IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



LA SALUD


P. Efraín Aldana S.J.


26 de septiembre de 2007

 

La falta de amor en el universo con los demás y con cada uno, está produciendo la enfermedad cósmica y personal. Vivimos en un mundo roto: Un ambiente lleno de polución, bajo un calentamiento constante, en una sociedad averiada por el egoísmo y con personas que parecen no tener alma, por la codicia destructiva que abrigan en el corazón. Teilhard de Chardin había dicho “Después de conquistar el espacio, los vientos los mares y la gravedad, conquistaremos -en el nombre de Dios- las energías del amor y ese día, por segunda vez en la historia habremos descubierto el fuego”

Lo grave de lo expresado por este profeta actual consiste en que ese fuego no ha sido de amor constructor sino de guerra destructiva. En esto consiste la enfermedad actual. Cuando hay afecto se levanta como una burbuja protectora que defiende al hombre desde la niñez. El amor también sana de inmediato. Recuerdo aquella fiesta de cumpleaños que celebrábamos con los menores trabajadores de las faldas de la Popa de Cartagena. Un niño de apellido Gulfo tenía una fiebre muy alta. Al final de la partida de la torta, de los cantos de “feliz cumpleaños” y de los aplausos, quedó totalmente sano.

Además, la energía del amor es contagiosa. En otra ocasión visitábamos a una cieguita, con las piernas amputadas, quien vivía en un cuartito pequeño y miserable. Pero Teresa vivía sonriente, siempre alegre, contando bellas historias. A la salida de esa visita, Chave, otra señora del barrio me decía: “Mire, Padre Pacho, yo llegué con tristeza y hasta con dolor de cabeza, pero he salido alegre y llena de esperanza”.

Podemos decir que la enfermedad es la ausencia de esa armonía entre la mente, el corazón y el espíritu. El cuerpo sano sabe armonizar su materialidad, su psique, su alma y el entorno. Hay un adagio chino que dice que nos enfermamos por lo que pensamos, lo que comemos y lo que heredamos. Podríamos añadirle también por lo que sentimos y aspiramos del ambiente.

En resumen, la buena salud no es un estado sino un proceso que busca el equilibrio para defenderse de las toxinas que le llegan desde fuera a la mente y al corazón. A la vez hay que mantener la armonía en el metabolismo, el cual tiene que ver con la digestión, con los estados del ánimo, a fin de que se  expulsen las tensiones y se sostenga el gozo y la paz.

Para lograr esa armonía saludable de las células, en su funcionamiento, la medicina “ayurvédica”, como sabiduría de la vida o ciencia de la vida y de la longevidad, nos habla de las “doshas”: Vata, Pita y Kapha, que equivalen a la división de cerebrotónico, praxotónico y agapetónico. Los vatas son las personas delgadas, frías, activas, rápidas que gustan de lo dulce y lo salado. Los Pitas son los agudos, corpulentos, algo fuertes, que prefieren el sabor amargo y por último los Kapha son los gruesos, amables, lentos, calmados, que prefieren el picante. Hay que tender al equilibrio de los tres. Además armonizarse con las situaciones mentales que eviten la ira, la droga, la falta de voluntad y activen el perdón, la creatividad, la satisfacción, la solidaridad, el silencio u oración.

Como consecuencia una comida equilibrada debe contener los sabores: Dulce, salado, amargo, astringente y picante y los colores variados: rojo, blanco, amarillo y azul, principalmente. Debemos, además ir combinando los cuatro elementos del universo: agua, aire, fuego y la tierra. Los efectos del primero son tranquilidad, paz y limpieza. Los del segundo son la suavidad y la inflación que a la vez puede ser peligrosa, el fuego que da energía y la tierra que convoca al trabajo.

efraldana@yahoo.com

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