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“Yo para allá no me voy, con esos olores tan
terribles”, decía una de las futuras beneficiarias de “la Colombiatón”,
de las ubicadas en el cerro de la Popa, sector la Paz. “Ellos no nos van
a responder por lo que nos pase en el futuro”, comentaba otra y la
tercera también agregaba: “Uno va a tener riesgos por todos lados”. Las
familias favorecidas colaboran con parte de la mano de obra o el
equivalente a $1.300.000. Todas ellas se quejaban que nunca quisieron
atenderlas en las oficinas de la constructora “Compartir”. Algunas se
han arriesgado a visitar, por su cuenta, el avance de las obras y solo
se han enterado por los medios de comunicación de las restricciones que
imponían los expertos evaluadores de PNUMA (Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente), contenidas en la resolución Nº 1938 del
Ministerio del Medio Ambiente. Ya sabemos en qué consisten algunas de
esas precauciones:
- Todos los pisos deben ser cubiertos con cemento con
espesores que minimicen la interacción con el suelo por parte de la
población.
- No es posible la siembra de vegetación directamente
en el suelo. Ni arbolitos, ni grama, ni siquiera una flor.
- Se restringe la modificación de las construcciones,
en lo que respecta a bases y cimientos.
“Yo vengo del campo y sin los arbolitos, yo no puedo
vivir”, comentaba sobre lo anterior, Julia Torres. Otro amigo,
funcionario, durante muchos años de la Organización Mundial de la Salud
expresaba asombrado, que nunca había visto algo semejante en el mundo.
Aquí se trataría de vivir como pisando un terreno minado y de andar con
máscaras antigas.
Lo más especial de las medidas de precaución que se
imponen es el monitoreo permanente para los servicios públicos
domiciliarios. Para lo cual se habría de comprometer a “Aguas de
Cartagena”. Consultados los técnicos de esta Empresa se asombraron de
esa determinación, por el peligro que presenta cualquier tipo de tubería
si toma contacto el flujo que conduce con la tierra; a menos que toda la
tubería sea aérea.
El manejo del problema ha sido llevado con mucho
hermetismo. La contaminación fue producto de plaguicidas, enterrados
hace años por la Federación Colombiana de Algodoneros y el terreno luego
fue adquirido como pago por el Banco de Colombia. De esos plaguicidas,
los organoclorados, tienen efectos nocivos para la circulación,
respiración y aún pueden ser cancerígenos.
Los resultados que se obtuvieron por los análisis
asumidos por el PNUMA determinan que las medidas tomadas no eliminan el
riesgo, sólo lo minimizan y todavía faltarían más pruebas. Hasta el
momento se han tomado unas 144 muestras por varias instituciones:
Cardique, ICA que lo envía al microbiológico de Barranquilla y al final
aparecen las tomas de 5 muestras efectuadas por PNUMA. Pero tampoco se
ha querido revelar que los tanques enterrados por la Federación
algodonera también podrían estar bajo la construcción de la Ciudadela
2.000, ya que fueron 44 Hectáreas las que se entregaron al Banco y en la
quinta etapa de construcción de dicha Ciudadela apareció la alarma de
los tóxicos. Este es la zona que va ha incluirse en las 24 Hectáreas que
negoció “La Colombiaton”.
Algunos habitantes de Ciudadela 2.000 nos comunicaron
que no pueden soportar los olores fuertes cuando llueve. No queremos
seguir exponiendo la vida y la salud integral de tantas familias que han
vivido luchando por tener un techo, ya sea porque se les ha inundado la
casa o se les ha destruido por derrumbes o por ser desplazados. Deseamos
que el Hábitat que se ofrezca en las soluciones de interés social sea
humano y seguro. En el caso de esta urbanización las pruebas de
laboratorio deben ser completarse y seguir incinerando las tierras
contaminadas, con el traslado al basurero de la Paz, en Turbana.-
efraldana@yahoo.com
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