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La fiesta principal de la
orden del Carmelo era originalmente la Asunción de la Virgen (15 de
septiembre). Posteriormente, entre 1376 y 1386, escogieron el 16 de
julio, ya que en esta fecha según la tradición carmelitana, la Virgen
María se apareció a San Simón Stock y le dio el escapulario.
Hoy, por todo el mundo
esta devoción mueve a muchedumbres de cristianos que sienten en ella una
gran protectora. Esta preferencia quizás se explica por la misión, que
se le adjudica y que vemos plasmada en su estampa, como: redentora de
las almas en pena. Pocas son las misas comunitarias en las Parroquias
que no se ofrezcan por las animas del Purgatorio. En el umbral
inmanipulable entre la vida y la muerte, es importante pedir la
protección de la madre protectora, tierna y misericordiosa, que puede
alentar e iluminar ese trance.
Esta manifestación de la
maternidad universal, orientada a salvaguardar la vida se extiende a
todos aquellos que más la exponen en esta tierra: transportadores,
aviadores, taxistas, y aún los mercados, donde se juega la subsistencia
diaria. Todos ellos tienen a la Virgen del Carmen como su patrona.
Esta Virgen, tan popular,
es la que más conmueve el corazón de los fieles. Como dice su oración
popular. “Elías fue el fundador, quien fundó este Carmen Santo que en el
infierno puso espanto y en el cielo flores de amor... Virgen sin
comparación, Madre del Verbo Divino, échanos tu la bendición, llévanos
por buen camino”. A lo largo de nuestra parroquia popular caminamos con
su procesión al son del bullarengue y de la cumbia, con tambores,
gaitas y comparsas. Es la fiesta de un pueblo alegre y vitalista en
medio del abandono, el terror y la violencia.
Ante cada altar le
cantamos el vallenato de Diomedes, con las nostalgias de los hombres y
los lamentos de las madres. Pero a la vez con la alegría de esa gente
que ama la vida y por eso la quiere poner en sus manos. Que guarda mucho
cariño y sentimientos reprimidos y quiere darle rienda suelta en ese
día. La sabiduría del pueblo sabe que el purgatorio (“purificación”)
comienza en esta tierra y necesita hacer público el reclamo de
protección.
La purificación o
purgatorio son todos esos fracasos, dolores corporales y del alma,
angustias y desengaños. La madre del cielo sabe de memoria nuestros
sufrimientos, pero es necesario que los abracemos en la fe.
Es interesante que las
fiestas de los santos, al igual que los difuntos, tengan novenarios. Es
el símbolo de la súplica por una nueva vida, al igual de la madre que ha
de esperar los nueve meses para alumbrar el hijo. El requisito de ambos
casos para conseguir la sanación, resurrección o salvación es la fe. Sin
ella experimentaremos siempre la frustración.
La intercesión de la
Virgen del Carmen se torna definitiva en la construcción de un “hombre
nuevo”, que ha de pasar por noches oscuras, como purgatorio hacia la
luz. En ese desafió esta incluida la construcción de un “país nuevo”,
donde quepamos todos, como hijos de un mismo Padre y abrazados por la
ternura de la Madre.
Madre del Carmen te
pedimos por esta Colombia desangrada para que cese pronto su
“purgatorio”.Nuestro pueblo está acosado por muchos peligros y abusos.
Cuando veo las multitudes que la siguen en las procesiones es como un
lamento ante estos infortunios
efraldana@yahoo.com
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