|
|
En cierta ocasión se realizó un concurso para expresar por medio de la
pintura lo que era la Paz. Un artista dibujó miles de fusiles
silenciados, otras armas de fuego fundidas y tanques destruidos. Otro
describió pictóricamente el orden, el silencio de una ciudad sin
sirenas, ni ruido de vehículos o fábricas. Un tercer pintor expresó un
lago apacible, el cual era espejo de calmadas montañas y por encima un
cielo sereno inmensamente azul. Hubo otro muy aplaudido que reflejaba
unas montañas peladas y escarpadas. Por encima un furioso cielo del
cual caía una tormenta con truenos y relámpagos. Por un costado de la
montaña caía una cascada cristalina y detrás de ella un pequeño arbusto,
donde había construido su nido una paloma. Pero el cuadro ganador fue la
representación de un resplandor luminoso de donde surgía un hombre que
se levantaba de la muerte y abrazaba a un niño, a un joven a una mujer
adulta, a un anciano y todos eran de razas distintas.
Ciertamente la paz no es el silencio de los fusiles o de las ciudades
controladas por normas autoritarias. Tampoco es la contemplación
individualista de una armonía externa. Si pensamos alcanzarla en una
democracia perfecta, ésta nunca se realiza. Recordemos que está fundada
en el esquema greco-romano que excluía a los esclavos y limitaba el
papel de la mujer. La revolución francesa, que defendía la libertad de
los derechos políticos, desencadenó una guerra interminable por el poder
de los más ilustrados. Mientras no existan la justicia, la equidad y la
solidaridad, no existirá participación democrática, ni mucho menos Paz
El problema de la Paz es un asunto de ética, efecto necesario de la
justicia social. Es la armonía consigo mismo, con el entorno y con la
vida y por lo tanto es una tarea económica, social, política y
espiritual, por tanto es una búsqueda, un proceso.
No queremos ser idealistas ni tampoco materialistas. -Precisamente el
episodio vivido en el Congreso de la República, el martes 25 de Marzo,
nos revela lo que puede ser un camino hacia una auténtica Paz. Allí
pudimos apreciar el ejercicio del derecho a disentir y de libertad de
expresión. Aquello que comenzó como un juicio a la Senadora Piedad
Córdoba, se convirtió en la defensa de su dignidad atropellada y en
revelaciones de verdades muchas veces oscurecidas por los grandes
medios de comunicación. El país pudo conocer detalles monstruosos sobre
esta guerra infernal que nos devora. Hubo denuncias sobre el imperio
mafioso que está socavando la estructura nacional. Reconocieron el
manejo parapolítico del Congreso, con 82 sindicados. Aparecieron los
líderes que por combatir esta realidad colombiana han sido abatidos.
Lara Bonilla, Galán, Álvaro Gómez, entre otros.
La voz de muchos parlamentarios demostró la crisis humanitaria que sufre
el país y la crueldad de esta violencia macabra que está cobrando tantas
víctimas. Estamos invadidos por una avalancha infame que sepulta a
muchos hermanos nuestros, mientras otros tantos permanecen secuestrados
en las montañas de Colombia. Como lo dijo un congresista. “Tras el
abrazo que se dieron los presidentes Uribe y Chávez, muchos colombianos
se fueron tristes a la cama porque no se declaró la guerra.”
¿Por qué hay tantos que desean la guerra? ¿Qué pasa con el corazón de
tantos colombianos? ¿Queremos una Paz a costa de sangre y destrucción?
Sólo cuando venzamos los odios, los deseos de venganzas, y de
destrucción del opositor, podemos ir construyendo la auténtica Paz-.
Ese resplandor que pintaba el artista, alrededor del hombre que venció a
la muerte, podrá brillar sobre las tinieblas del terror, cuando todo
podamos abrazarnos en justicia y solidaridad-
efraldana@yahoo.com
| |