IMAGINARIOS AFROCARIBEÑOS


 

SABER VIVIR

P. Efraín Aldana S.J.

23 de noviembre de 2005

 


Necesitamos aceptarnos. Esto equivale a no oponernos a la vida, a perdonarnos y perdonar o comprender a las personas que nos han herido. Para esto se requiere vivir en contacto con nuestro mundo interior que permanece sobre el tiempo. Así viviremos en la alegría y el gozo de un “ahora”, en el presente conciente que nos mantiene despiertos.

En lo anterior puede resumirse la esencia de la paz y de la felicidad: Vivir el hoy, despertarnos de nuestra ceguera existencial, estar agradecidos con la vida, mediante la aceptación del ser que somos interiormente y a la vez tomar contacto con nuestro cuerpo físico, para palpar en él la grandeza de la vida. De esta manera los miedos, los sentimientos de culpa, los resentimientos, los celos, las angustias, las inseguridades, ansiedades y deseos de venganza o de odio se disipan. Esto no elimina la asimilación del dolor físico, de la soledad y de la misma muerte física.

En este proceso de superación personal y de armonización, de sanación interior y consecución del gozo de la vida, es importante liberarnos del poder de la mente, y a la vez mirar a nuestro ser y al universo como un regalo hermoso y desafiante, para amarlo y seguirlo transformando con la alegría del que se siente humildemente cocreador, Es el estilo de aquel que se deja llevar de nuevo al “paraiso”, del que fue expulsado por no querer despertar y dejarse seducir por aquello que causa un gozo fugaz y engañoso.

Debemos considerar a la mente sólo como un instrumento; utilizarla tanto cuanto ayude a la aceptación y comprensión de lo que es importante y clave para cada momento de la vida. A la vez debemos sentirnos incorporados a un todo que todo lo envuelve, que todo lo traspasa, que nos hace fluir, entregar las ansias de dominio personal, sin dejar de ser lo que somos. Muchas veces nos mantenemos como bloques de hielo, al estilo del iceberg, con los filos agresivos, como defendiéndonos de los otros. Y solo se nos pide volvernos agua, para ser asumidos en aquello sobre lo que flotábamos

Ese ejemplo de disolvernos en el agua nos hará entender mejor la nueva visión de nuestra dimensión humana, que nos asimila en lo divino. Es aceptar una muerte que nos resucita. Es dejar expandir esa energía vital o espiritual, para perdernos en el “todo”. De esta manera el saber vivir equivale al “saber morir”. Decía Locano, filósofo romano “que los dioses nos habían ocultado la felicidad de la muerte, para que pudiéramos soportar la vida”.

Cuando nos dejamos llevar por esta opción de vida, gozamos con la alegría de los demás, con la belleza de la naturaleza, con la belleza de la música y la danza, con la belleza del cuerpo y su mediación armónica y gozosa. Nos volvemos de esa manera globalizadores de la solidaridad, del encanto y la riqueza de la energía que portamos. Aprendemos a gustar de la cultura autóctona y de la cultura universal. Aprendemos a percibir más el fulgor de los colores y la grandeza de la amistad.

Saber vivir es estar despiertos, presentes en el “hoy”, abiertos a la trascendencia y gozosos de nuestro ser. Es el aprendizaje constante de sabernos portadores de luz, a pesar de nuestras sombras; de sentirnos vivos, resucitados a pesar de nuestras muertes; de sentirnos sanados de nuestras heridas; llenos de alegría aunque existan motivos de tristeza y portadores de una grandeza, en medio de nuestro barro. Es saber cantar en la mañana y en la noche con los instrumentos del alma.-

efraldana@yahoo.com

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