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En un crudo día de
invierno, un anciano tembloroso fue llevado a los tribunales: Se le
acusaba de haber robado un pan. Al ser interrogado, el hombre explicó al
juez que lo había hecho porque su familia se estaba muriendo de hambre.
La ley exige que Usted
sea castigado –declaro el juez–. Tengo que ponerle una multa de 5000
pesetas. Al mismo tiempo metió la mano en su bolsillo y dijo: Aquí tiene
Usted el dinero para pagar su multa y además prosiguió el juez –pongo
una multa de 100 pesetas a cada uno de los presentes en esta sala, por
vivir en una ciudad donde un hombre necesita robar pan para poder
sobrevivir–. Pasaron la bandeja por el público y el pobre hombre,
totalmente asombrado, abandonó la sala con 5000 pesetas en su bolsillo.
Esta lección sería muy
buena aplicarla en el mundo entero. Sabemos que cada día, treinta y
cinco mil niños se mueren de hambre y otros treinta y cinco mil adultos
igualmente. En Colombia, la situación también es dramática. El 42% esta
sumido en la pobreza y la desnutrición; éstas ponen en peligro de muerte
a muchos niños inocentes. El 20% que acapara la riqueza nacional no
recibe la sanción de la ley que lo grave a favor de los que padecen
hambre. La represión no puede ser el mejor medio para detener los robos
y los atracos.
En un país donde el
desempleo, según los datos más conservadores, está por el 14% y el
subempleo en el doble de ese porcentaje, es urgente encontrar caminos de
redistribución justa del capital y las ganancias.
Según Amartya Sen,
premio Nóbel de economía, esa pobreza no es producida por los ingresos
escasos sino por la limitación en la libertad de elección, por un
recorte en el desarrollo de las habilidades de los mismos empobrecidos.
Esto nos lleva a solicitarles a los gobiernos un cuidado especial en
procurar espacios de desarrollo para la creatividad popular en artes y
oficios. Existen muchos talentos escondidos en los extramuros de las
ciudades. La música, la pintura, la escultura, el teatro, las
artesanías, son campos que necesitan ser más impulsados por las
instituciones gubernamentales, pero también por las ONG y los gremios.
El PNUD, está desarrollando en varias regiones del país ese intento por
superar la pobreza, teniendo en cuenta los desafíos del Milenio y la
participación creativa de la misma comunidad.
También queremos
reconocer la importancia del proyecto emprendido por la Alcaldía de
Cartagena de “Lucha contra el Hambre”. Ya se están terminando de adecuar
sitios en Lomafresca, San Francisco -sector África-, Villa Corelca,
Henequen y Nazareno, entre otros, para tener comedores, panadería, con
la participación organizativa de las mismas comunidades y que podrían
ser complementadas con talleres de formación integral que vaya elevando
la autoestima, la dignidad de la vida y la participación comunitaria.
Luchar contra la
pobreza es luchar por la defensa de la dignidad de la vida. El corazón
endurecido del hombre y la complicidad de los gobiernos con el imperio
de la globalización, han socavado el desarrollo del ser humano. Cuando
Jesús quiso que se asimilaran sus principios transformadores del hombre
y se fuera consiguiendo la plenitud humana y del cosmos, no dudó en
multiplicar el pan para todos y en denunciar las injusticias que
impedían ese acceso equitativo a los bienes de la tierra. A Jesús le
dolía en el alma que los bienes de la tierra fueran manipulados por unos
pocos, ultrajando la dignidad de la vida.-
efraldana@yahoo.com
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