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La Navidades el tiempo de las grandes sorpresas. Lo
que menos esperábamos es lo que acontece. Es la réplica constante de la
experiencia inefable de lo mismo que sucedió hace más de 2.000 años. A
todos desconcertó que un Salvador del Mundo naciera sin ningún tipo de
poder, de ostentación o de grandeza: pobre, escondido en una cueva, en
el silencio de la noche, desconocido y solo descubierto por unos
pastores. Cada año me llevo la gran sorpresa de recibir tarjetas y
regalos de los que menos pensaba y por el contrario a los que más le
envío detalles, esos poco que se manifiestan.
Además, es el momento de expresar la solidaridad, el
interés por los demás, de demostrar que todo es un don. De allí los
regalos, los aguinaldos, las sorpresas para los amigos. En cada Navidad
me encuentro mucho con los que sufren, con los olvidados, los segregados
o estigmatizados. Me basta entrar a las casitas del filo de la Popa. Me
llaman para contarme muchas penas y sinsabores. Pero a la vez es el
tiempo propicio para vivir de la esperanza del nacimiento de algo nuevo,
distinto y mejor. Navidad va a llegar a nuestros corazones, cuando no
nos aplastan los pesares, cuando no nos amargan las decepciones, ni
quedamos paralizados por las tribulaciones. En Navidad la luz brilla en
las tinieblas. Es el tiempo de disfrutar de las comidas, aunque en
muchas ocasiones hasta se pase hambre. Es el momento para cantarle a la
vida, aunque muchas lágrimas y tristezas nos empapen el alma.
Con la Navidad se destaca el derecho a la vida,
especialmente a la vida digna. Por eso en este tiempo debemos recordar
tantos atentados contra la vida. Es escandaloso que cada segundo se
muere un niño de hambre en el mundo. En Colombia tres al día. En nuestro
país existen dos mil niños prostituidos. Medio millón de ellos están
esclavizados a un trabajo inhumano e injustamente remunerado. Hasta el
año pasado existían seis mil incorporados a grupos armados. Hoy, a
pesar, de la entrega de armas en las reinserciones creemos que ese dato
sigue igual. Debe ser motivo también de mucha preocupación los miles de
niños que en Colombia conforman las pandillas urbanas. Navidad es así un
grito en la noche para que se defienda la dignidad de la vida ultrajada,
para que se adopten los medios de rescate del autoestima de los menores.
Que se les defienda su dignidad y se trate de desarrollar sus
habilidades, sus valores, sus talentos.
Navidad es el tiempo propicio para recordar que la
salvación viene desde abajo. No la esperemos de los poderes encumbrados,
de los macroproyectos sin participación, ni compromiso de la población
vulnerable, que ha ser la benefactora. Hoy, los Foros Sociales Mundiales
declaran “que no estamos solos” y “que otro Mundo es posible”. Es el
mismo Mensaje de Navidad . Fue el camino escogido por Dios para
encarnarse: desde abajo, con la solidaridad no tanto económica sino
humana, afectiva., señalando nuevos caminos. Jesús aparece en la
historia en “contracorriente” del modo común de operar sobre la tierra.
Ayer como hoy prima la ostentación, el imperio del dinero, del
consumismo. El niño de Belén aparece desnudo, sin cuna de oro.
La mirada de Navidad está cargada de optimismo. En
medio de las privaciones, del rechazo, se manifiesta la luz de lo alto.
Por eso brillan las velitas y los bombillos de colores, se cantan
villancicos y se celebra la vida. Quiero decir: la vida verdadera,
aquella que crece como los arbolitos: en silencio, bañada por la luz y
el agua del cielo y la bondad del abono humano.-
efraldana@yahoo.com
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