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Acabamos
de celebrar el día de la tierra. Ya van 4.500 millones de años, desde su
formación. Aparecen en grandes líneas: el calentamiento global, la
ruptura de ecosistemas, los 11.000 millones de árboles talados, la
contaminación del aire, las especies extinguidas, la energía mal
gastada, pero nunca se habla de que ya hay menos fumadores, de que
existe más oración, más búsqueda de armonización corporal, ambiental y
relacional. Tampoco se habla de mayor solidaridad, unión y
organizaciones, especialmente ambientales, solamente en Cartagena
existen más de 300 de estos movimientos. Mucho menos se hace mención de
la mayor transparencia y libertad en el ser humano. Y escasamente se
hablará de la mayor justicia y del acrecentamiento del amor en el mundo.
Procuramos
no esconder los peligros de destrucción, los abusos contra la tierra, ni
ocultamos la enfermedad cósmica que padecemos. Pero tenemos que
reconocer que poseemos técnicas y remedios para sanar las heridas de ese
universo roto. Existen purificadores de aire, tecnologías médicas
avanzadas, medios bioenergéticos, búsquedas de armonizaciones y
sanaciones del alma que han de repercutir en irradiaciones positivas de
energía hacia todo el medio ambiente. La clave está en mirar el problema
no solo desde el punto de vista físico o material sino integralmente,
más holísticamente. De esta manera todo lo que sane nuestro cuerpo,
nuestra mente, y nuestro espíritu irá sanando el entorno y haremos
avanzar la convergencia armoniosa del Universo. Seguirá existiendo lo
entrópico, no recuperable en esa marcha ascendente hacia la mayor
plenitud del ser, pero siempre son mayores los avances técnicos, humanos
y espirituales. Caminamos hacia una mayor convergencia evolutiva, como
lo demostró Teilhard de Chardin.
Es muy
cierto que la energía atómica destruyó, y causó dolores y
desesperación, pero esa misma energía ha salvado vida en técnicas
médicas tradicionales o bioenergéticas, aprovechando los quantum de
energía, las vibraciones y emisiones cromáticas y electromagnéticas que
destruyen los radicales libres, productores de cáncer y restablecen o
sanan tejidos cancerosos. Y en las máquinas sofisticadas del desarrollo
son miles y miles las innovaciones realizadas.
La mirada
impaciente y pesimista está propagando realizaciones de acciones, que no
las censuramos, sino que nos indican que no han percibido otros medios
quizá más eficaces y sostenibles que se engendran desde el fondo del ser
humano. Así se lanzan las siembras de miles y miles de arboles,
propaganda para no usar aerosoles, deshacer los plásticos, promoción de
uso de las bicicletas, cambio de gas por gasolina y otros por el
estilo. Nosotros queremos llamar la atención a la existencia de muchas
prácticas corporales y grupales como son el cuidado del cuerpo, su
relajación, su armonía, su vibración, serena y en paz, la adquisición de
higienes mentales, de discernimientos en oración y diálogo, la afinación
del Espíritu. Para ir adquiriendo esta pedagogía es necesario ir
teniendo una visión mística de la creación. Como decía Teilhard “Para
llegar hasta ti, materia, es necesario que partiendo de un contacto
universal, sintamos poco a poco como se desvanecen entre nuestras
manos, hasta que nos encontramos frente a la única
esencia de todas las consistencias y de todas las uniones”. Es la
perfección de la gran unidad, embellecida por la presencia de Jesús,
como lo cantaba Juan de la Cruz o mediante la contemplación para
alcanzar el amor de Ignacio de Loyola. Es necesario además para avanzar
en esta percepción positiva de la vida y por tanto de la tierra,
percibir los miles y miles colores, formas y texturas de las flores o
los miles de tonos de un mismo color verde en la naturaleza. Admirar el
vuelo en V de las gaviotas para protegerse y avanzar con rapidez.
Constatar que existen otras formas de energía, todavía no descubiertas,
ubicadas en el centro de la tierra.
efraldana@yahoo.com
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