IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



LA FELICIDAD


P. Efraín Aldana S.J.


27 de julio de 2007

 


Hemos sido creados para ser felices. No hay lógica que algo creado con amor, para cumplir una misión tan importante: ser cocreador y transformador del mundo, tenga una finalidad autodestructiva y de dolor. El sufrimiento es causado por una desarmonía, engendrada por el mismo hombre.

Este tema de la felicidad ha sido tocado en la literatura, la música, la psicología, la teología. Es tan importante para la vida como el amor y la paz. Además tiene con ellas una relación muy estrecha. Es muy significativo que los cantores y poetas y el mismo Evangelio de Jesús lo presenten como una tensión que invita a la esperanza. “Canto alegre del que espera un nuevo día”…. “Felices los que sufren, porque ellos han de recibir el consuelo”( Mt 5.4). Recordemos que los momentos más felices de nuestra vida siempre estuvieron precedidos por el vacío, la amargura o el dolor. Precisamente, porque como la paz y el amor es una conquista y un don que se manifiesta como luz tras la tormenta.

Conseguimos la felicidad cumpliendo la voluntad de Dios. El problema está en saber encontrar ese camino. Este proceso llamado “discernimiento” tiene pasos claves que nos dan luz para poder acertar. Un punto de arranque es la transparencia de nuestro ser que se va consiguiendo con una permanente vigilancia de la vida interior. Si no nos hacemos trampa, si nos jugamos limpio, comenzaremos a ser felices. Como el camino es largo, tenemos que ser ligeros de equipaje, contentarnos con poco, pero sabiendo saborear las cosas pequeñas, los detalles sencillos de la vida. Disfrutar el Hoy, sin ansiedades por el futuro ni nostalgias por el pasado. Además, debemos sentirnos útiles en lo que hacemos.  No se trata de ser efectivos sino fecundos, lo cual no se consigue con brillos externos, sino con la paciencia, la constancia, con ese silencio escondido del servicio desinteresado.

Este “discernimiento” nunca nos debe llevar a los extremos, a ser tan pobres y sacrificados que aún atentamos contra la salud. Tampoco llegar al extremo en el exceso en el tener y en el disfrute. Aquí Confucio, Aristóteles, Buda, Ghandi y Jesucristo nos enseñaron mucho.  Confucio era el defensor de la sinceridad de los propósitos, de la reciprocidad, de la benevolencia y del amor. Era el hombre que defendía la adquisición del bienestar o felicidad, mediante la práctica de las virtudes familiares y cívicas.  Aristóteles, afirmaba que la persecución del bien, que es la felicidad, nacía del equilibrio entre el intelecto y el elemento animal, entre la razón y la materia. Luego Buda defendió que para vencer el sufrimiento humano hay que superar las pasiones e irse superando permanentemente hasta el Nirvana. La Buena Noticia del Reino, en Jesús, va a consistir en la llegada de ese Reino de Amor o Misericordia que trae el gozo profundo del alma, para quien es humilde, despojado de encumbramientos y dócil a la acción del Espíritu. En esta docilidad, como dirá San Ignacio de Loyola, ha de primar el “Tanto cuanto” o equilibrio de tanto disponer de un bien, en cuanto lo necesitemos. Creemos también que la Filosofía de Ghandi, con la No-violencia activa, es la renuncia al extremo de la violencia, pero guardando un equilibrio interior que lo lleve a atacar la consciencia del  victimario.

En esta búsqueda la paz debe ser nuestra compañera. Todo aquello que nos produce desasosiego no es de Dios y por lo tanto no nos conduce a la verdadera felicidad. En este campo  los problemas son inmensitos, pues el inconsciente nos hace la mala jugada  y nos puede mantener en la incertidumbre. Es preciso mantener una armonía interior, aquí el cuerpo humano juega un papel importante para evitar todo stress.

efraldana@yahoo.com

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