IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



LA CREATIVIDAD

P. Efraín Aldana S.J.


11 de abril de 2008

 

La  creatividad es un valor humano muy precioso y divino. Es lo que más nos acerca a la acción de Dios: crear. Santa Teresa decía que “así como Dios nos creó de la nada, tenemos que estar vueltos “nada” para poder “crear”. Sin embargo  creemos que esa aseveración se refiere más al despojo y a la humildad y no tanto a las condiciones socioeconómicas. Al contrario, necesitamos un cierto nivel de satisfacción corporal, psíquica y espiritual para poder producir. Somos energía y si no la cargamos no funciona.

También es necesario un estado interior de gozo, de satisfacción personal o autoestima para que se desencadene nuestra fuerza creadora. Para esa sensación de gozo es necesaria la relajación, la ausencia de tensiones, la alegría de la vida, el optimismo y especialmente la armonía. Vivir en el  agite, en la angustia de la sobrevivencia o bajo tensiones internas y externas no es apropiado para un ambiente de creatividad. Los grandes artistas del Renacimiento necesitaron de mecenas generosos que los apoyaron. Con hambre y sin techo, con urgencias económicas o psicológicas no podemos dar rienda suelta a la inventiva.

La creatividad nos hace libres y a la vez siendo libres nos volvemos creativos. A través de la cultura se han producido grandes liberaciones. La gesta liberadora de la Biblia, representada en la marcha del pueblo judío, desde la esclavitud de Egipto hasta la Tierra Prometida se mantuvo con la memoria de grandes himnos que alentaban el camino libertario. Por las noches el pueblo los escuchaba. Entre ellos pueden resaltarse el Himno de Moisés, el de Judith, y el de Débora. Más cercano a nosotros tenemos la marcha de los zapatistas, desde las selvas de Chiapas hasta el zócalo de México. Mediante signos y cantos  recordaban los sufrimientos padecidos, el olvido a que fue sometido por parte del gobierno y sus derechos silenciados.  

La creatividad mantiene viva la memoria cultural de los pueblos destacando la vivencia de lo cotidiano y la celebración de los eventos destacados en su historia. No solo rescata las raíces sino que alimenta el crecimiento del árbol cultural. Esta creatividad echa mano de lo gestual, de lo simbólico para construir imaginarios colectivos. En este sentido lo colectivo ha de tornarse en participación ciudadana, en apropiarse de lo público, de la calle, de la ciudad, para crear solidaridades que vayan abriendo un mundo nuevo, donde quepamos todos, con equidad y justicia.

La creatividad aporta caminos de paz, oxigenando la vida y sanando la sociedad rota y asfixiada. Cuando aparecen nuevos espacios y oportunidades comenzamos a rescatar la esperanza.

La creatividad necesita del amor y a la vez lo suscita. Cuando uno haya sido tocado por esa emoción primaria del amor, la imaginación se enardece, las imágenes brotan, los sueños nacen permanentemente y la vida se embellece por los colores y espacios que aparecen en el horizonte. Comienzan a desaparecer los miedos y nos sentimos cargados de energía. Aquí se encuentra un punto clave de la creatividad: la fuerza energética, chispa divina que nos asemeja al creador. Toda ella es como un surtidor que se difunde en armoniosa cadencia. La energía es armonía, es arte creador que revela toda la dinámica amorosa que llevamos en el alma.

Como vemos, la creatividad diluye los miedos, aumenta la autoestima y el gozo existencial. Es conveniente apoyarnos en la lúdica para superar los miedos y aumentar la creatividad. Cuando jugamos no nos aterra equivocarnos, no sentimos la amenaza del castigo. Si alguien comete un error se recibe entre risas y festejos.

La creatividad disipa los males de este mundo, llenándonos de esperanza y felicidad.

efraldana@yahoo.com

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