salvado tantas veces de tantos naufragios. Recordaba como los habían engañado más de dos años esperando una casita, a los damnificados, de aquel desastroso invierno. Sentía la zozobra de tantas víctimas de esta violencia infernal, por tantas masacres, tantos asesinatos, tantos desplazados y torturados y que ahora comienzan a entrever la Verdad y la Justicia. Las víctimas esperan con cierto temor y ansiedad que se haga reparación, que no siga la impunidad.

Madre bendita de la Candelaria, te pedimos, que esta Colombia golpeada por tanto infortunio, reciba tu luz, tu ternura que suaviza la amargura de la vida y refuerza la resistencia.

efraldana@yahoo.com

© 2006