IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS



PAZ AUTÉNTICA

P. Efraín Aldana S.J.


31 de marzo de 2008

 

En cierta ocasión se  realizó  un concurso para expresar por medio de la pintura lo que era la Paz.  Un artista dibujó miles de fusiles silenciados, otras armas de fuego fundidas y tanques destruidos. Otro describió pictóricamente el orden, el silencio de una ciudad sin sirenas, ni ruido de vehículos o fábricas. Un tercer pintor expresó un lago apacible, el cual era espejo de calmadas montañas y por encima un cielo sereno inmensamente azul. Hubo otro muy aplaudido que reflejaba unas montañas peladas y escarpadas. Por encima un furioso cielo del  cual caía una tormenta con truenos y relámpagos. Por un costado de la montaña caía una cascada cristalina y detrás de ella un pequeño arbusto, donde había construido su nido una paloma. Pero el cuadro ganador fue la representación de un resplandor luminoso de donde surgía un hombre que se levantaba de la muerte y abrazaba a un niño, a un joven a una mujer adulta, a un anciano y todos eran de razas distintas.

Ciertamente la paz no es el silencio de los fusiles o de las ciudades controladas por normas autoritarias. Tampoco es la contemplación individualista de una armonía externa. Si pensamos alcanzarla en una democracia perfecta, ésta nunca se realiza. Recordemos que está fundada en el esquema greco-romano que excluía a los esclavos y limitaba el papel de la mujer.  La revolución francesa, que defendía la libertad de los derechos políticos, desencadenó una guerra interminable por el poder de los más ilustrados. Mientras no existan la justicia, la equidad  y la solidaridad, no existirá participación democrática, ni mucho menos Paz

El problema de la Paz es un asunto de ética, efecto necesario de la justicia social. Es la armonía consigo mismo, con el entorno y con la vida y por lo tanto es una tarea económica, social, política y espiritual, por tanto es una búsqueda, un proceso.

No queremos ser idealistas ni tampoco materialistas. -Precisamente el episodio vivido en el Congreso de la República, el martes 25 de Marzo, nos revela lo que puede ser un camino hacia una auténtica Paz. Allí pudimos apreciar el ejercicio del derecho a disentir y de libertad de expresión. Aquello que comenzó como un juicio a la Senadora Piedad Córdoba, se convirtió en la defensa de su dignidad atropellada y en revelaciones de verdades  muchas veces oscurecidas por los grandes medios de comunicación. El país pudo conocer detalles monstruosos sobre esta guerra infernal que nos devora. Hubo denuncias sobre el imperio mafioso que está socavando la estructura nacional. Reconocieron el manejo parapolítico del Congreso, con 82 sindicados. Aparecieron los líderes que por combatir esta realidad colombiana han sido abatidos. Lara Bonilla, Galán, Álvaro Gómez, entre otros.

La voz de muchos parlamentarios demostró la crisis humanitaria que sufre el país y la crueldad de esta violencia macabra que está cobrando tantas víctimas. Estamos invadidos por una avalancha infame que sepulta a muchos hermanos nuestros, mientras otros tantos permanecen secuestrados en las montañas de Colombia. Como lo dijo un congresista. “Tras el abrazo que se dieron los presidentes Uribe y Chávez, muchos colombianos se fueron tristes a la cama porque  no se declaró la guerra.”

¿Por qué hay tantos que desean la guerra? ¿Qué pasa con el corazón de tantos colombianos? ¿Queremos una Paz a costa de sangre y destrucción? Sólo cuando venzamos los odios, los deseos de venganzas, y de  destrucción del opositor, podemos ir construyendo la auténtica Paz-. Ese resplandor que pintaba el artista, alrededor del hombre que venció a la muerte, podrá brillar sobre las tinieblas del terror, cuando todo podamos abrazarnos en justicia y solidaridad-

efraldana@yahoo.com

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