|
|
El hábitat humano es una de las necesidades más urgentes de la vida.
Cada vivienda es como un “microcosmos protegido”. En ella existen los
elementos principales de la naturaleza: Luz, aire puro, agua, arbolitos
frutales y flores, aunque sean en materas. Tiene que estar diseñada para
el desarrollo humano: personal, familiar y comunitario. Aunque la
familia y la comunidad no estén bien integradas. Las áreas internas y
los electrodomésticos han de facilitar el aseo, la seguridad alimentaría
y la comunicación ágil, rápida con el mundo.
En Colombia hay un déficit de más de un millón de viviendas; en sólo
Cartagena faltan 120.000. Lo más triste es el hecho que la construcción
se realiza por economía de escalas, donde las empresas constructoras
sacan enormes utilidades con materiales deficientes y, por lo tanto, de
baja calidad. Terminan siendo unas “cajitas de fósforos” y las
urbanizaciones terminan sin áreas verdes y recreativas adecuadas.
Sentirse feliz en una casa, en una urbanización de un barrio
disminuye los niveles de violencia, aumenta la salud, suscita la
solidaridad, la creatividad y la autoestima. Habrá por lo tanto menos
enfermos, más alegría y participación total. Estaremos construyendo
ciudad, la convivencia y la formando personas más armónicas, felices y
productivas.
Creemos que en todo el país se ha acertado muy poco en la solución de
vivienda popular. Los modelos no pueden ser calcados. No es lo mismo
construir para Bogota, Villavicencio, Pamplona o Cartagena; debe tenerse
en cuenta lo topográfico, lo ambiental y lo cultural.
En muchas zonas del país han prosperado las autoconstrucciones aún
verticalmente, con tres o cuatro pisos. La Asociación de Vivienda
Popular “Camilo Torres”, adelantó este modelo en Dos Quebradas (Risaralda)
por la década de los 80. Inclusive construyeron puentes
comunitariamente. La organización técnica y social se vuelve más
exigente, pero se consiguen resultados admirables.
Aquí en Cartagena, la Pastoral Social, terminó un proyecto de 216
mejoramientos de vivienda por autoconstrucción en el Pozón, el Educador,
San José de los Campanos y Villa Hermosa. En seis meses se organizó la
comunidad y se atendió la parte psicosocial y alimentaría. En total se
gastaron 300 millones; en cualquier otro plan de construcción el costo
sería cinco veces mayor.
Actualmente aplaudimos el método de autoconstrucción aprobado por el
Ministerio de Vivienda. Seguimos lamentando lo errores consecutivos que
hemos tenido en Cartagena por los proyectos de la Colombiatón y Flor del
Campo. La primera ha tenido intervenciones desacertadas por parte del
Ministerio de Vivienda, del Comité Técnico y de la empresa constructora
Compartir. Queremos tan sólo retomar unas preguntas claves: ¿Por qué se
escogió ese lote, siendo conocida la existencia de las canecas
enterradas por la Federación Nacional de Algodoneros? ¿Porque no existió
desde un principio por parte del Ministerio la disposición de un
muestreo técnicamente elaborado para detectar las zonas de alta
contaminación? ¿Por qué manejaron todo con gran hermetismo, sin
presencia de la comunidad, de la Personería, entre otras, para el
desarrollo transparente del proyecto? Para el caso de Flor del Campo
existe algo parecido. Aquí no se trata de tóxicos sino de tierras bajas,
anegadizas, con costos excesivos de canalización y rellenos… ya llevan
más de 1 año y medio de retraso….
Conocemos el interés de la Administración Distrital, por el método de
la autoconstrucción. Sería importante para el nuevo POT un ajuste de las
áreas más adecuadas para la vivienda popular, con posibilidades de
infraestructura menos costosas. Además es urgente un estudio más
detallado técnico y social de la Popa que sirva de base a un
macroproyecto de solución integral.-
efraldana@yahoo.com
| |